Hay una expresión andaluza que me encanta y que viene al pelo para lo que os quiero contar hoy: “Mucho lerili y poco lerele”.
Se usa para criticar a quien presume mucho de lo que sabe o dice que va a hacer, pero luego, a la hora de la verdad, no demuestra nada. Y eso es, un poco, lo que nos ha pasado hace unos días trasteando con la Inteligencia Artificial.
Es increíble lo fácil que es pensar que has hecho algo espectacular con IA y que, en el fondo, sea una m13rd4.
Esta semana estuvimos desarrollando la web de nuestra nueva línea de negocio. Teníamos dos opciones:
WordPress: Algo conocido, ya que es la tecnología que hemos utilizado desde el inicio en el resto de nuestras webs.
Web nativa con IA: Desarrollar la web directamente apoyados en la Inteligencia Artificial.
Llevamos mucho tiempo usando la IA para nuestros procesos y con nuestros clientes, pero no habíamos tenido la oportunidad de usarla para un proyecto tecnológico propio. Por ello optamos por la segunda opción; nos iba a permitir aprender mucho, seguro.
Un compañero se puso a ello. En unas pocas horas generó una versión visualmente muy buena utilizando Google AI Studio. Revisó, pidió feedback del contenido, retocó... ¡y wow! ¡Increíble! Habíamos conseguido una web bastante pintona.
El problema vino al abrir el código. La IA había generado una web que se activaba con “trucos visuales” internos (JavaScript para los más técnicos), en lugar de texto real. Muy bonita y moderna, sí, pero totalmente inútil para el negocio, ya que a nivel de SEO era invisible. Los buscadores no podían leer el contenido, así que jamás saldríamos en los resultados de Google.
Tocó rehacer la arquitectura interna entera para que fuera compatible con el SEO de los buscadores. Y sí, hicimos la migración apoyados en IA, pero esta vez diseñando una estrategia multi-agente. Tres agentes y un humano participaron en el rediseño:
El primer agente generó el plan de acción con el modelo Opus de Anthropic.
El segundo agente ejecutó el plan con el modelo Sonnet (también de Anthropic).
El tercer agente (Antigravity con Gemini Pro) fue revisando el trabajo en tiempo real y generando un informe de errores que el segundo agente se encargó de ir corrigiendo.
El humano aportó el sentido común, la coherencia y supervisó que todo fuera correcto acorde al contexto de negocio.
Esta experiencia nos ha resultado muy enriquecedora. Más allá del resultado (output), nos ha permitido aprender y reflexionar sobre la manera en la que debemos trabajar con la IA.
Algunas reflexiones que nos llevamos de todo esto:
Sin conocimiento experto, la IA puede darte algo que crees que es maravilloso pero que no sirve para nada. El criterio técnico sigue siendo el rey.
Trabajar con ciclos frecuentes de feedback (de apenas horas) resulta fundamental. Da igual si haces software o un PowerPoint. Dos horas trabajando con IA te permiten avanzar muchísimo a nivel general, pero ojo:
Por favor, no me mandes un PowerPoint de 60 páginas hecho con tu IA. Prefiero que me expliques las conclusiones, las acciones o las ideas importantes pasadas por tu filtro y criterio humano.
Integrar la IA en los procesos de una empresa cambia radicalmente la manera de liderar, de interaccionar y de delegar. No se trata de usarla más, sino de saber orquestarla con cabeza.
Si estás buscando cómo implantar la Inteligencia Artificial en los procesos de tu equipo o negocio con criterio, estrategia y resultados reales (y evitando “fuegos artificiales” que no posicionan ni venden), hablemos.
Cuéntame en qué punto estáis y vemos cómo os podemos ayudar desde Thinking With You.

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