César Viera habla de fotografía antes incluso de que empiece la entrevista. Nada más entrar en su estudio, enseña el espacio, cuenta cómo ha ido dándole forma y se detiene en algunos de sus trabajos, recordando sesiones, rostros e historias. Después tomamos asiento en un sofá y la conversación arranca casi sin rigidez, como una charla más que como una entrevista al uso. Entre retratos, luces y anécdotas, no hay distancia ni pose. Hay ganas de contar, de explicar y, sobre todo, de compartir un premio que todavía no termina de creerse.
El fotógrafo castellonense acaba de conseguir la medalla de plata en la categoría de Retrato Natural en la World Photographic Cup 2026, celebrada en Reikiavik, uno de los certámenes internacionales más importantes de la fotografía profesional. La final reunió a participantes de más de 50 países y situó su obra entre las más destacadas del panorama internacional. Su reconocimiento llega, además, dentro del gran resultado del equipo español, que se proclamó subcampeón del mundo.
Pero Viera no habla del premio como quien presume de un logro. Lo cuenta casi con sorpresa, desde la humildad y con esa cercanía que marcó toda la conversación. Cada vez que la charla vuelve a la medalla, él acaba nombrando al equipo, al seleccionador o a la persona retratada. Como si el reconocimiento fuera suyo, pero nunca solo suyo. “Todavía no lo asimilo”, repite varias veces durante un encuentro agradable, cercano y lleno de detalles sobre su manera de entender la fotografía.
¿Qué supone para ti haber conseguido la medalla de plata en la World Photographic Cup?
Si te soy sincero, todavía no lo asimilo. Ha sido mi primer año con la selección española y el día del evento fue muy bonito, pero también con muchos nervios. Allí funciona como un top 10; van diciendo el noveno, el octavo, el séptimo… y cuando llegó el cuarto y no era yo, pensé: “Ostras, estoy en el podio”. Después dijeron el tercero, tampoco fui yo, y cuando anunciaron el segundo me quedé alucinado.
A día de hoy todavía no soy consciente del logro, ni a nivel individual ni como selección española.
Para quien no conozca este certamen, ¿cómo funciona la World Photographic Cup?
Es como un Mundial de fútbol o unas Olimpiadas, pero en fotografía. Hay un seleccionador nacional, José Hidalgo, que escoge las imágenes que considera más potentes o que cumplen mejor los requisitos técnicos y creativos.
La selección española está coordinada por la Federación Española de Profesionales de la Fotografía y la Imagen (FEPFI). Hay distintas categorías y en cada una se seleccionan varias fotografías. Después, la organización decide cuáles pasan al top 10. En mi caso era la categoría de Retrato Natural. Los premios individuales son por fotografía, pero todo suma puntos para el resultado colectivo.
España ha quedado subcampeona del mundo y eso también me hace muchísima ilusión. Mi medalla es algo muy bonito, claro, pero formar parte de ese equipo y haber puesto mi granito de arena me hace sentir muy orgulloso. Al final no gana solo una persona, está el seleccionador, están los compañeros que han conseguido medallas y también los que no, porque todos han sumado.
Si tuviera que elegir, creo que preferiría que viniera la Copa del Mundo a España. Mi medalla me hace muchísima ilusión, pero traer la Copa como equipo sería increíble.
La historia de Jimmy Hop
La fotografía premiada se llama Jimmy Hop. Su protagonista es una persona sin hogar, aunque César prefiere hablar de él por lo que descubrió al conocerlo: un hombre culto, escritor y editor de cuentos infantiles y microcuentos, con una historia que iba mucho más allá del retrato.
Sus textos como escritor pueden leerse de forma gratuita en jimmsfairytales.com, mientras que los libros editados a través de la-granota.com/list.htm sí están disponibles para su compra. Según explica Viera, algunos de estos últimos destinan un 25% de sus beneficios a causas benéficas, mientras que otros donan el 100%, especialmente a organizaciones como Amnistía Internacional y colectivos que trabajan con personas refugiadas. Todos los libros están escritos en inglés y dos de ellos cuentan, además, con edición trilingüe. Estos son algunos detalles que ayudan a entender por qué el fotógrafo insiste en mirar más allá de la imagen.
