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Documentales Sonoros · Aug 15, 2026

Crímenes T6: El asesino de la pandemia · La última deuda

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Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.

Que veréis en este programa ha pasado. Los hechos, los nombres y los lugares son reales. En algunas descripciones este programa podría herir sensibilidades. La realidad y la muerte no tienen sensibilidades. Hola, soy Carles Porta. Gracias por acompañarnos. ¿Recordáis la primavera de 2020? La pandemia del COVID-19 había vaciado las calles e intentábamos protegernos del virus dentro de nuestros domicilios. Pero no todo el mundo tiene casa. En Barcelona, a la pandemia se le sumó un asesino en serie que mataba a personas que dormían en la calle. ¿Quién era? ¿Por qué mataba? ¿Y cómo lo atraparon? Intentaremos poner luz en la oscuridad. Empezamos. Crímenes. La Organización Mundial de la Salud ha confirmado que el coronavirus ya puede definirse como pandemia por la rápida extensión geográfica del brote. En Italia, los contagiados por el coronavirus ya superan las 130 personas.

El gobierno ha endurecido las medidas para evitar la propagación de la enfermedad porque se está extendiendo más deprisa de lo que se pensaba. Tenía una caravana en la carretera que va desde la floresta a las planas. Hay cuatro casas contadas en medio del bosque, en medio de la nada. Estaba yo allí encantado de la vida. En Francia, el cierre de escuelas en algunas zonas ha dejado a 300.000 alumnos sin clase. Llevaba ya cuatro años viviendo allí. En los últimos dos o tres meses ya me habían entrado a robar. Otro día también me encontré la puerta abierta medio forzada y evidentemente esto ya me daba cierta inseguridad. El coronavirus se sigue extendiendo y esta noche se ha confirmado un primer caso en España. Decidí venderla porque no me sentía seguro. El primer caso de coronavirus en Cataluña es una mujer de 36 años, de nacionalidad italiana, que vive en Barcelona y en Brasil.

Las autoridades sanitarias advierten de que lo peor está por venir e insisten en cumplir de manera estricta las medidas de confinamiento y así ralentizar el crecimiento. Pasamos de una ciudad eléctrica, la Barcelona de los hurtos, de los robos violentos, de la actividad del turismo, a una ciudad prácticamente sin vida. La pandemia ha aumentado el número de personas que se han quedado sin hogar. Sobre la población de personas que viven en la calle, son unos 1.200 ciudadanos que están por debajo de los umbrales de la pobreza, cuyo patrimonio son cuatro cartones, dos mantas que les han dado los servicios sociales y lo que llevan encima. Les tenemos que intentar persuadir de la importancia que tenía que entre ellos no se relacionaran, aunque su vida estaba en la calle. Respetad las distancias para evitar los contagios.

Durante la noche, aquellas personas estaban, a su suerte, en un entorno en el que, si les pasaba algo, no tenían a nadie a quien pedir ayuda. Son la evidencia de la marginalidad. Todo el mundo se ha encerrado en casa y los sin techos se han encontrado de golpe con una ciudad vacía. Es normal que si hay una epidemia así, pues se tomen estas decisiones de que no salga la gente a la calle. Me parece correcto. Ahora, los que por desgracia no tenemos casa, pues mira, nos toca sufrir lo que nos toca. En el estado de alarma, pues estás más intranquilo. No ves ni un alma, solamente ves a la gente que pasea con el perro y cuando ha paseado el perro, ¡pum!, para casa. O sea, una ciudad desierta. Tengo unos cartones, tengo una esterilla. Y luego una manta, y me tapo y paso la noche en el sitio más escondido. Es lo peor dormir en la calle, porque me expongo mucho. Me expongo mucho a que me pillen un poco dormido y me hagan daño.

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