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El Enemigo · Jun 19, 2026

¿Y la cultura qué?

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Mariposa, Jaime Alberto Aguirre Cajiao · El Enemigo

Nicolás y los fumadores en el concierto «La Remontada», evento gratuito de promoción al voto por Iván Cepeda en segunda vuelta. Foto de Santizen.

En Bogotá hay cada vez más agentes culturales. Parece que existimos en una economía cultural más próspera que antes, un ecosistema extenso y competitivo. Parece que hay plata para invertir y gastar. El mercado parece estar fértil; la torta, más grande. Parece que hay suficiente para repartir.

Los agentes culturales, nuevos o veteranos, de eventos masivos o encuentros pequeños, tenemos una relación constante con las políticas públicas, sean del gobierno nacional o de las alcaldías. Respondemos y nos adecuamos a las posibilidades del marco legal, de los estímulos y becas, de lo que permite la Policía. Esta negociación suele ser complicada, y la amenaza de una clausura siempre está presente.

Y como cualquier otro sector comercial del país, cada cuatro años nos enfrentamos a unas elecciones presidenciales frente a las que balanceamos el interés personal y profesional con el beneficio popular.

Este domingo 21 de junio volvemos a enfrentarnos a este balance ético con una pregunta muy sencilla, que nos hacemos con angustia y rigor: ¿Qué candidato le conviene más a la cultura y la gestión cultural en Colombia? Esta pregunta también les compete a los millones de personas que visitan espacios culturales, exposiciones, ven cine y televisión, leen libros, escuchan música, disfrutan del teatro y gozan de festivales públicos.

Para mí es evidente la decisión entre un candidato que propone reducir el Estado y eliminar el Ministerio de las Culturas, que entiende las artes como un terreno por explotar financieramente, y otro que propone fortalecer la cultura, darles a las artes un lugar más protagónico en los planes de estudio escolares, y que las considera fundamentales para la historia y el futuro del país: por eso votaré por Cepeda.

Sin embargo, esto no resuelve la pregunta. Llamé a varios agentes culturales de Bogotá y esto fue lo que me dijeron.

Jaime E. Manrique (Director y fundador: BOGOSHORTS, Laboratorios Black Velvet):

Mi voto será, sin lugar a dudas, por Iván Cepeda, pero no es un voto a favor de un partido ni de un líder mesiánico. Es un voto por una propuesta histórica de transformación que entiende la cultura como un eje central de la vida en Colombia: como derecho, trabajo, memoria, posibilidad de encuentro y herramienta para que los territorios y las comunidades puedan narrarse desde sus propias voces. Es apostar por un país que reconoce que la cultura no es un lujo ni un elemento decorativo, sino una dimensión fundamental de la vida colectiva.

Creer en la cultura también es creer en la diferencia y en la posibilidad de construir herramientas para respetar al otro, incluso cuando piensa distinto. El cine tiene una fuerza particular en ese proceso: nos permite entrar, durante un tiempo, en vidas, territorios, conflictos y mundos que no son los nuestros. No porque una película elimine por sí sola los prejuicios o resuelva las fracturas sociales, sino porque puede complejizar nuestra mirada, confrontar nuestras certezas y recordarnos que ninguna experiencia humana cabe en una única versión. En un país atravesado por la violencia y la exclusión, defender esa pluralidad de relatos es también defender la vida.

Cheo Cubillos (Promotor: Baum, Baum Festival, Rebels):

Mi voto es por Iván Cepeda. Crecí como promotor musical sin ningún apoyo del Estado, y eso se siente. He visto proyectos increíbles quedarse solo en ideas porque no había una convocatoria, un estímulo, algo que les diera piso. No es solo plata, es que sin eso muchas cosas simplemente no pasan. En el último gobierno sentí por primera vez que eso estaba cambiando. Apenas un comienzo, sí, pero ya era algo.