¿Qué historia hay detrás de esa imagen?
A Jimmy lo conocí en Castellón, durante el Festival MUT! de Castellón. Lo vi y me llamó muchísimo la atención. Tiene la piel muy clara, la barba muy blanca y unos ojos también muy claros. Me acerqué a hablar con él y le dije que me encantaría retratarlo.
Al principio pensó que quería hacerle una foto con el móvil, pero le expliqué que era fotógrafo profesional y que me gustaría invitarle a mi estudio. No estaba muy convencido, pero unos días después me llamó y me dijo que sí.
Recuerdo perfectamente el día de la sesión. Llovía. Fui a recogerlo, lo llevé antes a la biblioteca y después vinimos al estudio para hacer la fotografía. Él es una persona muy culta, escribe cuentos para niños en varios idiomas y me parecía importante contarlo, porque ayuda a entender que detrás de esa imagen había mucho más.
Cuando terminamos me preguntó: “¿Y tú qué ganas con todo esto?”. Y yo le dije que ganaba pasar un rato con él, conocer un poco su historia y tener un retrato muy potente para mi portfolio. Y mira, al final esa fotografía ha sido subcampeona del mundo.
¿Él sabe que su retrato ha conseguido este reconocimiento?
Sí, sí, lo sabe. Desde entonces he mantenido el contacto con él. Alguna vez hemos quedado, he ido a verlo… Me gusta que sepa lo que ha pasado con su imagen, porque también forma parte de esta historia.
Has retratado a personas de perfiles muy distintos. ¿Qué buscas cuando tienes a alguien delante?
Yo soy retratista. He fotografiado a Melendi, a Ripollés, a músicos, futbolistas, actores… y también a personas con historias muy diferentes, como Jimmy Hop. Pero para mí todos son iguales. Al final yo quiero retratar la esencia de cada persona.
Me quedo con eso, no con quién es ni con lo que tiene. Gracias a la fotografía he conocido a gente increíble, pero lo que me interesa de verdad es quién tengo delante. Y creo que eso se refleja en mis fotografías porque lo siento así.
¿Qué querías transmitir con la imagen premiada?
Conectar. Cada vez me doy más cuenta de que mi fotografía va de eso. Tiene una parte técnica, por supuesto, porque tienes que saber manejar una cámara y entender la luz, pero para mí lo más importante es la persona que tengo delante.
Tengo un lema: menos es más. Si analizas mis fotografías, normalmente queda la persona, la mirada y muy pocas distracciones. Me gusta la simetría, me gusta mirar de frente, me gusta esa belleza que hay en lo sencillo.
“Busco la realidad de las personas”
La categoría de Retrato Natural pone el foco en la autenticidad. ¿Cómo se consigue captar la esencia de una persona sin artificios?
Teniendo conexión con la persona. A mí me resulta más fácil hacer clic con la persona que con la cámara. Cuando haces que alguien se sienta cómodo, cuando se siente bien, te lo pone en bandeja. Yo estoy ahí para captarlo, pero en realidad también me lo está ofreciendo la persona.
En tus retratos hay una estética muy marcada. ¿Cuánto hay de la persona retratada y cuánto hay de ti?
Es un híbrido. Mi fotografía tiene mucho de mí, de mis gustos, de mi manera de editar y de mirar. Pero la base siempre es la persona.
Vivimos en una sociedad donde parece que todo tiene que ser bonito y perfecto. Yo busco más la realidad, la esencia. Mis fotos las edito, claro, pero con ajustes básicos. No modifico a la persona. Si hay canas, poros o marcas, están ahí, me interesa lo real.
