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Doble Piso · Aug 22, 2026

El valor de un pañuelito.

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Chino · Doble Piso

“Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo”.
- San Francisco de Asís.

Hace unos días, iba de camino al gimnasio acompañado de un amigo de toda la vida. Yo estaba medio resfriado por el cambio de clima, así que tuve que parar en un kiosco a comprar unos pañuelos descartables. Mi amigo también estaba resfriado y me pidió que le comprara un paquete, que costaba 500 pesos.

Después de comprar, le di sus carilinas y él sacó el celular para transferirme lo que habían costado. Pero inmediatamente le dije “dejá, no te hagas problema por 500 pesos”.

Mi amigo me frenó en seco y me preguntó “¿Si fueran 500 dólares, sí me los pedirías?”. Me reí, pero la pregunta me dejó pensando sobre mi actitud….

Fue una conversación que marcó toda mi semana, tal así que me llevó a repasar algunas últimas decisiones que estuve tomando con mis finanzas y llegué a la conclusión de que, efectivamente, estaba quitándole valor a la “plata chica”.

En un momento de mi carrera como inversor dejé de mirar mis carteras como dinero y empecé a prestar más atención a los porcentajes. Si una acción subía 30%, pensaba en el rendimiento y no tanto en cuántos dólares había ganado. Pero llegó un punto en el que fue inevitable volver a mirar los montos. Las variaciones porcentuales empezaron a representar cantidades que, años atrás, me hubieran parecido enormes.

Al mismo tiempo que volvía a darle importancia a cuánto dinero generaban mis inversiones, empecé a menospreciar lo que antes me parecía mucho. Cuando comencé en esto, ahorrar 200 dólares era todo un logro. Hoy pienso que es poco, ya que no impacta en mi vida. Pero el valor de esos $200 no cambió (ajustado por inflación), sino que siguen pudiendo pagar una comida en familia, ropa, un viaje con amigos o algún tratamiento médico.

Lo que cambió fue lo que esos $200 empezaron a significar para mí.

En economía existe un concepto llamado “utilidad marginal decreciente”, que explica que cuanto más tenemos, menor suele ser la utilidad que nos genera una unidad adicional de dinero.

Y psicológicamente pasa algo parecido. Nos acostumbramos a nuestro nuevo nivel de riqueza y nuestro punto de referencia cambia. Lo que antes era mucho empieza a parecernos normal, y lo que antes era importante empieza a parecernos poco…

Hay estudios que muestran que, después de un aumento de ingresos, buena parte del impacto inicial sobre nuestro bienestar se va reduciendo a medida que nos acostumbramos a la nueva situación. Lo que alguna vez fue un lujo se convierte en algo normal. De repente, empezás a vivir una “nueva normalidad” que, de a poquito, te lleva a olvidarte cuánto valorabas lo que tenías cuando empezaste.

Esas zapatillas que tanto significaban para vos cuando tenías el sueldo de un cadete dejaron de ser tan importantes ahora que te cuesta menos porque ya sos “team leader”.

No tiene que darse, necesariamente, un fuerte cambio en tus hábitos de consumo para olvidarte del valor que le tenías a ciertas “cosas más accesibles”. Los que vemos una inversión como estilo de vida, tenemos esa mirada puesta en la comitente más que en lo material, por lo que va más allá de algún bien particular.

Pero yo no quiero que “prosperar financieramente” me haga perder la capacidad de valorar pequeñas cantidades. Según la Fed, en el año pasado, el 37% de los adultos estadounidenses dijo que no podría cubrir completamente un gasto inesperado de 400 dólares utilizando efectivo, ahorros o una tarjeta que pudiera pagar inmediatamente.

Es un buen recordatorio de que lo que para uno puede parecer poco, para otra persona puede representar muchísimo.

Hace unos años yo ahorraba hasta en el almuerzo. Pensaba dos veces antes de gastar 10, 20 o 50 pesos porque sabía cuánto esfuerzo había detrás de cada peso y lo que significaba para mi futuro. Y ese chino más joven, que cuidaba cada “gasto hormiga”, también fue el que construyó el capital que hoy me permite preocuparme por mayores cantidades. No quiero olvidarme de eso. No quiero que tener más me haga mirar con desprecio lo que alguna vez valoré.

Que tu situación económica mejore no debería significar que cada vez necesites cantidades mayores para sentir que algo vale la pena. También debería significar aprender a seguir siendo agradecidos con las pequeñas cosas de la vida. Y sí, me refiero a “cosas” como un almuerzo o unos mates con una rica pastafrola casera, que tienen un costo monetario.

Los 500 pesos de las carilinas pueden representar cada vez menos dentro de mi patrimonio, pero no valen menos en la vida real. Y, sobre todo, no quiero que mi riqueza crezca más rápido que mi capacidad de valorar lo que tengo.

En mis comienzos, no subestimaba lo que tenía. Siempre creí que tenía mucho. Cuando llegué a mis primeros 10 mil dólares, sentía que estaba logrando un gran éxito financiero y que, si hacía buenas inversiones, con ese dinero podía cambiar mi vida. Hoy sé que 10 mil no son una fortuna, pero tampoco necesito que lo sean para reconocer lo que significaron para mí. Fue el capital con el que empecé a construir algo mucho más grande.

Y cuánto es poco? La respuesta depende de dónde estés parado. Puede parecerte poco lo que hoy tenés, pero con ese poco podés empezar a ahorrar, invertir, pagar una deuda, aprender algo, ayudar a alguien o simplemente darte un poco de tranquilidad. No necesitás tener mucho para que lo que tenés empiece a trabajar a tu favor.

No hace falta engañarse y pensar que 500 pesos son una fortuna. Pero tampoco hace falta tratarlos como si no significaran nada. Cuidá esos primeros ahorros, ese pequeño porcentaje que podés invertir, ese sueldo que hoy te parece insuficiente. Porque quizás no cambien tu vida este año, pero pueden ser el comienzo de algo que sí la cambie dentro de algunos años.

Creo que el equilibrio está en no darle al dinero un poder que no tiene, pero tampoco quitarle el valor que sí tiene.

No quiero que el crecimiento de mi patrimonio me haga olvidar lo que significaban para mí (y lo que siguen significando para otros) 500 pesos. Y tampoco quiero esperar a tener más para sentir que recién ahí tengo “algo”, basando mi identidad en eso.

Hoy creo que la verdadera riqueza se basa en aprender a mirar lo que tenemos y decir “puede parecer poco, pero sé lo mucho que puedo hacer con esto”.

Muchas gracias por compartir conmigo otra reflexión.

Que tengas un buen fin de semana, nos estamos leyendo.

Abrazo,
Chino

Read the original on doblepiso.substack.com

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