William Contreras Alfonso (Curador de arte contemporáneo):

Voy a votar por Iván Cepeda, no porque esté completamente de acuerdo con todas sus reformas, pero sí porque, a diferencia de Abelardo de la Espriella, defiende la diversidad. De la Espriella se ha manifestado en contra de los derechos LGBT, ha hecho comentarios homofóbicos y se ha expresado de una forma que incluso parece justificar la violencia de género. Su discurso, además, va de la mano de una visión autoritaria, militarista, que busca acabar con la JEP, lo que sería un desastre, porque echaría para atrás años de esfuerzo en la construcción de paz. Además, su postura extractivista, agresiva con el medio ambiente, y su poco apoyo a la diversidad, van en contra de un desarrollo cultural y social sostenible. En él veo un discurso populista, de progreso agresivo, pero sin una verdadera inteligencia política, incapaz de construir una economía sostenible que respete la diversidad y los desafíos de toda la sociedad colombiana.

Santiago Álvarez (Promotor y Artista visual: In-Correcto, Teatro Libélula Dorada):

Votaré por Iván Cepeda porque creo en la continuidad de su proyecto político y de vida/nación. Más allá del impacto directo en el gremio cultural al que pertenezco, es urgente superar las brechas históricas que hacen de Colombia un país socialmente injusto. A pesar de esto, me surgen dudas a nivel de programa cultural: el candidato no ha sido claro con sus planes para la cultura en caso de ganar. Quedan muchas tareas pendientes y mejoras urgentes que este gobierno desatendió.

Demonia Yeguaza (Performer y Activista: Las Yeguazas, Danza Subversiva, Infierno Fest):

Yo voto, sin pensarlo dos veces, por Cepeda y Aida. Siento una relación muy fuerte entre lo que yo pienso y percibo de la vida, en temas de derechos humanos, conciencia de clase, amor por la vida y por todo lo que la compone, con su programa de gobierno y con lo que veo en sus trayectorias. Veo a alguien que le apuesta a la vida, a la protección de los recursos naturales, a la diversidad y al apoyo de programas y procesos con un enfoque cultural. No creo que Cepeda sea perfecto, pero sí considero que es alguien que quiere trabajar por una mayor justicia social en este país.

Laurie «Lola» Sauloy (Promotora: Bogotrax):

Por un lado veo un candidato que ha dedicado su vida a su enriquecimiento personal, lucrándose defendiendo delincuentes por altísimas sumas. No tiene el historial de buscar un mejor país ni el bienestar de los colombianos, no tiene carrera política. Tiene discursos contradictorios, que va adaptando para complacer diferentes sectores. Fomenta el odio hacia la izquierda, y promete una era de violencia y represión, con libre porte de armas y megacárceles. Desde su programa proyecta una era de extractivismo entregando recursos a empresas extranjeras, con una muy dudosa, si no ausente, conservación de ecosistemas. Me parece peligrosísimo. Del otro lado tenemos un candidato que tiene una larga carrera política, buscando justicia, paz y reconciliación, trabajando en legislar el derecho a la salud y porque nadie padezca hambre. Pone énfasis en conservar el medio ambiente, que es fundamental para la supervivencia de las especies (incluyendo la humanidad), pero que, incluso económicamente, es un modelo mucho más sostenible hacia el futuro. No dudaría.

Nadia Granados (Performer y artista visual: Ganadora del XI Premio Luis Caballero):

Le daré mi voto a Iván Cepeda. Porque conozco su trayectoria como defensor de derechos humanos y lo admiro desde hace años. Creo que representa ese tipo de luchadores sociales a los que se ha criminalizado, asesinado y silenciado durante décadas. Considero importante también continuar con las transformaciones que comenzó Petro, a quien también admiro y respeto. Creo que un hombre como Iván puede aportar altura intelectual a la discusión geopolítica en la región y sería un excelente orador en los espacios internacionales, como lo fue Petro, quien, con sus discursos, más de una vez destacó por sus valientes confrontaciones en espacios como la ONU frente al genocidio en Gaza y el cambio climático por ejemplo. Considero que Iván tiene la experiencia laboral para ejercer una posición de enorme responsabilidad como la de ser presidente. Iván es la venganza de la historia de victimización, de grandes pensadores y luchadores sociales como Manuel Cepeda que renacen en sus hijos y en su legado. Nos intentaron callar pero aquí seguimos vivos luchando por la paz desde la defensa de los DD.HH.

