Como corriente literaria el realismo social se desarrolló en Latinoamérica principalmente entre 1920 y 1940. Fue un movimiento de denuncia que retrató la marginación, la explotación indígena y campesina, y las duras condiciones de la tierra. Surgió como una respuesta a las desigualdades agudizadas por el crecimiento económico impulsado por la inversión extranjera, los monopolios y las dictaduras de la época, y sirvió como herramienta de crítica política y de reivindicación social.
En España esta tendencia, también conocida como la novela de los años cincuenta o de la “Generación de Medio Siglo”, surgió sin embargo en la década de 1950 fruto de las secuelas de la Guerra Civil y la profunda desigualdad social impuesta por la dictadura. Retrató la miseria de la posguerra, la marginación y la explotación laboral, criticando las estructuras sociopolíticas de la época y el nuevo capitalismo. La literatura sirvió como medio de denuncia contra la dictadura franquista y la censura editorial.
Cien años de El juguete rabioso
Carlos Fuentes afirmó que “la novela latinoamericana nace de una realidad desgarrada, urbana, violenta… en la que [Roberto] Arlt es uno de sus primeros testigos”. Arlt nació en Flores en 1900, en una familia de inmigrantes pobres, padre alemán y madre italiana. Siendo adolescente abandonó su casa y se fue a “patear la calle”. En 1942, cuando falleció, no parecía haber progresado mucho en la vida. Su novela El juguete rabioso (que en 2026 cumple 100 años de su publicación) fue la única de las que escribió que llegó a tener una modesta segunda edición.
Arlt, cuya literatura abordaba los márgenes de la ciudad y las periferias existenciales, fue despreciado por la elite cultural y rechazado, además, por los sectores culturales que tendrían que haber impulsado su obra. Para 1950, pareciera que había dejado de existir. Sin embargo dos autores y una editorial consiguieron rescatar del olvido la obra y la figura de Arlt. En sus novelas Los siete locos (1929) y Los lanzallamas (1931), el realismo social no se limita a una descripción costumbrista. Su estilo expresionista y neorrealista retrata la marginalidad, la alienación de los inmigrantes y la profunda crisis existencial en el Buenos Aires de los años 20 y 30.
Igual ocurre con su narrativa breve de género policial. Arlt traslada el crimen a los márgenes, donde los motivos de los delitos suelen estar atravesados por la desesperación económica, la codicia descarnada, el resentimiento y el fracaso financiero. Así en Un argentino entre gángsters, una antología que reúne sus mejores cuentos policiales, se puede apreciar cómo Arlt subvirtió las fórmulas comerciales del género para dejar su huella de realismo social. Sus relatos en lugar de idealizar la resolución de la justicia se enfocan hacia los oscuros impulsos y el tormento psicológico de los asesinos, la corrupción y el funcionamiento descarnado de la sociedad y la violencia estructural que rodea el acto delictivo.
La vorágine, la novela de Colombia
La Vorágine, escrita por José Eustasio Rivera, es una obra cumbre del realismo social latinoamericano. Narra la brutalidad de la fiebre del caucho en la Amazonia, donde los colonos e indígenas sufrían esclavitud y tratos inhumanos por parte de los grandes magnates. Más allá de la ficción, Rivera actuó como investigador y expuso las atrocidades y la explotación real de los trabajadores caucheros a finales del siglo XIX y principios del XX. Esta denuncia hacía referencia también a un espacio natural que se había convertido en un sistema opresivo que devoraba a los hombres física y psicológicamente, evidenciado en la famosa frase de cierre: «¡Los devoró la selva!». El libro estableció las bases de la novela indigenista y de denuncia en América Latina.
Enrique Amorim, de lo rural a lo urbano
El escritor uruguayo Enrique Amorim, que provenía de una familia de estancieros adinerados, utilizó su obra y su posición económica para denunciar la explotación rural y apoyar las causas populares.