Hay un dicho que dice que la mirada es el reflejo del alma. Yo busco un poco eso, captar la esencia de las personas, pero desde mi propia mirada.
¿Qué crees que ha hecho que tu imagen destaque frente a otras de nivel internacional?
No lo sé, de verdad. Solo puedo decirte que pongo mucho cariño, mucha pasión y mucho amor en lo que hago. Y creo que eso se nota.
No puedo decir que mi foto sea mejor que otras, porque tampoco lo sé. Para mí mi foto no es solo una foto, es todo lo que he vivido y sentido con esa persona. A veces otros fotógrafos me dicen que lo que capto es muy difícil, pero yo no sé ni cómo lo hago. Intento que ocurra haciendo sentir bien a quien tengo delante.
Le pongo mucho cariño a todo el proceso: a la sesión, a la conversación, a la edición… desde el principio hasta el final. Y creo que al final el resultado habla por sí solo, pero no lo busco. Yo hago lo que me apasiona y creo que el reconocimiento llega como consecuencia de hacer las cosas con cariño y constancia.
¿Qué significa este reconocimiento dentro de tu trayectoria? ¿Marca un antes y un después?
A nivel profesional, un reconocimiento mundial es como llegar al máximo. Lo comparo un poco con el fútbol: puedes ganar una Liga, una Copa del Rey, una Champions… y luego está el Mundial.
Entiendo que esto me dará reconocimiento y que quizá más gente verá mi trabajo o habrá asociaciones que quieran contar conmigo para formaciones, pero yo soy el mismo. Trabajo igual y quiero seguir igual.
Tengo dos niños pequeños y valoro mucho mi calidad de vida. Trabajo con cita previa porque quiero tener tiempo para mí y para mi familia. No quiero que esto cambie mi vida. Estoy muy orgulloso del reconocimiento, claro, pero no quiero dejar de ser quien soy.
¿Cómo fue tu camino hasta llegar a la fotografía profesional?
Cuando me casé, mi mujer me regaló una cámara de fotos. Ahí empezó todo.
Y creo que es importante decirlo, porque todo esto no lo he logrado solo. Ella fue quien me regaló esa primera cámara, quien me apuntó y me regaló también mis primeros cursos, y siempre me ha apoyado en todo. Sinceramente, creo que sin ella no habría llegado donde estoy a día de hoy.
He sido autodidacta, aunque después me he ido formando en cosas que me interesaban. Al principio cogía lo que me gustaba y lo aplicaba a mi fotografía. Creo que eso también ha sido un punto a favor, porque al no tener unas reglas tan marcadas por una formación, todo lo que hacía salía de mi gusto: los encuadres, la iluminación, la forma de mirar.
Encontré mi vocación con más de 30 años. Y creo que nunca es tarde. Si a alguien le gusta tocar la guitarra con 60 años, que la toque. Si tienes una pasión, ¿por qué no hacerlo?
¿Cuándo sentiste que podía convertirse en tu profesión?
Llevo unos dos o tres años como autónomo, pero llevaba muchos años haciendo fotos. Siempre tuve los pies en la tierra. Tenía mi trabajo, mi sueldo, y eso me permitió hacer fotografía sin la presión de facturar.
Empecé fotografiando a mi hermana, a familiares, a gente cercana. Y después empezaron a llamarme personas que yo ni conocía porque habían visto esas fotos. Ahí pensé que quizá podía vivir de esto.
¿Qué peso ha tenido la constancia para llegar hasta aquí?
La constancia tiene peso en todo. Yo no llevo toda la vida haciendo fotografía, empecé tarde, con unos 30 o 32 años, pero desde entonces he sido constante.
La constancia es el único camino al progreso. Es como ir al gimnasio: no puedes apuntarte dos meses antes del verano y esperar estar en forma. Tienes que ir año tras año.