En contraste con su contendor Aberraldo, quien además de no tener ni idea del país que quiere gobernar, ni empatía alguna por sus ciudadanos, tiene un CV en el que demuestra experiencia en hacer trampa , apoyar mafiosos y paramilitares. Su proyecto de país debería ser suficiente razón para negarle la oportunidad de aplicar al puesto presidencial. No entiendo cómo alguien puede hacer un proyecto en el que piensa envenenar ríos y amenazar de muerte públicamente a la oposición y no pasa nada.

Paria Records:

Nuestro voto es para Iván Cepeda. Ya no romantizamos la democracia: para nosotros no es un fin, es uno de los medios para lograr el bienestar social y la propiedad colectiva de lo que producimos. Sin ilusiones, desde ahí miramos esto.

Votamos por Cepeda porque elige la paz sobre la guerra. No vende su integridad. Hace política como construcción histórica de largo plazo, no como espectáculo sujeto a la pasión y la inmediatez. Nos tranquiliza que sea filósofo y pacifista, con una larga trayectoria como negociador y como denunciante de la violencia y la corrupción; que, pudiendo justificar la vía armada desde el resentimiento, haya elegido otra cosa. Sabe que un proyecto de país se construye en el tiempo largo, no en el espasmo de un caudillo. Un río no cambia su curso en una tarde; lo cambia el agua que insiste, año tras año.

Y lo decimos abiertamente: hay aspectos en los que discrepamos. Su visión de la soberanía y de la política internacional nos genera dudas. Que sus políticas públicas reduzcan a largo plazo las condiciones que generan la violencia, vía bienestar social, nos gusta; pero no lo vemos incompatible con una postura más firme e inmediata en seguridad, con penas y procedimientos que garanticen paz a los ciudadanos. Eso es lo que no nos convence de la llamada «izquierda indeterminada». Pero la pregunta de fondo no es «izquierda o derecha», es más cruda: ¿quién controla los recursos, quién decide, a quién obedece el Estado? Es claro a quién responde el tigre: a Donald, a Benjamin y su séquito. No propone un proyecto de país; es un pseudogerente local, títere de un poder que se decide afuera. Un personaje peligroso que cambia de postura como de camisa, sin principios y con sed de sangre. El neocolonialismo ya no llega solo en drones, asaltos y golpes de Estado: ahora se viste de canción de barra futbolera, de show y de símbolos patrios.

Y a quien piense abstenerse por pureza: ese afuera limpio no existe. La abstención también es una jugada, y su resultado material es abrirle la puerta al peor. La política no es un espejo donde uno se reconoce; es un campo de fuerzas donde uno interviene. El que solo busca el candidato que lo refleje perfecto no hace política, hace estética de sí mismo, y la historia avanza sin él, casi siempre hacia atrás.

Votamos por Cepeda porque la revolución no se hace con votos, pero la catástrofe sí. Años para avanzar un paso; un instante para que todo se derrumbe. Votar es defender ese instante para seguir peleando.

Jaime E. Manrique (Dirección y fundador: BOGOSHORTS, Laboratorios Black Velvet):

Primero se instaurará la cultura del odio. Eso no solo es peligroso, es devastador. Por otro lado, en un modelo que reduce las instituciones públicas y mide la cultura principalmente por su capacidad de generar rentabilidad, sobrevivirían con mayor facilidad las expresiones capaces de atraer grandes audiencias, conseguir inversión privada o responder a lógicas comerciales inmediatas. Quedarían en riesgo los espacios independientes, los procesos comunitarios y regionales, la experimentación, la memoria, las voces minoritarias y aquellas obras cuyo valor cultural, social o histórico no puede traducirse rápidamente en ganancias económicas.

Esto resulta especialmente evidente en el cortometraje. Quienes trabajamos con este formato sabemos que, en primera instancia, rara vez se crea desde una expectativa de rentabilidad directa. El cortometraje produce otra clase de valor: descubre talentos, permite experimentar, construye lenguaje, forma equipos y siembra las bases del futuro cinematográfico de un país. Sin convocatorias, instituciones, festivales, circuitos de exhibición y políticas de fomento, esos primeros pasos se vuelven prácticamente imposibles. Cuando el Estado solo respalda aquello que ya demuestra capacidad de generar ganancias, deja de invertir precisamente en las semillas que podrían renovar y sostener la cultura del mañana.

