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El Enemigo · Jul 14, 2026

Los mejores discos del 2026 (hasta ahora)

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Juan Diego Barrera Sandoval · El Enemigo

La melomanía es una dulce condena a siempre estar atrasado. Es el precio a pagar por poder meter tu cotidianidad en medio de pinturas, películas y minas profundas que ocultan estrellas. Con esta lista, quiero agravarles esa sensación de tiempo inalcanzable. De paso, ojalá, entregarles joyas que no abandonen su rotación en el semestre que ya arrancó ni en los que están por venir.

Las canciones escritas en este continente son un manantial tan vasto como la suma de los ríos que corren arriba y debajo de nuestra tierra. Y, como si no fuera suficientemente complicado encontrar lo que creemos mejor entre una cornucopia infinita, sumamos a la búsqueda la península Ibérica. Insistimos en ella como quien no quiere limitarse a hablar con los primos solamente en navidades y entierros.

En esta lista hay para todos los gustos. Más que ofrecer contexto para cada lanzamiento, les dejo, para los discos colombianos, un resumen de lo que el álbum me hace sentir o pensar. Con los internacionales, lo limito a unas frases. No es de ninguna manera una lista exhaustiva. No hay orden, más allá del énfasis en Colombia. Les anexo una canción de cada una para que le den la prueba, pero todos estos lanzamientos aguantan completos.

Jazz con instrumentación andina, poesía musicalizada.

Quienes hayan hecho caminatas largas reconocerán una sensación corporal de sincronía, de dependencia del ritmo. Va acompañada de un diálogo mental que se alarga en las planicies, y se va distorsionando, interrumpiendo o complicando a medida que el camino se hace más rudo, o según las interrupciones e interacciones con otros caminantes. Así se siente este disco. Los vientos son el corazón palpitante. Las indagaciones de los textos que los miembros del grupo se turnan para leer fascinan y confunden como los mejores senderos.

El espectro completo de lo que significa el «Rap del espíritu».

Yo soy de los que cree que el mejor Penyair es el romántico, y eso lo demuestra con creces en «Parcera». Pero en el contexto de Desde abajo, un tema como ese se convierte en algo más que parla. Lo que canta y promete a la persona con la que habla adquiere mayor peso porque se lee como resultado de un proceso, como amor propio y seguridad convertidos en ternura luego de muchos botes y cicatrices.

Honestamente, no le tenía fe a este álbum. Entré escéptico porque, si bien me gusta la música de Penyair, me han costado mucho sus discos como un todo, con la excepción de 1306, con Realidad Mental. Son buenos discos, pero me han dejado sintiendo más o menos lo mismo. Tenía miedo de que ya hubiera alcanzado su pico.

En Desde abajo, el bogotano tomó la decisión de dividir el disco en tres volúmenes, que llamó «La cúspide», «El escenario» y «La calle». Hay que escucharlo de arriba a abajo, pero nos sugiere de entrada pensarlos al revés: hay unas bases inamovibles («La calle»: traumas, consciencia social, códigos raperos), una ruta de heridas y aprendizajes derivadas de sus años tocando («El escenario») y, bien arriba, una perspectiva renovada, desde la cual celebra, sonríe y se hace dueño de su destino («La cúspide»). Ahí está «Parcera», por ejemplo.

Nada me había preparado para sentirme tan conmovido e identificado con buena parte del contenido de este, el mejor disco de Penyair hasta la fecha.

Músicas del pacífico colombiano con sutiles giros pop

El sonido de este disco te mete en una película ambientada en el Festival Petronio Álvarez. No lo digo por decirlo: De Mar y Rio es una agrupación que se ha dedicado a ser receptáculo, o resonador, de lo que grandes bandas históricas han tocado en el evento más masivo de la cultura afrocolombiana. Así, a través del álbum, te adentras al corazón de una historia de resistencia y herencia musical. La primera mitad es muy divertida y fiestera. Pero la clave de Cantaré es la segunda mitad: conforme avanza el disco, baja el sol por la ladera. A medida que las luces del escenario son reemplazadas por las estrellas y los bombillos cálidos de las casas, entramos a algo cotidiano como místico, tan solemne como divertido, tan antiguo como juvenil. Luego de las canciones de fiesta, el disco te guía hasta la intimidad del recuerdo de los ancianos de cada familia, del arrullo de un nuevo primo, de los muertos a causa del derrumbe, de los alabaos más preciados de Semana Santa, del llanto por un pariente que no queremos enterrar aún,

