Hay ideas que se nos meten tan profundo que dejamos de cuestionarlas. Una de ellas es esta creencia tan común de que, para empezar algo importante, primero tenemos que hacerlo perfecto. Como si la vida funcionara con un botón de “cuando esté listo”.
Hoy quiero platicarte de algo que estamos viviendo cada vez más en las relaciones de pareja, pero que pocas veces nos detenemos a mirar con profundidad. Vivimos en un mundo que va rápido, que empuja, que exige resultados inmediatos, y eso se ha metido también en la forma en la que amamos.
Bienvenidos a un nuevo episodio de enTERAPIA. Hoy quiero hablarte de algo que todos sabemos, pero que rara vez aceptamos: la vida no se detiene, aunque tú te hayas detenido por dentro. Es fuerte decirlo, pero es la verdad. La vida no pone pausa mientras sanas, mientras lloras, mientras intentas entender qué pasó, mientras buscas volver a reunir tus pedazos. La vida, simplemente, sigue. Y este…
¿Alguna vez has sentido que el día se acaba y, aun así, sientes que no hiciste nada? Te levantas temprano, trabajas, contestas mensajes, vas de un pendiente a otro… y al final de la jornada, te acuestas con la sensación de que *faltó algo*. No sabes exactamente qué, pero algo no está completo.
¿Alguna vez te ha pasado que sientes que estás a punto de dar tu máximo, pero justo en el momento importante te bloqueas? ¿O esos días en los que todo fluye, el tiempo desaparece y logras en una hora lo que normalmente te tomaría tres? De eso se trata el episodio de hoy: **Rendimiento, excelencia y mentalidad de élite**.
Hoy quiero hablar contigo de algo que seguramente has sentido alguna vez en tu vida. Una frase que parece prudente, que suena lógica, pero que puede convertirse en la razón por la que sigues atrapado en un lugar donde ya no quieres estar: **“Solo me iré si sé que me va a ir bien.”**
Hoy quiero llevarte de la mano por un camino que todos, en algún momento, hemos recorrido en silencio: el anhelo de ser perfectos… y el agotamiento de intentarlo.
¿Te has fijado cómo hay cosas que dejamos pasar una y otra vez… hasta que se vuelven parte del paisaje? Esa puerta que rechina cada vez que la abres, pero nunca la engrasas. Ese foco fundido en el pasillo que ya ni notas. El zapato roto que sigues usando porque “todavía aguanta”.