Cheo Cubillos (Promotor: Baum, Baum Festival, Rebels):

Borrar el Ministerio de Cultura no es una decisión técnica. Es decirle a la gente qué importa y qué no. Cuando el Estado se va, el mercado llena ese espacio, y el mercado solo apoya lo que vende. ¿Y qué vende? Lo masivo, lo comercial, lo que ya tiene público. Lo comunitario, lo experimental, lo local, lo que está empezando, todo eso queda a la deriva. Algunos sobreviven. La mayoría no. No se trata de cuáles proyectos son suficientemente duros para aguantar solos. Se trata de qué cultura queremos que exista. Una cultura que solo produce lo rentable es más pobre, así llene estadios. Por eso votaré por Cepeda. Porque la cultura no es solo un negocio y necesito un gobierno que también lo entienda así.

William Contreras Alfonso (Curador de arte contemporáneo):

Mi principal preocupación frente a una eventual presidencia de Abelardo de la Espriella no es tanto su intención de reducir el tamaño del Estado, pues esa puede ser una discusión legítima sobre eficiencia institucional. Lo que me preocupa es que su discurso público ha mostrado una dificultad para reconocer la diversidad como un valor fundamental de la sociedad y de la cultura. Sus posiciones frente a las personas LGBT, los derechos de las mujeres y otros grupos históricamente marginados sugieren una visión limitada de aquello que merece ser protegido y promovido. Una cultura sólida se construye precisamente a partir de la convivencia de diferencias, y resulta difícil imaginar una política cultural amplia cuando quienes representan esas diferencias son vistos con desconfianza o quedan relegados a un lugar secundario.

Esa misma lógica parece reflejarse en su visión económica de la cultura. Con frecuencia, da la impresión de que solo se valora aquello que produce beneficios inmediatos, mientras que expresiones artísticas, comunitarias o experimentales son tratadas como actividades marginales. Sin embargo, muchas de las actividades culturales que parecen poco rentables en el corto plazo terminan generando valor económico de formas profundas e inesperadas. Un archivo comunitario, una biblioteca de barrio, un espacio independiente de arte o un proyecto de investigación artística difícilmente producen grandes ingresos en sus primeros años, pero sí crean conocimiento, forman públicos, fortalecen redes de trabajo, atraen visitantes y contribuyen a la aparición de nuevas iniciativas culturales y económicas. Las ciudades y países con ecosistemas culturales diversos suelen ser también más innovadores y competitivos, precisamente porque entienden que la creatividad es una inversión de largo plazo. Por eso, apoyar sectores culturales diversos no es un gasto improductivo, sino una apuesta estratégica por el desarrollo económico, social y democrático. Desde esa perspectiva, preocupa que la propuesta de De la Espriella parezca acercarse a una visión reducida de la cultura, similar a la que inspiró la economía naranja, cuyos resultados estuvieron lejos de producir la transformación cultural que se había prometido.

Santiago Álvarez (Promotor y artista visual: In-Correcto, Teatro Libélula Dorada):

El arte y la cultura siempre persistirán ante cualquier tipo de barbarie. Incluso bajo los gobiernos más retardatarios y obscenos, creadores y creadoras se las han ingeniado para respirar a través de su epidermis artística. Sin embargo, un régimen de esta calaña representa una amenaza absoluta para el gremio. No solo por la desfinanciación que sufre el sector en materia de estímulos y becas —fundamentales para mantener estos espacios vivos—, sino porque los contenidos críticos corren el grave riesgo de ser censurados. Los gobiernos autoritarios aborrecen la sátira, el humor y el pensamiento libre. Corremos el riesgo de volver a las épocas oscuras en las que el poder perfilaba a músicos, teatreros, poetas y pensadores por sus ideas y proclamas.