En El caballo y su sombra (1941) utiliza la figura de un caballo pura sangre importado para simbolizar la tensión de clases en el latifundio. El caballo de élite representa el espejismo de la modernidad y la opulencia de la oligarquía terrateniente, mientras que su sombra simboliza el atraso, la dependencia y la realidad marginada de los trabajadores rurales. Esta novela marcó una etapa en el contexto del realismo social latinoamericano, al abandonar el costumbrismo folclórico o romántico y enfocarse en los conflictos sociopolíticos reales de la época.
La novela Eva Burgos (1960) representa el paso del realismo social rural hacia el ámbito urbano. Fue publicada el mismo año de su muerte. En esta ocasión abandonó el mundo rural para trasladar la lupa social a la ciudad y a balnearios lujosos como Punta del Este. El autor utiliza este entorno para desenmascarar la hipocresía, la alienación y la falsedad de la burguesía y las clases altas.
La trama sigue las aventuras y desventuras de Eva Burgos, una mujer atrapada por un sistema cruel. La protagonista sufre el desamparo social por su condición de huérfana y es forzada a ejercer la prostitución, sirviendo como una dura crítica del autor hacia cómo la sociedad rica consume y destruye a los más débiles.
La vertiente española del realismo social
Armando López Salinas fue uno de los escritores más relevantes del realismo social español. Pero sus obras fueron sistemáticamente prohibidas por la dictadura franquista. Su primera novela Año tras año recibió el Premio Antonio Machado en 1962, que concedía la editorial Ruedo Ibérico en París, pero no pudo ser publicada en España por “atentar contra el régimen y sus instituciones” y por ser “claramente filocomunista”, como decía el informe de censura. Año tras año se nos presenta como un fresco de la posguerra en Madrid, reconstruyendo un tiempo, si no olvidado, al menos sí arrinconado, que llega hasta principios de los años 50. A lo largo de sus páginas nos topamos con personajes representativos de la época que van configurando la visión de una época; los obreros y sus condiciones de trabajo, la supervivencia de la gente sencilla, el falangista desengañado, el viejo luchador anarquista… formando así un relato de casi 15 años de la historia de España a través de un estilo apegado a la “novela colectiva”; en palabras del propio autor “más que de personas determinadas, de personas en situación”. Dyskolo la rescató del olvido en formato digital y con una licencia libre. Otro buen ejemplo es Una historia familiar.
Un relato ambientado al término de la guerra civil. Luis, un niño de doce años, es enviado por su madre a casa de sus abuelos en un pueblo de Navarra. Su padre acaba de ser encarcelado por sus ideas republicanas y el abuelo, católico integrista y defensor del más rancio tradicionalismo español, quiere hacer al nieto a su imagen y semejanza.
Unos años antes Manuel Ciges Aparicio, intelectual cercano a la Generación del 98, utilizó sus crónicas periodísticas para romper con la literatura puramente idílica o burguesa de su tiempo, inaugurando una corriente cruda y comprometida que se conoce como “novela-reportaje” o “crónica social de denuncia”. Ahí podemos incluir, sin duda, Los vencedores. Un libro a medio camino entre el reportaje y la novela social donde el narrador ira desvelando no solo el absoluto control al que están sometidos los trabajadores en una localidad minera sino también el claustrofóbico dominio cultural, religioso y social en el que viven los vecinos.
En el caso de Carmen de Burgos y su novela póstuma Puñal de claveles (1931), el vínculo con el realismo social se da a través de una firme denuncia feminista y social contra el patriarcado rural. A partir de un hecho real, el famoso crimen del Cortijo del Fraile de 1928 en Almería, la autora construye una historia en la que una novia se fuga con su verdadero amor horas antes de su boda pactada, desatando una tragedia familiar. De ese modo da curso a una firme denuncia feminista y social contra el patriarcado rural, que sirve para criticar cómo las convenciones sociales aplastaban la libertad de las mujeres. Esta misma historia real inspiró a Federico García Lorca para escribir su famosísima obra de teatro Bodas de sangre, pero Carmen de Burgos escribió su novela un año antes que él.

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