Esa transición es efectiva porque logra transportar incluso a quienes no hemos vivido o conocido los pueblos del Pacífico de donde vienen los artistas. La logran fieles a su estilo, sin meter a su sonido sintetizadores o beats de trap: simplemente con arreglos preciosos que ocasionalmente se arriesgan a intensificar una idea hasta su última instancia («Madre llena de dolores») o a incluir, en un punto de clímax melódico, instrumentos nuevos, rapeos o estructuras rítmicas de otras regiones.

Les recomiendo la entrevista que le hicimos a Felipe Amú, director de la banda.

Música improvisada e inspirada en las músicas indígenas de Colombia

Si usted nunca ha escuchado un disco del Yaki Kandru, lo envidio: es una de esas cosas que quisiera experimentar nuevamente por primera vez. Que volvieran a publicar música a inicios de 2026, cuarenta y nueve años después del debut homónimo, fue una gran sorpresa. Su mezcla de sonidos — cantos y letras indígenas con exploraciones de la música clásica y el jazz— los convierten en uno de los grupos activos más extraños, históricos y propositivos que han surgido en el país.

Es la escucha más intensa y desafiante de este listado. Pero es también la que tiene más magia y capacidad para evocar algo único. Le prometo que no lo dejará indiferente.

Primer gran disco intergeneracional de rap de la montaña.

«Hay rap pa todos nos cagamos en el monopolio

Esas escenas y peleas son como de novios

Es blanco y negro, lo que es malo es obvio

Esto es historia colombiana, es un nuevo episodio».

Me sacaron muchas sonrisas y un par de risas desde la primera escucha. Mañas, Oblivion, Juan Sinatra e Ily Wonder tienen más química que Walter White. Es un disco divertidísimo, que se permite egotrip, coqueteo, risas y dramatismo sin presionar demasiado sobre ninguno de esos ambientes. La frescura es el arte de saber contenerse (en longitud, en los sampleos, en la interpretación). El efecto es este disco, banda sonora de una partida de dominó del futuro en silla asoleadora.

House anti-arribista

Felipe Gordon lleva desde 2014 demostrando su amor al house y al jazz a fuerza de difuminación de los límites entre ambos. En Live Session, su disco anterior, probó por primera vez a hacerlo desde un enfoque netamente instrumental.

Ahora, con Tezeta, se conserva buena parte del alma del instrumental en vivo (en especial en bajos y guitarras). Pero este es un proyecto muy diferente. Elegante, fiestero, electrónico y nostálgico, Aunque de tracks bastante cortos y detrás de algunos pasajes con vocales en inglés, Tezeta mueve un poco la cortina del mundo del house de nuestros días, aparentemente domesticado e industrializado. Entre los bajos ácidos y los teclados borrachos de «You Crazy», por encima del groove marihuanero tipo Prince de «Everytime» y, a través del rebote de las teclas de «Lamento», se cuela una luz roja.

No digo que sea luz roja porque sí. Para empezar, con el track homónimo, Felipe Gordon empieza demostrando su sensibilidad para hacer beats seductores y aéreos: arranca con una guitarra mojada que se riega sobre las percusiones, para luego introducir bajo y violines de alto filo, que parecen perseguir el goteo. Varios minutos después, irrumpen lo que parecen sirenas de ambulancia inconsolables, llevando al máximo la tensión sin perder el control. El juego entre texturas e interpretaciones vocales sostiene la mayor parte de la mística del álbum. También hablo de que el disco permite la irrupción de luz roja porque está nombrado por uno de los modos del jazz etíope, que claramente inspira su sonido. Pero sobre todo porque llega incluso a samplear al subcomandante Marcos, del EZLN, para el último track. Como Di Caprio en Inception, intentando colar un sueño en una mente ajena, Felipe Gordon aprovecha la nostalgia, la lisergia y la seducción de los beats de Tezetas como catéter para infusionarte la sangre con algo de consciencia de clase y deseo de emancipación.