Demonia Yeguaza (Performer y Activista: Las Yeguazas, Danza Subversiva, Infierno Fest):

Creo que sobrevivirán los de siempre, tal vez, pero con un enfoque mucho más elitista y profundamente capitalista. Me imagino, principalmente, museos y galerías, solo que con una programación de mierda. Artistas como yo, y muchos otros a quienes sigo y admiro, tendríamos menos oportunidades; sería más precario y difícil vivir del arte. Muchos espacios alternativos e independientes desaparecerían, porque claramente dejarían de contar con financiamiento del Estado. Me preocupa que las expresiones artísticas con contenidos políticos o críticos puedan ser perseguidas o estigmatizadas. Veo un panorama caótico. Resistiremos, como siempre lo hemos hecho, pero estoy cansada.

Laurie «Lola» Sauloy (Promotora: Bogotrax):

Abelardo pone la cultura en términos económicos, en cómo vender y rentabilizar más el patrimonio cultural. Hay una gran diferencia entre industrias culturales, entretenimiento masivo; y arte, cultura, saberes tradicionales… El arte y la cultura por su naturaleza no deben tener como objetivo fundamental la rentabilidad. La creatividad es para mí lo más valioso de la humanidad, y el mayor contrapeso a su destructividad. Probablemente de la Espriella recortaría drásticamente presupuestos para cultura, y favorecería grandes empresas de entretenimiento masivo, industrias culturales, y presentaría el folklor cómo un atractivo turístico. Se verían afectados muchos artistas, espacios de cultura y procesos comunitarios. También es muy plausible que haya una persecución de todas las expresiones que se manifiesten en contra de su línea política y/o personal.

Nadia Granados (Performer y artista visual: Ganadora del XI Premio Luis Caballero):

Supongo que los espacios en los que la cultura sea comercialmente rentable como los grandes conciertos, el entretenimiento y lo folclórico. También espacios como ARTBO. Supongo que impulsará modelos como el de la economía naranja y un estilo de arte más decorativo. Algo como el arte que hacen Marbelle y la gente de La casa de los famosos. También considero que los artistas tuvimos una participación muy importante en la campaña por Iván. Entonces seríamos una oposición fuerte desde el arte. Creo que si gana Aberraldo vamos a ver muchísima creación crítica de calidad que va a fortalecernos, porque lo que nació por ese miedo que nos provoca la extrema derecha es una fuerza de juntanza por la vida, que, en ambos casos, va a ser muy visible en los años venideros. En el caso de que gane Aberraldo, viene una resistencia riesgosa, que puede ser problemática por la persecución que ya fue anunciada. Y si gana Iván, creo que también tenemos mucho que hacer para cambiar la mentalidad que sataniza la izquierda y nos pone en el lugar de los No Derechos. Tenemos mucho que cambiar. Es impresentable que un tipejo como ese tenga tantos votos.

Paria Records:

Seamos honestos: cerrar el Ministerio de las Culturas y perseguir a los detractores es el tipo de política que presenta la represión como simple «recorte técnico» mientras decide en silencio qué voces viven y cuáles se apagan. Recortar fondos, más que la destrucción inmediata, deja morir de sed y reorienta lo que quede hacia lo bonito y aprobado.

Los primeros en quedarse sin piso son siempre los mismos: las escenas independientes, los espacios disidentes, lo que no cabe en ningún ministerio. Las fiestas marikas fuera de los clubes reconocidos. Los festivales sin patrocinio que se toman la calle. Los colectivos que trabajan en territorios que la agenda oficial ni nombra. Los fanzines, las residencias, las radios comunitarias. Todo lo que existe porque decidimos que existiera, sin permiso, desde el margen. Sin convocatorias ni estímulos, eso no «compite en libertad» y pierde: desaparece, porque nunca estuvo jugando en igualdad de condiciones. Y con la prensa perseguida, desaparece también quien pueda denunciarlo.

Sobrevive entonces una sola cultura: la que no incomoda y sí vende. El folclor de souvenir. La postal para el turista. Lo gentrificable, lo exportable, lo que se deja domesticar.

El fondo del asunto es que la cultura no es un lujo ni un adorno, sino un recurso, como el agua, el oro o la tierra. Pero es un recurso que se construye con el tiempo y se destruye en un instante. Sembrar un árbol toma años de paciencia; talarlo, el filo de una sola tarde.

Read the original on elenemigo.substack.com

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