Es verdad, la Copa del Mundo podría disputarse sin Europa.
Todavía tendría a Argentina, Brasil, Marruecos, México, Colombia, Japón y varias de las principales figuras del futbol mundial. Pero no sería el mismo torneo, ni tampoco valdría lo mismo.
UEFA apenas reúne 55 de los 211 votos dentro de la FIFA, poco más de una cuarta parte, pero detengámonos a dimensionar un poco de la relevancia de sus selecciones en las Copas del Mundo:
Han ganado 13 de los 23 Mundiales disputados.
Ocupan 11 de los primeros 20 lugares del ranking FIFA.
Acapararon 23 de los 32 puestos disponibles en semifinales desde 1998.
Recientemente aportaron tres de los cuatro semifinalistas en 2026.
Su peso tampoco termina en las selecciones europeas.
De los 1,248 futbolistas convocados al último Mundial, 853 pertenecían a clubes de UEFA.
Entre ellos había 448 jugadores que representaban a países de Sudamérica, África, Asia, Concacaf y Oceanía.
25 de los 30 futbolistas con mayor valor en el mercado son europeos.
Europa no sólo aporta participantes, sus clubes también emplean, desarrollan y exponen comercialmente a más de dos terceras partes de los futbolistas que sostienen el espectáculo mundialista.
La influencia también aparece a nivel negocio.
Pese a que Europa generó alrededor de 19% de las horas de consumo televisivo de Qatar 2022, aportó cerca de 32% de los ingresos territoriales por derechos audiovisuales de la FIFA. Es cierto, no es la región que más ve el Mundial, pero sí una de las que mejor lo paga.
Y justo todo ese valor ha quedado en medio de una disputa por producir todavía más dinero.
La FIFA quiere crear una empresa que concentre los derechos audiovisuales, patrocinios, boletaje, licencias y hospitality de sus competiciones. La valuación inicial es de 20,000 millones de dólares y el organismo pretende levantar hasta 4,200 millones mediante la entrada de inversionistas privados.
UEFA respondió que sus 55 federaciones no participarán en competiciones de la FIFA mientras el proyecto continúe.
Concacaf también rechazó la operación junto con sus 41 asociaciones. No anunció un boicot, pero cuestionó por qué la FIFA necesita vender parte de su negocio después de organizar el Mundial más rentable de la historia y acumular reservas multimillonarias.
Entre ambas confederaciones representan 96 de los 211 votos del Congreso. Todavía no son mayoría pero ahí está Europa y los tres países que organizaron la Copa del Mundo de 2026.
Entonces:
¿Puede existir un Mundial sin UEFA? Sí
¿Argentina y Brasil evitarían que perdiera todo su atractivo? También
¿Podría conservar el mismo nivel deportivo, las mismas audiencias y el mismo valor comercial? Difícilmente
En esta newsletter dimensionamos cuánto del producto mundialista depende realmente de Europa, qué podría conservar la FIFA sin ella y qué partes del negocio comenzarían a devaluarse.
Europa tiene 16 de los 48 lugares disponibles en la Copa del Mundo y si sus federaciones cumplieran la advertencia, la FIFA podría reducir el torneo o repartir esos espacios entre las demás confederaciones.
La segunda opción le permitiría conservar los 104 partidos, la misma cantidad de boletos y al menos tener sobre la mesa el mismo inventario para televisoras y patrocinadores. Pero reemplazar selecciones no significa reemplazar su valor.
Asignar 16 lugares adicionales obligaría a extender la clasificación hacia selecciones que actualmente quedan fuera del Mundial. No se sustituiría a Europa con equipos de un nivel equivalente, sino ampliando la representación de confederaciones que ya cuentan con sus mejores selecciones dentro del torneo.
La diferencia también se observa en los pagos realizados por la propia FIFA.
Después de Qatar 2022, el organismo distribuyó 209 millones de dólares entre 440 clubes por la cesión de futbolistas
De ese dinero, 158.9 millones (76.2%) terminaron en 275 equipos pertenecientes a UEFA
Solamente los clubes de Inglaterra, España, Alemania, Italia y Francia recibieron 118.2 millones de dólares, que es más de la mitad de todo el programa
Si la FIFA puede repartir 209 millones de dólares entre los clubes, es porque el Mundial genera mucho más, gracias a los jugadores que recibe de ellos. La compensación no mide todo lo que aporta Europa, pero sí deja claro que una parte importante del negocio depende de sus clubes.
