Una y otra vez lo decimos: las nuevas tecnologías digitales transformaron la vida de manera radical, cambiaron toda nuestra relación con el mundo Basta levantar la cabeza, en plena calle, en un colectivo; la gente mira hacia abajo, o escucha algo en privado con sus auriculares (según hemos podido medir, alrededor del 60% de la gente que viaja en el transporte público usa su celular, atendiendo a sólo un instante de ese recorrido, con toda posibilidad el número es mayor). Es un tópico que tematiza muy bien Miguel Benasayag; la colonización algorítmica, el cese de la existencia, como propiedad de aquellos entes que generan sentido, en detrimento de la funcionalidad, propia de las máquinas.
Pero hay instancias, o zonas de la vida, donde el impacto ha sido especialmente revolucionario. O mejor: estas nuevas tecnologías también cambian de raíz algunos aspectos de la existencia que son fundamentales, sino para todos los demás, al menos para muchos de ellos. La economía, desde ya, es uno de ellos. Por eso en Señales hipermateriales: horizontes económicos de la condición algorítmica tanto Hernan Borisonik, director de la Colección Umbrales, junto con Marco Mallamaci, se dedicaron a compilar algunos trabajos realizados en San Juan, para la I Jornadas Internacionales de Economías Digitales, donde la pregunta por el valor, el dinero y la reproducción, en tiempos donde la digitalización parece ser central, se puso en su correcto lugar. Así por ejemplo, Borisonik apunta a pensar el dinero. Lo hace a la kantiana, asumiéndo que por dinero referimos, más allá de los cambios, a una especie de existenciario; como un concepto constante. Algo similar a lo que hace Daniel Feierstein para explicar por qué se permite hablar de fascismo por fuera de la Italia de Mussolini, con la analogía del concepto guerra. Las guerras variaron incalculablemente a lo largo de la historia. No podríamos englobar ambos eventos, no podríamos generalizar, u olvidar las diferencias que impiden pensar, si concibieramos que lo que se hizo en Troya y lo que pasa hoy en Irán divergen al punto de no poder nombrarse con una misma noción. De forma semejante; el dinero estuvo siempre ahí. Es una forma de representar algo tan esencial a la vida como es el intercambio. Estuvo cuando era ganado, en su fase metalica, y está hoy, ya totalmente abstraído, concebido como número en una pantalla.
Esto no le quita materialidad. Al igual que Ekaitz Cancela hace una y otra vez en Utopías Digitales, Borisonik nos recuerda que la existencia de este capitalismo precisa para existir de enormes cantidades de recursos puestos a funcionar a su alrededor. Cables de fibra óptica que atraviesan océanos, data centers de incalculable dimensión, e igualmente grande necesidad de energía para hacerlos funcionar. No se trata de una desmaterialización del dinero; las transacciones en la nube son sólo más abstractas para nosotros, es sólo la imaginación que se atrofia, en este intercambio.
Otro ensayo crucial está escrito por Edemilson Paraná, que recupera alguno de los temas de su libro Bitcoin para pensar una cuestión que necesitamos saber pensar: ¿Cuál es la relación entre el mundo de la financiarización total que implica el neoliberalismo con la digitalización y la plataformización de la economía? Una esencial, dice el autor; la primera sólo puede emerger, o extender completamente sus brazos sobre el resto del cuerpo social, cuando la digitalización termina su trabajo. Y en eso la blockchain cumple un rol esencial. Porque permite (y esto es lo esencial en ello, como innovación técnico-operativa) que haya en los productos digitales un registro de propiedad privada. Ahora así, por fin, los productos intangibles, históricamente tan difíciles de captar adecuadamente por la lógica del mercado, de tan barato, tendiente a cero costo de reproducción, pueden ser sometidos al imperio del capital.
Los ensayos que componen este libro son más que recomendables para cualquiera interesado en comprender el mundo en que vivimos: su novedad, sus constantes, y las soluciones disponibles que querríamos poder imaginar. El relato coral pero unificado en el objeto hace que Señales Hipermateriales resulte un libro ineludible para pensar aquello que una y otra vez aparece a quienes vivimos este álgido siglo XXI como un temor intuido, encausado en una inquietud que sólo llega a preguntarse hasta qué punta va a seguir muriendo el mundo que conocimos, de los ya lejanos tiempos analógicos; cuán lejos va a llegar la digitalización, y qué monstruos tendremos que combatir en el interín.
Sin posts

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.