Los gringos comen muy mal. Bueno, voy a hacer la oración más exacta y menos incorrecta políticamente. La mayoría de los estadounidenses tienen una mala dieta.
Un reporte de la escuela de salud pública de Johns Hopkins destacó que los estadounidenses ya comen suficiente proteínas. El problema es que gran parte de esa proteína viene de la carne y no está acompañada por otros nutrientes y por fibra.
Dos terceras partes de la proteína que comen viene de la carne. Y en cambio, no están comiendo muchas otras cosas indispensables para tener una buena nutrición y por tanto una buena salud. Entre 90 y 95 por ciento de nuestros vecinos del norte no están comiendo la suficiente fibra, que ayuda a mejorar la digestión, controlar la cantidad de azúcar en la sangre y mejorar la salud del corazón.
Antes de que te sientas superior y empieces con eso de que somos más cultos que ellos, espérate. La Organización Mundial de la Salud recomienda que comamos 25 gramos de fibra al día y según la secretaría de Salud de México, los adultos mexicanos andamos apenas en 16 o 18 gramos.
Una cifra idéntica que la de nuestros primos los yanquis.
No solo nos falta fibra. Nos falta consumir las frutas y las verduras que contienen esa fibra y que proporcionan vitaminas y minerales. Pero ahí vamos, nosotros al taco de barbacoa y ellos a la Quarter pounder.
Pensando en que hay costumbres muy difíciles de cambiar, el año pasado compré acciones de una de esas cadenas de hamburguesas, muy famosas, de los arcos dorados y cuyo nombre empieza con Mac y termina como ya sabes. Cuando compré los títulos, la cadena de restaurantes estaba pasando por una crisis porque algunas personas se enfermaron después de comer ahí.
En mi frío egoísmo capitalista creí ver ahí una oportunidad, porque las acciones habían caído de valor. Ahí voy a invertir cinco mil pesos en una acción, con la esperanza de que subiera de valor.
Y nada, que el valor de esas acciones no ha parado de caer.
Los restaurantes de comida rápida están sufriendo en Estados Unidos porque parece, podría, a la mejor, tal vez, en una de esas, los estadounidenses, a quien con cariño llamaremos gringos, porque qué largo es su gentilicio y americanos no los describe solo a ellos, en fin, que en una de esas, los gringos están aprendiendo a comer.
Resulta que ya van unos tres años que han empezado a usar unas drogas para controlar el apetito, los famosos agonistas del GLP - 1. Como dijo el gringo, what? O sea el Ozempic, Wegoby y Mounjaro entre muchos otros. Originalmente eran para tratar la diabetes tipo 2, pero se descubrió que ayudan a controlar el apetito, a mandar al cerebro la señal de saciedad y a hacer que la comida se quede más tiempo en el estómago.
Todo eso se traduce en que en Estados Unidos la gente está visitando menos los restaurantes de comida rápida y, cuando los visita, en lugar de pedir tres quarter pounders, con papas fritas, helado y refresco con refill, están pidiendo una hamburguesa sin queso y un vaso de agua.
Los inversionistas de Wall Street le están pidiendo explicaciones a las cadenas de restaurantes. Que qué van a hacer para enfrentar esa nueva manera de comer, al parecer más saludable.
En mayo de 2026, JP Morgan estimaba que el número de usuarios de las drogas agonistas de GLP-1 llegaría a 30 millones en 2030, desde los 10 millones actuales. ((((
Y esas personas reportan consumir 75 por ciento menos pizza y 70 por ciento menos hamburguesas.
En un año, el valor de las acciones de McDonald’s ha bajado 13.73 por ciento (Entre agosto de 2025 y agosto de 2026). Las de Domino’s Pizza, 24.2 por ciento. Aunque las del dueño de Burger King están avanzando.
Pero… No vayamos tan rápido. Hay muchas otras cosas que están sucediendo aparte de que un 3 por ciento de la población de Estados Unidos esté tomando ciertas drogas para adelgazar. La inflación está afectando a las personas de menores ingresos, que reducen sus idas a los restaurantes y eso le pega al valor de las acciones.
Todavía en Estados Unidos, como en México, hay un grave problema de nutrición y de falta de los alimentos adecuados. Hay cuadras y cuadras en Los Ángeles o en Guadalajara, donde es difícil encontrar verduras y frutas frescas y es más fácil entrarle a una sopa llena de sal que a unas calabacitas.
Como ya lo había pensado antes, no cabe duda que es verdad que la costumbre es más fuerte que mis ganas de que todos coman sano y siembren florecitas. Si los gringos y nosotros empezáramos a comer más sano, tendríamos más comida para todos, porque no se irían tantos recursos a producir carne y sopas llenas de sal. Pero ni yo, que soy tan optimista, creo que eso vaya a pasar pronto.
No me importaría que mis acciones de las cadenas de hamburguesas siguieran bajando de valor, si de verdad se diera ese cambio en la manera de comer. No te preocupes por mí, al fin que también compré unos títulos de Moderna, que subieron un montón gracias a que esa farmacéutica lanzó un nuevo medicamento. Ay, el egoísmo capitalista…

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