Esto no significa que FIFA perdería automáticamente esa cantidad ni que los jugadores no europeos contratados por esos equipos dejarían de participar. La cifra permite identificar dónde se encuentra la infraestructura que sostiene a buena parte de los protagonistas del Mundial.
En la temporada 24/25, las competiciones masculinas de clubes de UEFA generaron alrededor de 4,400 millones de euros y distribuyeron 3,400 millones entre sus participantes y el resto del futbol europeo.
El futbol europeo produjo ingresos por 40,200 millones de euros y las cinco grandes ligas concentraron 21,600 millones
Durante 2025, sus clubes también representaron 82% del gasto y 85.9% de los ingresos por transferencias internacionales
Lo que tratamos de hacer es dimensionar el tamaño de la industria que paga los salarios, financia las academias, concentra las transferencias y construye durante todo el año el valor deportivo y comercial de los futbolistas.
Por eso, repartir las plazas no resolvería el problema comercial, porque al final sí, FIFA podría conservar 104 partidos, pero lo que probablemente no podría asegurar es que las televisoras, los patrocinadores y los aficionados estuvieran dispuestos a pagar lo mismo por ellos.
FIFA Media@fifamedia
FIFA intends to expand football development funding to over USD 10 billion subject to approval by FIFA Member Associations Read more here: inside.fifa.com/organisation/m… #FootballUnitesTheWorld
3:07 PM · Jul 28, 2026 · 951K Vistas
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Los 4,200 millones de dólares que la FIFA quiere levantar no llegarían como un préstamo ni como el pago de un patrocinador.
Los inversionistas entregarían ese dinero a cambio de una participación en FIFA Forward Enterprise, la empresa que concentraría la explotación de derechos audiovisuales, patrocinios, boletaje, licencias y la operación comercial de sus competiciones.
FIFA asegura que conservaría el control de la empresa y que los inversionistas no decidirían reglamentos, calendarios, formatos ni asuntos deportivos.
Pero quien compra una participación no lo hace sólo para ayudar a financiar el desarrollo, también hace porque espera recibir parte del valor que la empresa genere en el futuro.
Entonces, la FIFA recibiría dinero de inmediato pero a cambio compartiría durante los próximos años una parte del negocio de sus torneos. Todavía no se conocen aspectos básicos del acuerdo, como los derechos exactos de los accionistas, la política de dividendos, las condiciones de salida o cuánto tiempo permanecerían dentro de la compañía.
JPMorgan está encargado de atraer inversionistas y Thrive Eternal, el vehículo de inversión fundado por Joshua Kushner, encabezaría el grupo. Sin embargo, el consorcio definitivo y sus condiciones todavía no han sido anunciados.
La propuesta resulta especialmente atractiva para las federaciones porque viene acompañada de más recursos.
Cada una podría acceder a 20 millones de dólares extraordinarios para proyectos especiales y recibir otros 20 millones mediante FIFA Forward durante el ciclo 2027-2030, frente a los ocho millones presupuestados actualmente
20 millones por las 211 asociaciones, son 4,220 millones de dólares. Prácticamente la misma cantidad que la FIFA pretende obtener de los inversionistas
El capital privado permitiría adelantar ese reparto y una federación podría recibir hoy dinero para construir un centro de entrenamiento, mejorar un estadio o financiar sus selecciones. Mientras tanto el inversionista entraría a una empresa que espera recuperar ese desembolso con el crecimiento futuro del Mundial y las demás competiciones.
UEFA y Concacaf cuestionan por qué es necesario vender una parte del negocio para financiar ese aumento.
Al cierre de 2025, la FIFA reportó reservas por 2,699 millones de dólares.
Además, después del Mundial, Gianni Infantino estimó que los ingresos del ciclo 2023-2026 superaron los 15,000 millones, frente a los 13,000 millones presupuestados anteriormente.
Para 2027-2030, el organismo ya proyecta otros 14,000 millones.
Eso no significa que la FIFA tenga 4,200 millones disponibles para repartir. Los 15,000 millones representan ingresos de todo el ciclo, no ganancias ni dinero disponible en caja.