El bogotano está haciendo un llamado a la repolitización de un sonido y una escena. Basta asomarse a las redes del artista, o recordar su set en el Baum, lleno de champeta americana y africana, salsa, post punk y otras rarezas. Pero, ojo, a pesar del activismo, este no es un disco panfletario. Ni su política implícita ni explícita son el plato principal. Esta es una producción que, jugando dentro de las normas del house «tradicional», ofrece giros oscuros, con sintes terrosos que se desarman como un derrumbe, y percusiones heladas que se ocultan tras la neblina de un sample perdido.

Ambient para aceptar que vivirás el apocalipsis.

Si hoy tuviera que presentarle a alguien el ambient colombiano, creo que este disco sería un gran punto de inicio. Si uno lee el título, Canciones del fin, suena a que se vendrá un álbum pretencioso, apoteósico, o cuanto menos cercado de melancolía y existencialismo. Pero no: Ross me hizo imaginar la sensación de morir en paz en medio de un sueño tranquilo.

Perfecto para meditar, estirar o despegarte el existencialismo post noticiero.

Farra pogueable; el rock-pop industrial que le hacía falta a Latinoamérica

Por su contexto y estética, sería facil encasillar a esta banda como parte del auge del emo regional. Pero aquí hay algo más. Colombia, y en general Latinoamérica, no tienen muchos proyectos que beban explícitamente de t.a.t.u y Nine Inch Nails. Mucho menos que mezclen esas influencias rockeras con cumbia y gabber. Eso fue lo que más cautivó de su excelente disco debut. Ser Lágrima para ser mar (2014). Pero, en este nuevo álbum, Víctimas de Vértigo enfoca toda su fuerza en sonar lo más apretados, grooveros y emocionales que han sido

Aunque por momentos sienta que las letras de Sueño Eterno se quedan en un terreno algo abstracto (no por complicadas, sino por falta de imágenes puntuales), la música es tan innegablemente intensa, pasional y grande que se me olvida por completo. Es imposible no apretar la mandíbula con el coro de «MIL PREGUNTAS», o sentir una especie de vacío en el pecho con el gruñido dolido de «TE DESAPARECES».. En un par de toques a los que he asistido he podido notar que la banda se divierte mucho con el frenesí logrado en estas nuevas canciones, y ello se traduce en pogos y decenas de personas que ya se saben las letras y las cantan en juego con el sample de «All the things she said».

Pronto vendrá una entrevista.

IDM (o como me gusta decirle Hombre oprimir botones, hombre ser feliz)

Ya he escuchado tres veces a Carlos Rizzi y Diego Cuellar (Las Hermanas) tocando juntos, en vivo, como NOI. Las tres ocasiones me han volado la cabeza. Este EP, supremamente singular en su lanzamiento y concepto —como todo lo que hace Portal Sur—, no alcanza la potencia de esos shows en vivo, pero surge del mismo proceso de improvisación libre de ambos productores. Y aspira a algo distinto, más meditativo y lisérgico. Escuchando «Maquinitas», pienso en que Flume es un bobo al lado de estos parceros. Pero también siento un cosquilleo en la parte baja del cuello, una inquietud mezclada con familiaridad. Los backrooms comen Cheetos al lado del terrorífico Centro Comercial Galerías.

Emo en español meets Lana del Rey

Lo escuché con mi novia, que me dijo sobre «Basta un Gesto»: «No sé cómo explicarlo, pero me suena a Kudai». Y sí: la duda al decirlo viene de que no tiene la misma velocidad, energía o appeal pop de la ola emo dosmilera. Pero el espíritu está ahí, en unas letras con mucha potencia visual y una voz de mujer que interpreta con mucha sobriedad. Más Lana del Rey que Evanescence. Me recuerda a Feralucía, a Bella Álvarez, y a Katniss Everdeen con su vestido en llamas en Los Juegos del Hambre. Es un disco que crece mucho con cada escucha. al detallarlo, se desenvuelve una serie de composiciones que complementa y enfatiza muy efectivamente las letras. Especialmente, el sonido protagónico de las cuerdas, tan claro como tenso, genera una sensación de aire y de espacio que replican la de la portada: Héroda levita, en trance, en medio de la noche, mientras le cuenta su tragedia a a la luna .