Cuando empecé a hacer este tipo de fotografía no lo hice para que gustara al mundo. Lo hice porque me gustaba a mí. Y eso también ha sido importante, el ser fiel a lo que te gusta. Vivimos en modas, pero creo que hay que ser fiel a uno mismo.
¿Ha habido algún momento que marcara un antes y un después en tu carrera?
Sí, saber centrarme. Muchas veces nos ponemos límites nosotros mismos. Nos centramos en lo que no tenemos y pocas veces en lo que sí tenemos.
Yo empecé haciendo fotos con linternas, leds y lámparas de mi casa. No tenía flashes ni grandes equipos, pero tenía ilusión por investigar. Creo que eso sirve para todo, no solo para la fotografía.
“La fotografía se ha convertido en mi vida”
¿Qué es para ti la fotografía?
Se ha convertido en un estilo de vida. Empezó como un hobby y ahora mismo es mi vida.
Voy por la calle y me fijo en todo: en la luz, en cómo entra un rayo por la tarde, en una persona sentada en una cafetería a la que le cae la luz de una forma determinada. Ya veo la foto. Se ha convertido en una obsesión, pero en el buen sentido.
¿Qué sientes cuando estás detrás de la cámara?
Me siento muy afortunado. Hago lo que me gusta. Cuando empecé lo hacía gratis, porque me apasionaba, y ahora poder vivir de esto es algo que valoro muchísimo.
Siempre digo que si me tocara la lotería y tuviera la vida económicamente solucionada, seguiría haciendo este tipo de fotografía. Quizá no haría trabajos para marcas o encargos, pero seguiría con mis proyectos personales. La fotografía seguiría presente en mi vida.
Vivir de la fotografía y enseñar lo aprendido
En su web, Viera avanza que este año prepara nuevos formatos formativos, desde formación online y sesiones one to one hasta workshops presenciales o experiencias más reducidas, con una idea clara: hacer menos propuestas, pero más cuidadas y cercanas.
¿Es difícil vivir de la fotografía hoy en día?
Creo que es difícil vivir de cualquier cosa, especialmente siendo autónomo. Yo llevo unos 13 años haciendo fotos y solo dos o tres como autónomo. Me dediqué profesionalmente cuando pude.
Hay meses buenos y meses malos, como en cualquier profesión. ¿Es imposible? No, porque yo lo he conseguido, pero hay que tener los pies en la tierra.
Si tienes una meta, tienes que intentarlo, pero con cabeza. Hay que ser constante y no rendirse a la primera.
También impartes formación. ¿Cómo surge esa faceta?
Al principio nunca quise dar clases. No me veía capacitado para enseñar nada a nadie. Pero con el tiempo la gente empezó a pedirme que explicara cómo hacía mis fotos.
Es muy gratificante enseñar a otros lo que sabes hacer. Si tú sabes coser, tocar la guitarra o hacer fotografía, hay personas que quieren aprenderlo. En mi caso, entiendo que se me da bien el retrato, y poder compartirlo es algo muy bonito.
Después de este premio, ¿crees que hay suficiente apoyo o visibilidad para la fotografía y para el talento local?
Entre fotógrafos sí hay apoyo. Pero institucionalmente o a nivel de visibilidad general, creo que no tanto. Hemos sido subcampeones del mundo y no hemos tenido una repercusión acorde a lo que significa.
Si hubiéramos sido futbolistas, seguramente estaríamos en muchos más medios. No se trata de estar en todos lados, pero sí de que haya cierto reconocimiento. La fotografía no siempre está tan valorada.
Si tuvieras que definir tu fotografía en una frase, ¿cuál sería?
En una palabra diría realidad. O autenticidad.
Hay una frase que se dice mucho en fotografía, que es “retratar el alma”. Es una frase hecha, claro, porque retratar el alma es muy difícil. Pero sí intento retratar la esencia de cada persona.
Si tuviera que quedarme con una frase mía, sería: mi fotografía no busca mostrar cómo somos, sino revelar quiénes somos.






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