¡Hola! Soy Mercedes, creadora de Desde Cero.
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La semana pasada nos fuimos a recorrer Mendoza, una de esas paradas que teníamos marcadas en el mapa desde que llegamos a Argentina. Estuvimos cinco días, de martes a sábado, y nos la tomamos como una escapada gastro-cultural.
Reservamos todo con antelación: vuelos, hotel y actividades a través de una agencia. Aquí te dejo todo el recorrido, por si estás pensando en visitar esta zona y no sabes por dónde empezar:
El primer día llegamos temprano, hicimos check-in en el hotel y decidimos explorar la ciudad por nuestra cuenta. Empezamos el día con un desayuno en Bröd, una cafetería de especialidad con varias sedes en la ciudad.
Recorrimos el centro: la Plaza Independencia, la calle peatonal Sarmiento, el Parque General San Martín (con su Rosedal, que me recordó al de los bosques de Palermo en Buenos Aires) y bordeamos el lago.
Al mediodía fuimos a comer a la calle Arístides Villanueva, una de las zonas más animadas de la ciudad, y comimos en Chachingo, donde sirven cerveza artesanal.
Por la noche volvimos a Arístides para aprovechar el happy hour. Es muy curioso cómo se vive esta época del año en Mendoza, entre graduaciones, bodas y despedidas de soltero, donde es habitual ver grupos celebrando en furgonetas, coches o hasta subidos en maleteros, saludando por la ciudad mientras la gente les pita desde sus coches.
Este día comenzó con la visita a Chocolezza, una fábrica de chocolates local. Probamos alfajores de todos los sabores, además de otros dulces, y conocimos su proceso de producción.
La segunda parada fue la destilería Hilbing & Franke, en Luján de Cuyo. Reconocida por su gin, grappa y brandy, hicimos una cata completita a las 11 de la mañana (muy pronto para el cuerpo, pero todo sea por la cultura 🍸).
Y la última parada del día fue en la bodega Florio, cerca de Maipú, donde hicimos una degustación de vinos dulces, blancos y tintos, acompañados de pan con pasta de aceitunas y un helado de zambayón. Para cerrar, empanadas mendocinas de carne con mucha cebolla y huevo duro.
El resto del día lo dedicamos a descansar en el hotel y volver a Arístides a tomar algo.
Tocaba día más cultural. Iniciamos el día por la ciudad antigua, donde Mendoza fue fundada en 1561. Nos explicaron cómo, tras varios terremotos (especialmente el de 1861), la ciudad se fue diseñando con muchas plazas y parques para mitigar riesgos sísmicos.
Después, paseamos por la Alameda hasta llegar al microcentro. Visitamos las calles principales, la Plaza Independencia, la calle Emilio Civit y el Memorial de la Bandera, en homenaje al General San Martín.
Seguimos por el Parque San Martín, subimos al Cerro de la Gloria, con su emblemático monumento, y terminamos en el Santuario de la Virgen de Lourdes, en El Challao. Todo esto gracias al tour en furgoneta, porque de otra forma no podríamos haber llegado a tantos sitios.
Al mediodía comimos en El Asadito, en la peatonal Sarmiento (muy rico, por cierto), y por la noche terminamos el día en Caché Bistró, un sitio de picoteo y vinos donde probamos de todo: empanadas, picada y copas de vino.
Por la mañana fuimos a Macanudo, una cafetería muy chula con decoración ecléctica y café de especialidad.
Después, visitamos dos centros de arte contemporáneo con entrada gratuita:
Espacio Eliana Molinelli
Museo Carlos Alonso
Por la tarde vino el plato fuerte del viaje: el tour de bodegas por la región de Maipú.
Vistandes: muy moderna, con una estética preciosa. Probamos varios vinos: blancos, tintos, Malbec, Cabernet...
Pasrai: fábrica de aceite de oliva. Degustamos sus variedades con pan, pastas de aceituna, tomate o zanahoria. Me fliparon los aceites saborizados.
Bodega Don Arturo: más tradicional, familiar y encantadora.
Acabamos con una caja de vinos para repartir entre familia y amigos.
Y, por último, cerramos el día cenando en Patio de Jesús María, otro restaurante de carnes muy top.
Último día tranquilo. Desayuno, paseo, cafecito y de vuelta a Buenos Aires con las pilas cargadas.
Mendoza me ha recordado mucho a casa, a España. También especialmente a a Almería: tierra seca, desértica, montañosa, con olivos, almendros y viñedos. Me quedo con ganas de explorar más la parte de naturaleza, pero eso lo dejo para la próxima.
Si estás pensando en escaparte a Mendoza, te lo recomiendo al 100%. Y si te animas, cuéntame qué tal tu experiencia 😊
¡Nos leemos en la próxima edición! 👀
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Y si tienes alguna duda, curiosidad o recomendación no dudes en dejar un comentario o enviarme un mensaje, ¡estaré encantada de responderte!
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