Mi novia dice que también le suena a Nicolás y los fumadores. Yo no lo veo, pero, por favor, díganme si ustedes sí y dónde.

Músicas del Pacífico colombiano con arreglos (obviamente) sinfónicos

Nidia Góngora me vuela la cabeza una vez más. Tiendo a sospechar de las reversiones sinfónicas porque a menudo «domestican» la intención original de la música. Pero cuando sale bien es brutal. Esta vaina mantiene en el centro la instrumentación del Pacífico y no usa los nuevos arreglos como complemento u ornamento, sino como remo. Ojo con las letras: este es un disco que aborda la tradición, la feminidad y la conexión con la tierra desde lugares novedosos y muy personales.

Tribal/guaracha con giro poscolonial.

¿Cómo se dice «sóbelo» en náhuatl? La premisa de este álbum de la colombo-mexicana es imaginar cómo sonaría la guaracha si hubiera sido creada por diferentes pueblos indígenas en la época precolombina. Lo logra a través de letras en lenguas que desconozco y de instrumentos que para nada me imaginé organizados en esa inconfundible polirritmia de olor a piscina y/o popper. El puente entre las tierras que Rosa Pistola carga en la sangre ha existido siempre y fue la causa necesaria de la emergencia de este género electrónico. Sin cholos y parceros no hay guaracha.

Este es un disco de fiesta un tanto incómodo para bien, porque reta a la escucha por el cambio de contexto de muchos elementos sonoros indígenas. Pero si te dejas ir, verás que es inevitablemente sabroso. En un momento en el que ya se empiezan a quemar muchos de los clichés sonoros del uso de vocales y trompetas de la guaracha, este viaje al pasado es una chicha helada que refresca la noche y la llena de un humo de tabaco espeso.

Cachaco rock post nadaísta

Este disco pega bastante más duro después de las elecciones. Este es el segundo disco de larga duración de una banda bogotana de rock. Suena a indie con ritmos latinos, pero sus letras, llenas de mordacidad y existencialismo, no se entregan con sorna o entre chistes, sino con seriedad que confunde y enrarece. Tiene todo el sentido del mundo que sea un disco producido por Santiago García. Tiene aún más sentido que esta banda traiga pronto El último festivo II, para seguir contando a su país lleno de monstruos, mitos y leyendas.

Les dejo aquí la entrevista que les hicimos sobre el disco.

IDM/Ambient como para sentarse a leer algo bien fritico

Me da mucha risa que, aunque este es un disco de música electrónica super experimental, sus primeros diez segundos me remiten de inmediato a La Oreja de Van Gogh. Después de un rato, Carlos Rizzi pinta en mi cabeza unas puertas que se abren en el cielo y dejan entrar una aurora boreal. Luego, las vuelve a cerrar, y queda flotando de nuevo, sobre las nubes, el sintetizador burbujeante pop.

Cuando digo que este es un disco de electrónica experimental, no quiero decir que esté lleno de estallidos, licuadoras luminosas o percusiones desenfrenadas, sino todo lo contrario. Todo Objeto es ruina brilla por su capacidad para invitarte a derretirte lentamente, a reemplazar la sobreestimulación por masajes cerebrales. Los timbres y pads avanzan, se repiten y mutan lentamente, como la cola de un vestido de seda que se va ensuciando y cambiando de color, arrastrada paso a paso sobre pasto, arcilla y cemento hasta rendirse en un río.

Rap de alta alcurnia.

Esto es lo opuesto al disco Miedo con Ignorancia Sofisticada. Aquí no hay inseguridades ni dudas, sino básculas y grameras para establecer la receta perfecta que combine lo mejor de las letras del paisa y de los beats del panameño. Este disco es como jugar fútbol 11 con una lluvia leve, y como manejar por carreteras sin trancón ni afán, pero con hambre.

