Me lesioné la muñeca derecha hace diez días, al caerme luego de una jugada de fulbito que fue una tontería.
Acabábamos de empatar el partido y queríamos aprovechar el estado anímico para ganarlo faltando pocos minutos para que acabe. La verdad que no se definía nada muy importante, pero con las pasiones encendidas quise llegar a una pelota que podría haber terminado en un centro de gol.
Las probabilidades de hacerlo eran bajas. Si hoy me preguntan, pensando en el costo de oportunidad, claramente fue mayor el costo de haberme lesionado que el beneficio posible de haber hecho ese gol, pero tengo a mi favor que era muy poco el tiempo que tuve para decidir.
El hecho es que me doblé la mano y que me generó algunas complicaciones, además de dolor en los siguientes días. Pero sobretodo, me ha generado varios aprendizajes.
Aprendí que lo que tengo es un esguince de grado medio, para el que la recomendación de vendar la mano en principio no me hacía sentido, pues presionaría la hinchazón.
Aprendí que al vendar la mano se reduce la movilidad, evitando la sensación de dolor y permitiendo descansar a todos los ligamentos para su recuperación.
Aprendí que al notar la venda recordaba que no debía usar esa mano para actividades en las que usualmente la hubiera empleado, como cepillarme los dientes, abotonarme la camisa o levantar una taza.
Aprendí que con un poco más de esfuerzo y paciencia mi otra mano puede ser gran protagonista.
Aprendí que cuando uno no tiene tiempo suficiente para usar la razón antes de decidir, lo mínimo que debe hacer es usarla todo el tiempo que sea necesario para aprender de las decisiones (este párrafo me tomó escribir más que todos los demás, de lejos).
Aprendí, o puedo decir recordé, lo valioso que es contar con todas mis capacidades, aun cuando sólo se haya tratado de una mano, y por pocos días.
Aprendí, o validé, la potencia comunicativa de lo visual para las personas: a nadie le tuve que explicar por qué les daba la mano izquierda en lugar de la derecha para saludar. Ya lo sabían.
Aprendí que casi todas las personas preguntan qué le pasó a uno cuando ven algo así, muchas veces por cortesía, pero varias otras con real preocupación.
Por todo esto es que aunque ya casi no la necesito, me dan ganas de seguir usando la venda, pues no quiero olvidarme de todo lo que aprendí.
Sabiendo que esto no será muy práctico, escribo esto para intentar recordarme a mí y ojalá a alguien más, que a veces sólo necesitamos vendar por algunos días eso que duele.
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