Cada verano, y cada vez más también antes del verano, ocurre lo mismo: aparece un incendio forestal y, casi al mismo tiempo, aparece la desinformación.
Subí dos vídeos sobre el tema:
Conviene empezar por aquí: el cambio climático no es la causa directa de ningún incendio. No prende una cerilla, no lanza un rayo y no provoca por sí solo una ignición.
Pero sí genera condiciones que facilitan que los incendios se propaguen con más rapidez e intensidad: temperaturas más altas, mayor sequedad, olas de calor más frecuentes y vegetación más vulnerable.
En el caso del incendio declarado el 2 de junio en el parque regional de El Valle-Carrascoy, en Murcia, las imágenes fueron especialmente impactantes por la cercanía de las llamas a zonas habitadas. Ese mismo día, Murcia registraba una anomalía térmica muy elevada respecto a la media histórica, en un contexto de temperaturas inusualmente altas para la época.
Por tanto: no, el cambio climático no “causa” el incendio. Pero sí puede influir en su comportamiento, su intensidad y su capacidad de propagación.
Otra confusión habitual aparece con las responsabilidades políticas.
En España, la competencia principal en prevención, vigilancia y extinción de incendios forestales corresponde a las comunidades autónomas. Son ellas las que diseñan y gestionan sus dispositivos. En Murcia, esto se articula a través del Plan INFOMUR.
El Gobierno central no dirige normalmente los operativos, aunque sí puede aportar apoyo mediante medios estatales como aeronaves, BRIF o la UME cuando se activa. También tiene funciones de coordinación y normativa básica.
Los ayuntamientos, especialmente los de más de 20.000 habitantes, también tienen responsabilidades en materia de protección civil y prevención.
Es decir: cuando hablamos de gestión de incendios, la responsabilidad principal suele estar en el nivel autonómico, aunque con apoyo y coordinación de otras administraciones.
Uno de los bulos más repetidos es que “se queman montes para recalificar”.
Pero los datos no sostienen esa idea. Según los análisis disponibles, solo una parte ínfima de los incendios intencionados tiene como objetivo modificar el uso del suelo. Es más: si esta teoría fuese cierta, algunas de las zonas que más arden de la península, como áreas de León, Zamora, Ourense o el norte de Portugal, serían hoy grandes resorts turísticos.
Además, la legislación no permite simplemente quemar un monte y convertirlo después en urbanizable. La realidad administrativa y legal es mucho más restrictiva que ese relato viral.
Otro bulo cada vez más habitual es que los incendios se provocan para instalar placas solares o aerogeneradores.
En el caso de Murcia, este argumento cae por su propio peso: en la Región de Murcia ya se pueden instalar energías renovables en suelo rústico o no urbanizable bajo determinadas condiciones. Por tanto, no tendría sentido quemar un monte para cambiar un uso que, además, no se puede cambiar automáticamente, con el objetivo de instalar algo que ya puede autorizarse por otras vías.
A esto se suma otro dato importante: la superficie ocupada actualmente por placas solares en Murcia es muy reducida respecto al conjunto del territorio. No hace falta quemar montes para encontrar suelo disponible.
Y respecto a la eólica, la región lleva años sin instalar nueva potencia relevante. La idea de que se estén quemando montes para llenarlos de molinos tampoco encaja con la realidad.
También conviene matizar el lenguaje. Hablar de “limpiar” el monte puede ser problemático, porque transmite la idea de que la vegetación natural es “suciedad”.
La llamada “maleza” forma parte del ecosistema. Eso no significa que no haya que gestionar el territorio. Al contrario: en un contexto de cambio climático, abandono rural, acumulación de combustible vegetal y más episodios de calor extremo, necesitamos una gestión forestal mucho más adaptada a las condiciones actuales.
Pero gestionar no es arrasar. No es eliminar toda la vegetación. No es convertir los montes en jardines. Es planificar, prevenir, reducir riesgos, favorecer mosaicos agroforestales, recuperar usos tradicionales compatibles y adaptar los dispositivos de prevención y extinción a una realidad climática cada vez más peligrosa.
Y no: no existe una ley de la Agenda 2030 que prohíba gestionar los montes. La Agenda 2030 no es una ley europea ni impide la prevención de incendios. De hecho, la Ley de Montes obliga a las administraciones competentes a adoptar medidas de prevención, detección y extinción.
Mapa de calor y anomalías térmicas en España, elDiario.es:
https://www.eldiario.es/sociedad/mapa-calor-record-2026-espana-compara-temperatura-dia-media-historica-provincia_1_13256175.htmlCompetencias en materia de incendios forestales, Newtral:
https://www.newtral.es/competencias-incendios/20250823/Bulos sobre incendios forestales, Maldita.es:
https://maldita.es/malditobulo/20250827/incendios-forestales-espana-verano-2025/Incendios, renovables y recalificación, Maldita.es:
https://maldita.es/clima/20250826/incendios-forestales-renovables-recalificar/Despliegue de la UME en Murcia, RTVE:
https://www.rtve.es/noticias/20260603/incendio-murcia-ume-refuerza-efectivos/17097929.shtmlBulos sobre proyectos urbanísticos e incendios, Maldita.es:
https://maldita.es/malditobulo/20250813/icendios-forestales-proyectos-urbanisticos/Mapa de incendios forestales, Civio: https://civio.es/medio-ambiente/mapa-de-incendios-forestales/#recalificar
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