No sé muy bien por dónde empezar a escribir este post, y supongo que eso es parte del problema. La imagen que se me viene a la cabeza es que yo iba por un camino y poco a poco me fui alejando y ahora no sé volver. No solo eso: desde donde estoy, el camino ni siquiera se ve.
Aun así, me he comprometido a escribir algo aquí, porque intuyo que el primer post después de este parón no tiene más remedio que ser confuso.
¿Y cuál es el mejor antídoto para la confusión en Internet?
Exacto: ¡¡una lista!!
He aquí algunas de las cosas que han pasado estos meses:
¿Te acuerdas de que nos íbamos a comprar una casa en Grecia? En un alarde de costumbrismo mediterráneo, resulta que la casa no se podía vender porque estaba a nombre de uno que lleva muerto ocho años. Luego además resultó que el sótano se inundaba cada otoño y a las que vendían la casa no les parecía que fuera un problema. Total, que no nos la compramos.
En lugar de eso, nos vinimos exageradamente arriba y nos compramos un terreno para hacernos una casa a nuestro gusto.
La casa a nuestro gusto empezó a mutar de «algo cómodo pero tampoco una mansión» a «es cierto, necesitamos dos edificios, un rocódromo, nuestro propio gimnasio y una habitación donde Marina pueda dejar montados los puzles».
Por otra parte, como seguimos en Grecia, estamos aún en la fase de burocracia, AKA ponerle velitas a San Pantalaimón, mi nuevo santo fav y nuestro futuro vecino, para que los permisos de construcción tarden menos de diez meses.
Como AirBnB y sus fuerzas del mal han hecho imposible alquilar por meses por menos de un riñón+córnea, dejar la casa y buscar otra fue un poco traumático, pero ¡lo conseguimos! Ahora estamos en un chalet pequeño pero apañado con espacio para que los niños jueguen, hemos alquilado un mini-estudio para trabajar y parece, por fin, que la luz de la estabilidad aparece al final del túnel del caos.
Ha habido que operar a Atlas de vegetaciones y amígdalas porque el pobre no respiraba, pero como resultado ha mutado en un niño adorable y megainteligente. ¡Al final el pobrecillo no dormía ni comía bien porque no podía respirar, no porque yo no estuviera haciendo bien el Montessori!
He (medio) empezado un nuevo negocio online, ¡viva! Pero de momento es secreto y en inglés. No por nada, sino porque quiero darme espacio y margen para construirlo sin angustias y sin petar. Ya os iré contando.
Lo único que puedo revelar es que el negocio tiene que ver con el TDAH adulto (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Lo más importante que me ha pasado estos meses ha sido abrazar por fin mi diagnóstico de TDAH y empezar a entender mi propia vida y mis dificultades desde ahí, y ahora quiero ver si puedo ayudar a otras mujeres en mi situación. Pero ya os digo: con la calma.
Alana también tiene TDAH, lo que yo veía venir desde hace tiempo. La hemos llevado a un centro en Madrid para que la evalúen y está bastante claro. La sorpresa es que ¡Pablo también lo tiene! Claramente, Dios los cría y ellos se juntan. El único que se salva en la familia, o eso parece, es Atlas; el tiempo lo dirá, pero de momento está más centrado que todos los otros tres juntos. Ha sido entrarle oxígeno en el cerebro al pobrecito mío y ya apunta para juez del Tribunal Supremo.
La parte positiva es que una vez abrazados los múltiples diagnósticos, mi marido se ha puesto en modo nerd y está usando la IA para diseñar aplicaciones que nos ayuden. Ya os iré contando más de esto, porque de momento todo lo que está haciendo es para nosotros y no está disponible para el público, pero no os podéis imaginar la diferencia que supone.
Los últimos meses/años han sido, con diferencia, los peores de mi vida. He estado dentro de un pozo muy oscuro y no sabía muy bien cómo salir. Por suerte, gracias a todos estos pequeños cambios, a tener más estabilidad, más ayuda de Pablo y a haber vuelto a escalar mi gimnasio del alma, me voy sintiendo un poco más yo y recuperando las ganas de vivir y de escribir aquí.
Creo que eso es más o menos todo.
Quiero de corazón volver a escribir más en este espacio, pero me cuesta decirlo muy alto porque me siento frágil. Estos años pasados la vida me ha superado exageradamente y los (pocos) proyectos que he empezado se han parado o venido abajo. He ido entrando poco a poco en una espiral de vergüenza y culpa de la que no sabía salir, pensando que había decepcionado a todo el mundo y que era lo peor. Así que ahora estoy apenas asomando la cabeza, estirando mis oxidados músculos de escritora y permitiéndome encontrar despacio el camino de vuelta.
Espero de verdad que nos volvamos a ver pronto.
Gracias por tu paciencia y por estar ahí.
Abrazos,
Sin posts

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