Sus reservas tampoco cubrirían todo el programa sin reducir considerablemente su respaldo financiero. Pero las cifras sí explican por qué UEFA y Concacaf piden conocer qué otras alternativas se analizaron antes de recurrir al capital privado.
Hasta hoy (30 de julio), la operación no está aprobada. FIFA abrió un proceso de consulta y asegura haber recibido expresiones de interés de distintas regiones. Thrive Eternal aparece como posible líder del grupo inversor, pero todavía no existe un consorcio definitivo ni mucho menos un acuerdo cerrado.
El capital privado puede servir para adelantar inversiones que una organización tardaría años en financiar. Hablamos de estadios, tecnología, plataformas digitales, nuevas competencias o una estructura comercial más profesional.
LaLiga ofrece uno de los ejemplos más cercanos. En 2021, CVC acordó invertir 1,994 millones de euros a cambio de 8.2% de una nueva sociedad comercial y una participación en ciertos ingresos durante 50 años.
El acuerdo estableció que los clubes utilizaran:
70% en infraestructura y modernización
15% en plantillas
15% en refinanciar deuda
Los ingresos de LaLiga alcanzaron 5,690 millones de euros en la temporada 22/23, con crecimientos de 28.6% en el área comercial y de 36.9% en los ingresos por día de partido y parte de ese dinero también se utilizó para remodelar estadios y desarrollar áreas digitales.
No puede afirmarse que CVC haya producido por sí solo todo ese crecimiento. La recuperación posterior a la pandemia también influyó, pero el caso muestra que un fondo puede aportar algo más que dinero cuando los recursos tienen un destino definido.
El antecedente más parecido a la propuesta de FIFA está fuera del futbol.
En 2021, la FIVB creó Volleyball World para concentrar los derechos audiovisuales, patrocinios y demás activos comerciales de sus principales competencias.
CVC pagó 100 millones de dólares por 33% de la empresa, valuada en 300 millones.
La federación conservó el 67%, los ingresos provenientes de los Juegos Olímpicos y el control de reglamentos, árbitros y competiciones.
La división fue prácticamente la misma que ahora propone FIFA: una organización gobierna el deporte y una empresa con capital privado explota el negocio
Cuatro años después, la FIVB reportó más de 50 MDD invertidos en programas de desarrollo, otros 64 MDD en premios y también mantuvo reservas por 150 MDD
Otra vez, todo ese dinero provino directamente de CVC ni puede atribuirse únicamente al fondo, pero el caso sí muestra una operación en la que la entrada de capital estuvo acompañada por inversiones concretas en el producto y en sus participantes.
El contraste está en Francia.
En 2022, CVC pagó 1,500 millones de euros por 13% de LFP Media, la empresa comercial de la Ligue 1
Cerca de 1,200 millones terminaron directamente en los clubes, que necesitaban liquidez después de la pandemia y del colapso de Mediapro
El dinero resolvió una urgencia, pero una investigación del Senado francés encontró que solamente 40% se destinó a infraestructura y desarrollo, y que la mayor parte terminó en salarios, transferencias y refinanciamiento de deuda.
Eso dejó menos inversiones capaces de aumentar los ingresos futuros, mientras CVC obtuvo derechos preferentes sobre el negocio comercial mediante una sociedad cuya duración puede extenderse hasta 99 años.
El fondo no provocó la crisis audiovisual de la Ligue 1, pero cuando los derechos de televisión rindieron menos de lo esperado, compartir los ingresos futuros comenzó a sentirse más costoso.
Alemania fue un caso que ni siquiera se llegó a concretar.
La Bundesliga buscaba entre 900 y 1,000 MDE a cambio de hasta 8% de ciertos ingresos comerciales durante 20 años. Los clubes aprobaron el proyecto, pero las protestas de los aficionados obligaron a cancelarlo en 2024.
Había inversionistas y una idea sobre cómo utilizar el dinero, pero lo que no hubo fue suficiente legitimidad para continuar.
Los casos muestran que pueden financiar crecimiento, pero también volverse costosos cuando el dinero se utiliza para resolver urgencias. En la propuesta de FIFA, las federaciones ya saben cuánto recibirían, lo que todavía no saben es qué parte del negocio futuro tendrían que entregar a cambio.
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