Lee el podcast de De Què Parlem? T23 (Ed. 556): Superando bloqueos creativos
Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.
Planta 23, ¿verdad? Sí, la del botón rojo. Ese conserje me ha dado escalofríos. Lo que no entiendo es por qué ha dicho que si se para en otra planta cerremos los ojos y no miremos. Habrá visto muchas películas. Planta 8, donde los lunes duran 5 días. ¿Cómo? ¿5 días? ¡Cierra los ojos, Eva! ¿Qué está pasando? ¡No mires! ¡Me estoy asustando de verdad! ¡Quiero mirar! ¡No! ¡Ya queda poco! ¿Pero qué? ¡No me fastidies! ¡Cierra la puerta! ¡Corre! Hay historias que mejor olvidar y otras que merecen ser contadas. Nos escuchamos en el De Que Parlem los miércoles a las 10 de la noche cada dos semanas en Radio Nova. Más info en dequeparlem.net Un miércoles sin De Que Parlem no es un miércoles. Aitor, algo se mueve a tu lado. ¿Qué? Hola.
¿Lo oís? Eso que suena ahora mismo no es un fallo técnico. No es que se haya roto nada ni que alguien se haya olvidado de subir el volumen. Eso que suena es el silencio de una idea que no llega.
Bienvenidos y bienvenidas a un De Que Parlem un tanto atípico. Hoy no empezamos con una entrevista, ni con una voz invitada, ni con una escaleta perfectamente cerrada. Hoy empezamos con algo mucho más humano. Una hoja en blanco.
Porque a veces pasa, tienes intención, tienes ganas, tienes incluso algunas ideas rondando por la cabeza, pero cuando llega el momento de darles forma, todo parece quedarse quieto, como si alguien hubiera bajado una persiana dentro de la mente. Y quizá por eso hoy tiene sentido hablar precisamente de esto, del bloqueo, de ese momento en el que quieres avanzar.
Pero no sabes por dónde. De esa sensación extraña de tener algo dentro, pero no encontrar la manera de sacarlo. Y no, esto no les pasa solo a los artistas. No es solo cosa de escritores, de músicos, de pintores o guionistas. El bloqueo creativo también aparece cuando tienes que redactar un correo importante y llevas 20 minutos cambiando la primera frase.
Aparece cuando tienes que resolver un problema en el trabajo y solo ves las mismas soluciones de siempre. Aparece cuando quieres preparar una presentación, tomar una decisión o simplemente darle un poco de aire nuevo a una vida que se ha vuelto demasiado repetitiva.
Porque la creatividad no solo es hacer arte, también es encontrar caminos. Es explicar mejor, resolver con pocos recursos, es mirar algo conocido y descubrir una posibilidad distinta. Muchas veces creemos que el bloqueo es falta de ideas, pero quizás no sea eso. Quizás no estemos vacíos como pensamos, quizás estemos demasiado llenos.
Llenos de ruido, de prisas, de expectativas, de pantallas, de comparaciones, de exigencias, de esa voz interna que juzga una idea antes incluso de que pueda nacer.
Vivimos rodeados de estímulos. Todo el día viendo cosas, escuchando cosas, saltando de una notificación a otra, de un vídeo a otro, de una opinión a otra. Tenemos más información que nunca, más referencias que nunca, más herramientas que nunca, pero quizá menos espacio que nunca para pensar.
Y una idea necesita espacio. No siempre llega como una revelación brillante. A veces llega bajito, casi escondida, en forma de una frase suelta, de un recuerdo, de una imagen rara, de conexión absurda con otras dos cosas que parecían no tener nada que ver. Pero si estamos todo el día corriendo, consumiendo, respondiendo, comparando, produciendo, ¿dónde va a aterrizar esa idea? El cerebro no nos traiciona, aunque a veces lo parezca.
En realidad intenta protegernos. Intenta evitar errores, ahorrar energía, a no exponernos demasiado. El problema es que crear implica justo lo contrario. Probar, fallar, tachar, empezar mal, no tener garantías. Y ahí precisamente nace el conflicto. Una parte de nosotros quiere crear. Otra parte no quiere equivocarse.
Una parte quiere explorar pero otra pide seguridad una parte quiere decir algo nuevo pero otra y si no gusta y si no sirve y si hago el ridículo y sin darnos cuenta amigos

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