No sé si lo he encontrado, pero sí que lo necesito — porque sin ritmo no logro encontrar el orden en el que puedo vivir mi vida y construir la persona que debería llegar a ser.
Existe un ritmo en la escritura. Una palabra. Una frase inspiradora. Un párrafo que explique una idea entera. Existe un ritmo en ese texto que está basado en la razón pero a la vez puede evocar emociones — y ojalá acciones. Existe siempre un inicio. Existe siempre un final. Y existe todo lo que está en el medio.
Existe un ritmo en el día. Dormir, leer, meditar, hacer ejercicio, comer, trabajar, comer de nuevo, dormir.
Existe un ritmo en la semana. Trabajar para vivir, o vivir para trabajar. Están los días “laborales”, pero también los fines de semana — creaciones tan ficticias pero tan potentes que no puedo dejar de ver los lunes en rosado y los sábados en amarillo, o peor aún, que los viernes saben mejor solo por ser viernes
Existe un ritmo en la vida. Nacer, crecer, reproducir (o al menos producir), morir. Ser hijo, ser padre y volver a ser hijo. Estudiante, profesional, tal vez emprendedor y con suerte dueño de una compañía, para entender que uno quiere ser de nuevo estudiante, con los mismos sueños de servir y salvar el mundo.
Existe un ritmo más, que creo pocos llegan a descubrir y luego entender. Primero soy yo. Casi naturalmente paso al nosotros. Cuesta llegar al ellos. Entiendo que somos todos. Era uno.
Yo no sé cuál es mi ritmo pero sé que siempre necesito uno — y siempre lo estaré buscando, hasta que esta canción se termine.
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