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Actualidad Climática y Energética, la newsletter de Ecodiuku · Aug 23, 2026

#46 La “caída de los influencers” y la crisis de la atención

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Ecodiuku · Actualidad Climática y Energética, la newsletter de Ecodiuku

Durante la última semana se ha empezado a hablar en redes de “la caída de los influencers”.

Polémicas, pérdida de seguidores, críticas a sus privilegios y vídeos de los propios creadores preguntándose si estamos llegando al final de una época.

Hoy publiqué un vídeo explicando parte de lo que creo que está pasando.

Pero creo que el fenómeno va un poco más allá.

Mientras mucha gente joven ve cada vez más difícil independizarse o comprarse una vivienda, abre Instagram y encuentra a alguien de su misma edad enseñando una casa nueva, un viaje patrocinado o una reforma de cientos de miles de euros.

“¿Cómo puede alguien de mi edad conseguir todo eso haciendo vídeos mientras yo no puedo permitírmelo trabajando todos los días?”

Los influencers no nacieron como las celebridades tradicionales.

Una estrella de Hollywood vivía en otro mundo. Los primeros youtubers, instagramers o tiktokers parecían personas normales.

Grababan desde su habitación, jugaban a los mismos videojuegos, compartían aficiones, contestaban comentarios y compraban cosas parecidas a las de su audiencia.

Su gran valor era precisamente ese: parecían gente como nosotros.

Y eso generó algo extremadamente poderoso: confianza.

Se creó una especie de pacto no escrito entre creador y audiencia:

Te dejo entrar en mi vida porque, de alguna manera, seguimos perteneciendo al mismo mundo.

Pero el éxito empezó a cambiarlo todo.

Llegaron las marcas, los viajes, los productos gratuitos, los hoteles, los coches y las grandes casas.

Y aquí conviene hacer una aclaración: el problema no es que alguien gane dinero haciendo contenido.

El problema aparece cuando la cercanía sigue siendo parte del producto aunque esa cercanía ya no exista.

Cuando alguien construyó su comunidad sobre la idea de “soy como tú”, pero su vida empieza a estar completamente alejada de la de quienes le siguen.

Este verano varias polémicas han terminado convirtiendo la supuesta “caída de los influencers” en un tema recurrente en TikTok y otros medios.

El País recoge que el 69,8% de los internautas encuestados en Navegantes en la Red considera que existe uso o abuso de publicidad encubierta por parte de estos perfiles, mientras que un 61,9% piensa que la mayoría de sus publicaciones tienen carácter publicitario.

elDiario.es habla directamente de una crisis de credibilidad y de la pérdida de conexión entre determinados creadores y su audiencia.

Público, por su parte, plantea una distinción interesante: quizá ya no tenga demasiado sentido meter en el mismo saco a un divulgador científico, un streamer, un humorista y alguien cuyo contenido consiste básicamente en mostrar su propia vida.

Pero hay algo importante.

Los influencers no están desapareciendo.

Los datos económicos cuentan una historia bastante distinta.

Según IAB Spain, durante 2025 el contenido patrocinado aumentó un 73% en TikTok y un 45% en Instagram.

El negocio sigue creciendo.

Quizá, por tanto, estamos formulando mal la pregunta.

No estamos ante el final de los influencers.

Quizá estamos viendo el agotamiento de una determinada forma de ser influencer.

Hace unos años leí El valor de la atención, de Johann Hari, y hay una idea del libro que encaja bastante bien con todo esto:

nuestra atención es limitada, pero cada vez hay más cosas compitiendo por ella.

Más vídeos.

Más publicaciones.

Más noticias.

Más polémicas.

Más anuncios.

Más creadores.

Hari explica cómo vivimos dentro de una aceleración constante en la que los temas aparecen, alcanzan rápidamente su pico y desaparecen para ser sustituidos por el siguiente estímulo.

Los influencers viven dentro de esa misma máquina (y los divulgadores como yo, también, no nos engañemos)

Hari también explica que muchas plataformas digitales tienen un modelo de negocio que funciona mejor cuanto más tiempo permanecemos dentro de ellas. Tiktok, Instagram, Youtube o Facebook son ejemplos de este modelo.

No necesitan necesariamente enseñarnos algo que nos guste.

Necesitan enseñarnos algo que consiga que sigamos mirando.

No creo que vayamos a dejar de seguir a creadores.

Seguiremos queriendo que alguien nos haga reír, nos recomiende películas, nos enseñe a cocinar, nos explique ciencia, analice política o simplemente nos entretenga.

Lo que quizás está empezando a desgastarse es otra cosa:

la idea de que observar indefinidamente la vida privilegiada de otra persona sea suficiente para merecer nuestra atención.

Y eso podría beneficiar precisamente a aquellos creadores cuyo valor no depende únicamente de su propia vida.

Personas que aportan conocimiento, creatividad, humor, análisis, experiencia o comunidad.

Quizá el influencer no esté muriendo.

Quizá simplemente está evolucionando.

Hace dos años publiqué en threads un post que decía que el formato videoblog volvía y lo hacía porque la gente se estaba harta de ver no solo influencers con estilos de vida inalcanzables, sino también vídeos dopamínicos ultra editados y contenido corto superficial que no te aportada nada.

El formato vlog, desde mi punto de vista, es un formato honesto, transparente y cercano que crea mucha más comunidad y confianza con la audiencia.

Eso sí, depende de qué hagas el vlog: si es de un viaje a Bali con todo pagado o si es de tu día a día, como intento hacer yo en un canal secundario secreto de youtube y que os dejo por aquí como recompensa por haber llegado hasta aquí (prometo subir vídeo lo antes posible jeje).

Durante mucho tiempo nos comportamos como si nuestra atención fuese infinita, pero no lo es.

Nuestro tiempo y nuestra atención son dos de los recursos más escasos que tenemos.

Y cuando empezamos a ser conscientes de su valor, también empezamos a preguntarnos a quién se los regalamos.

Sin posts

Read the original on ecodiuku.substack.com

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