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Enterrados vivos en la oscuridad sin escapatoria fuerzas invisibles con intenciones demoníacas que controlan tu mente y tu cuerpo y objetos corrientes con poderes sobrenaturales que dejan a su paso muerte y destrucción el miedo Una emoción universal. Una emoción humana esencial para nuestra supervivencia. Nuestro instinto de mantenernos a salvo está diseñado para protegernos de peligros reales e imaginarios. Podemos sobresaltarnos o sentir cierta emoción con ruidos fuertes, lugares oscuros o espacios cerrados. Pero ¿qué ocurre cuando lo que parece una pesadilla no es un sueño, sino la aterradora realidad? Eso vamos a intentar descubrir. Inexplicable. El origen del miedo. En todo el mundo, las distintas culturas contemplan un periodo de duelo entre la muerte de una persona y el momento de su entierro. Es un tiempo para rendirle homenaje, asumir la pérdida y, en algunos casos, apaciguar el miedo a que el difunto pueda seguir con vida y sea enterrado prematuramente.
El miedo a ser enterrado vivo fue un temor bastante común hasta que las prácticas médicas del siglo XX redujeron al número de personas enterradas vivas. Era algo frecuente en la Europa y la América de los siglos XVIII y XIX, sobre todo por las prácticas médicas y funerarias de la época. Entonces, los diagnósticos médicos podían fallar. Y algunas personas eran enterradas vivas. Esas historias se difundían rápidamente y cundió el pánico. En el siglo XIX, el miedo a ser enterrado vivo se debía en parte a que era la época del cólera. El cólera provoca graves diarreas que pueden agotar los electrolitos del cuerpo y en casos extremos inducir un coma. A veces, la persona parecía muerta cuando en realidad se encontraba en un estado vegetativo del que podía recuperarse, pero si las enterraban, estaban vivas y sufrían una muerte terrible.
La idea de quedar atrapado en una caja de madera bajo toneladas de tierra y sin posibilidad de escapar estaba tan extendida que este miedo llegó incluso a recibir el nombre de tafofobia. La tafofobia es el miedo a ser enterrado vivo. A Edgar Allan Poe, que escribió sobre ese tema, le aterrorizaba la idea de ser enterrado vivo. Frédéric Chopin, el compositor, quería que lo apuñalaran y se desangrara para demostrar que realmente estaba muerto. Y George Washington tenía tanto miedo de ser enterrado vivo que puso en su testamento que su cuerpo debía permanecer tres días en la cama tras su muerte. para asegurarse de que no despertaba. Hacia la década de 1890, se estimaba que un 2% de los fallecidos eran enterrados vivos. Sin duda es una gran exageración. Pero en aquella época, la creencia era tan fuerte que incluso se fundaron organizaciones como la Asociación Londinense para la Prevención del Entierro Prematuro en 1896, que presionó al Parlamento para exigir a los médicos que se aseguraran de que la persona estaba muerta.
A pesar de los esfuerzos de los médicos, en aquella época era difícil saber si una persona estaba viva o muerta. Para tranquilizar a la población, las autoridades europeas se vieron obligadas a tomar medidas drásticas. Viena, Austria. Dentro de esta histórica ciudad se encuentra el cementerio central de Viena, el segundo cementerio más grande del mundo. En el centro se alza un pequeño edificio que hoy alberga un museo. Pero en el siglo XIX era conocido como la Leichenhaus. La Leichenhaus era una especie de morgue donde los cadáveres se conservaban durante unos tres días y eran vigilados para asegurarse de que la persona realmente estaba muerta y no iba a ser enterrada en un estado de coma o catalepsia. Leichenhaus, los enterradores se aseguraban de que nadie fuera enterrado vivo. Se utilizaban varias técnicas, como atravesar el corazón con un cuchillo.

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