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ENFOQUE DE ORIENTE · Jun 2, 2026

Estimadas señoras

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ENFOQUE DE ORIENTE · ENFOQUE DE ORIENTE

Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica, Colombia

Hace 72 años un grupo de mujeres, en una Asamblea Constituyente, fueron testigas de la materialización de una conquista colectiva que el pasado domingo 31 de mayo nos permitió a las mujeres de Colombia ejercer el derecho al voto.

Fue el 25 de agosto de 1954 cuando las mujeres fuimos reconocidas como ciudadanas en Colombia, para 1957, más de 1.800.000 mujeres acudieron a las urnas para ejercer su derecho al voto, superando en varias regiones la votación masculina. La conquista del derecho implicó la lucha de una colectividad de mujeres sufragistas, liderada por Esmeralda Arboleda y Josefina Valencia, entre otras, que en lectura del reconocimiento de derechos de la mujer en el mundo, instaron a la dirigencia colombiana.

Aún con los problemas estructurales y sistemáticos, los movimientos de mujeres sufragistas en el mundo otorgaron a las naciones una aproximación no sólo a la justicia, también a la democracia, a la participación, al reconocimiento de la diversidad, de la construcción de nuevos mundos posibles fundamentados en la diferencia y la determinación.

Lo que hoy nos parece un derecho propio, genuino, hace unas décadas era un privilegio masculino, abstraído de la realidad de las mujeres, quienes éramos señaladas de histéricas, sin raciocinio, equiparadas con animales; sin voz, como propiedad del marido y cuya única misión era la familia, una institución instalada en el mundo privado del hogar, lejana a la posibilidad de participar en la vida pública, y mucho menos en la política.

No es una exageración, lo han contado los libros, incluso aparece en la biografía de nuestras abuelas y si se quiere ver en cine, basta con reproducir la película: ‘Estimados Señores’. Las mujeres hemos aparecido en la historia oficial del mundo como un fantasma; hay quienes han optado por reconocer los logros y la suma de derechos conquistados con una relatividad que deja ver a la sombra su incomodidad de saber que el espíritu rebelde, libre y determinado de las mujeres nos permite hoy gozar de derechos como: el voto, la jornada laboral, condiciones dignas para el trabajo, liberación de personas esclavizadas, acceso a la educación…

Es ese espíritu de libertad y justicia, al que tantos y tantas hoy juzgan y temen, el que paradójicamente les ha permitido asistir a las urnas y tomar decisión. Un voto no es simplemente un papel que se marca y se deposita en una caja; ejercer el derecho, es un recordatorio del reconocimiento como ciudadanas de un territorio; una demostración de confianza colectiva que supone una responsabilidad en la decisión y que corresponde a la idea del beneficio colectivo.

Cuando las sufragistas apelaron a la constituyente, insistieron en el reconocimiento de derechos para todas las mujeres (sin distinción alguna de poder adquisitivo, formación educativa, territorialidad, religión, etnicidad, oficio…) no sólo lograron la conquista de nuestro derecho; también nos otorgaron el deber de encontrar en el corazón la razón; y esta afirmación esta lejos de ser una sugerencia del voto pasional, al contrario, es una invitación para que la ternura, el cuidado, se mezcle con la rebeldía, con la solidaridad de pensar más allá del privilegio, con la convicción de estar haciendo lo correcto, con el criterio propio de lo que merecemos, necesitamos y requerimos como país, y de manera muy particular, como mujeres.

Pasados los años, pienso.

Argumentaban negarnos el derecho por histéricas, y ahora veo a un hombre candidato a la presidencia que se sale de sus casillas bien sea celebrando o respondiendo una pregunta en una entrevista; argumentaban que no teníamos raciocinio, y veo a un hombre candidato a la presidencia que dice que destriparía a quien no piensa como él. Intentaron negarnos el derecho diciendo que sin saber leer ni escribir, mucho menos sabríamos votar, ahora hay un hombre candidato presidencial que aún sabiendo leer, escribir y teniendo un título de abogado ha dedicado años de su vida a defender la mafia. Es el mismo que se jacta de haber tenido 7 mujeres al mismo tiempo, o que en una entrevista, sin vergüenza, dice que con una foto se ganó ‘unos votos bien bacanos del electorado femenino’, sugiriendo que la decisión del voto femenino está condicionada por el tamaño de sus genitales… Hace más de 70 años, hombres dirigentes dudaban en aprobar la decisión del voto a la mujer porque insistían en que su lugar era exclusivamente el hogar, la familia, y olvidaron que las mujeres que lideran un hogar, sabrán liderar también sus ideas, sus decisiones, incluso un país.

Le escribo entonces hoy a las mujeres, a las que han ejercido su derecho al voto, también a las que no, a quienes decidieron en primera vuelta, y piensan en la segunda; a las jóvenes que ejercen su derecho por primera vez en esta contienda.

El momento al que hoy asistimos en Colombia, teniendo a Abelardo de la Espriella como un candidato posible a la presidencia, debe llevarnos a pensar cuidadosamente en la responsabilidad que tenemos nosotras al momento de elegir. Les invito a habitar la congruencia con la vida, con las libertades, con las oportunidades, con la garantía de los derechos.

Yo no quiero de presidente a un hombre que públicamente deja ver, sin disimulo, su personalidad violenta, su transtorno de superioridad, su sesgo a la diferencia, su discurso constructor de enemigos, sus expresiones machistas sobre los cuerpos, sus comentarios clasistas y despectivos con quien no tiene su misma vida, que a propósito está sostenida con dineros de dudosa y traumática procedencia.

Yo quiero sentir que las libertades y derechos adquiridos a este tiempo pueden sostenerse y que seguir luchando para garantizarlos no constituye una amenaza, un miedo o un retroceso.

Les invito a que sigamos caminando juntas por la conquista de nuestros derechos y la de las inmensas mayorías que la historia oficial insiste en acallar.

Así las cosas, entre las tantas realidades y expresiones similares separadas por décadas, hay una hoy que resuena con más fuerza, y es mi mensaje e invitación:

Mujer, salve usted la patria.

Read the original on enfoquedeoriente.substack.com

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