Hace unas semanas cumplí 31 años.
Desde los 26-27 hasta que cumplí 30, no me gustaba celebrar mis cumpleaños por miedo al “paso del tiempo”. No quería cumplir años porque eso significaba hacerse mayor, dejar atrás una etapa de juventud con menos responsabilidades, más tiempo y, al menos en mi cabeza, más felicidad.
Algo parecido a este síndrome de Peter Pan está ocurriendo con el clima.
Empecé a divulgar durante la pandemia, aprovechando aquel parón para formarme en comunicación, edición y redes sociales, mientras repasaba informes climáticos que ya advertían de que no íbamos por buen camino: las emisiones no bajaban y la temperatura seguía aumentando.
Movimientos sociales, ONG, algunos gobiernos, divulgadores y muchas otras entidades intentaron advertir de las consecuencias de la quema de combustibles fósiles y de otras actividades que agravaban el cambio climático y la crisis ambiental.
Ahora mismo podría utilizar infinidad de datos, imágenes o información para mostrarte que el calor vivido estas semanas no es normal ni se parece a lo que había antes. Podría poner:
Mapas en rojo/granate.
Récords de días con anomalías térmicas.
Récords de temperatura batidos en diferentes provincias de España y en otros países europeos.
Raíles de tranvía derretidos.
Aumento de la duración y frecuencia de las olas de calor.
Aumento de noches tórridas.
Predicciones pensadas para 2050 que se están cumpliendo 26 años antes.
Más de 1.000 fallecidos en Francia por el calor.
El meme de Los Simpsons.
Negacionistas utilizando la IA para negar o ridiculizar las temperaturas.
Pero no lo voy a hacer.
Porque no es el objetivo de este artículo (puedes ver anteriores post en los que te pongo datos y mapas, por si quieres compartirlos).
Durante décadas empresas y bancos estuvieron eludiendo sus responsabilidades climáticas: el sistema financiero sigue pagando proyectos de carbón, petróleo y gas. En los últimos años, los grandes bancos internacionales han destinado billones de dólares a financiar combustibles fósiles, y los bancos españoles también han aportado decenas de miles de millones. (Os dejo por aquí una alternativa de una cooperativa de finanzas éticas: Oikocredit y un reel donde te explico cómo las finanzas también pueden ser parte de la solución).
Pero esta forma de eludir responsabilidades no ocurre solo en el mundo financiero. En política pasa algo parecido: seguimos actuando como si el clima fuera el mismo de siempre, como si bastara con mirar hacia otro lado, negar el problema o confiar en que alguien, en algún momento, hará algo.
A esto podríamos llamarlo el Síndrome de Peter Pan Climático.
Atajar el síndrome de Peter Pan es aceptar el paso del tiempo. Es aceptar que te haces mayor sin rechazar, quizás, al niño que llevas dentro; simplemente viviendo y sintiendo cada etapa, dejándola atrás para recordarla con alegría, sin perder la vista del presente y preparándote para el futuro.
Con el cambio climático ocurre algo parecido: es hora de aceptar que no viviremos el clima de nuestras abuelas, ni siquiera el de nuestras madres.
Aceptar esto no significa caer en el colapsismo, el derrotismo ni abandonar las políticas de mitigación y reducción de emisiones. Al contrario: significa entender que cada décima de grado importa, que reducir emisiones sigue siendo imprescindible y que cuanto menos calentamiento provoquemos, menos difícil será adaptarnos.
Pero también significa aceptar que, a escala humana, no podemos volver a un clima que ya no existe.
Significa dejar de diseñar ciudades, colegios, sistemas sanitarios, cultivos, infraestructuras o calendarios laborales como si siguiéramos viviendo en el siglo XX.
Significa tomarse en serio la adaptación climática: más sombra, más refugios climáticos, más rehabilitación energética, más prevención frente a incendios, más planificación frente a sequías e inundaciones, más protección para las personas vulnerables y más políticas públicas pensadas para el clima que ya tenemos, no para el que nos gustaría seguir teniendo.
Porque negar el paso del tiempo, y del clima, solo nos llevará a reaccionar tarde, pagar más caro los daños y seguir improvisando ante crisis que ya sabemos que van a llegar.
Madurar climáticamente es aceptar la realidad sin resignarse a ella.
Es mirar de frente el presente para poder disputar el futuro.
P.D.
A tope con la gente que se sensibiliza más con el tema climático en verano cuando el calor extremo y las olas de calor golpean fuerte. PERO, no todo es calor. La crisis climática (o crisis ambiental/ecológica si lo queremos ver como algo más extenso) no solo ocurre de junio (o mayo como este año, xd) a septiembre.
Ocurre todo el año.
Sequías y falta de agua, incendios forestales más extremos, lluvias torrenciales e inundaciones, subida del nivel del mar, pérdida de biodiversidad, acidificación y calentamiento de los océanos, caída de la productividad agrícola, inseguridad alimentaria, peor salud y más enfermedades, migraciones climáticas, aumento de la desigualdad, desertificación y degradación del suelo, contaminación del agua, contaminación por plásticos y microplásticos, deforestación, especies invasoras, pérdida de servicios ecosistémicos, conflictos por agua y recursos.
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