Rap con la fuerza para reunir continentes, dolores y muertos.

Se ha hablado mucho de la música de Feid con Granuja, pero poco del disco lleno de feats que la mitad de Gordo Sarkamus tiene rodando por las ciudades de Colombia. Es su segunda gran publicación del año, teniendo en cuenta el EP de beats Selección natural vol.2. Y es la sexta placa de una racha de lanzamientos en la que Granuggio está demostrando un arsenal renovado, renovando estatus de leyenda y repartiendo micrófono con grandes talentos, conocidos o por conocer. Esa racha del nuevo Granuja empezó con Agujero de Gusano (EP con Noiseferatu de 2024), había tenido su pico más alto en Rituales (LP con Piel roja) y ahora lo supera en Pangea, un disco en el que une continentes, muertos comunes y tensiones políticas multilaterales sobre algunos de sus beats más oscuros a la fecha. Brillan con luz especial el verso inicial de N-Wise Allah, con dedicación a Métricas Frías, y la apoteósica «El declive de la Cima» con Rxnde Akozta, en donde ambos abordan la política venezolana y colombiana como una sola.

Tierras raras - Dano, Cerounno, H de Perra, Mir Nicolás (AR)

Los Beatles del rap argentino de los últimos años vuelan en formación sobre beats supersónicos. «Mijo, hay que seguir joseando». Realmente es un EP, pero se me cuela por ineludible.

unlikely, maybe - Bruno Pernadas (PT)

Pop electrónico y psicodélico para procrastinar la última hora de la jornada laboral.

Hasta mañanita si Dios quiere – Faenna (ES)

Hip-hop para procrastinadores que a la vez son hustlers.

*Imperdible la entrevista que le hicimos.

Metales pesados - Margaritas Podridas (MX)

La desesperación y el desenfreno de una de las bandas de rock con voz femenina más aclamadas del continente alcanzan su versión más destructiva.

Femme Fatale Vol.2 – Mon Laferte (MX/CH)

¿Qué no sabe hacer Mon Laferte? Aquí hay pop, punk, balada, dream pop y mucha, mucha terapia vuelta canción sin filtro.

sacrificio – Safety Trance (VE)

Club y reggaeton deconstruídos, industrial, witch house. Me parece que la mejor canción de Six Sex está acá.

Metamorfosis - Yahritza y su esencia (US/MX)

Me sentí como la lesbiana más despechada desde Chavela Vargas. Y ni siquiera soy mujer.

EL QUE COMPRÓ PERDIÓ - Little Boogie (AR)

¿Quién te conoce, Playboy Carti? Qué belleza ese sampleo de Aphex Twin. De lo mejor que he escuchado de trap argentino.

El hambre y las ganas de comer - La estrategia del caracol y Cámara Chilena de la Destrucción (CH)

El disco de math y emotional hardcore más intenso del año. Riffs para derretir peluquines de presidentes de la nueva derecha.

Anenoa – Matías Aguayo (CH)

El género de la música de Matías Aguayo es Matías Aguayo. La electrónica con vocales más pegajosa que te vas a encontrar.

*Pillen la entrevista que le hicimos a este maestrazo a propósito de su disco.

BODY TRANSMISSION - MAQUINA. (PT)

Kraut-rock que muta en techno, dance punk y pos-punk. Música para renunciar al trabajo de oficina no sin antes mentarle la madre al jefe.

Jardín Secreto - LaTorre (EC)

Pop vanguardista que convierte armonías vocales en nieve y ceniza.

No Ritmo da Terra – Antropoceno (BR)

Rock y metal experimental, apocalíptico y ambientalista. Puede ser el proyecto más innovador en el rock latinoamericano hoy.

Potpourri - Debit (MX)

Mi disco de electrónica favorito en lo que va del año. Logra capturar la vida de tensión urbana, como promete desde la portada, al poner en diálogo el tribal guarachero con el dub techno, el acid y el ambient.

Read the original on elenemigo.substack.com

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