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Cuentos encantados · Oct 23, 2025

La historia de Anita, la paje Valiente

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Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.

¡Hola amiguitos! ¿Cómo estáis? Volvemos después de tanto tiempo porque tenemos un cuento maravilloso que contaros hoy. Se trata de la historia de la paje Anita, una de las pajes favoritas de los reyes magos. Pero antes queremos recordar a vuestros papás que si os encantan los cuentos y la magia, se pasen por nuestra web cartasencantadas.com, porque descubrirán cosas increíbles y además con cada pedido regalamos acceso a muchísimos cuentos más.

Tenéis más información en la descripción del episodio. Y ahora vamos con el cuento. La historia de Anita, la paje valiente. Anita vivía en un pequeño pueblo de montaña, rodeado de nieve en invierno y campos de flores en primavera. Era un lugar tranquilo, donde todos se conocían y los días pasaban entre meriendas con chocolate caliente, juegos en la plaza y cuentos junto a la chimenea. Desde muy pequeña, Anita había demostrado tener una enorme curiosidad.

Le encantaba hacer preguntas, explorar caminos nuevos y ayudar a todo el mundo. Era de esas niñas que no se quedaban quietas ni un segundo y que siempre llevaban una libreta colgando del cuello para apuntar sus ideas. Cada navidad, Anita esperaba con emoción la llegada de los reyes magos. Ella no pedía muchos juguetes, lo que más deseaba era recibir una carta. Una carta escrita por ellos. Pero cada año, aunque los regalos llegaban puntuales, la carta nunca aparecía.

Tal vez estén muy ocupados, le decía a su abuela. No es fácil visitar tantas casas en una sola noche. Anita asentía, pero en su interior se prometía que algún día encontraría una forma de hablar con ellos. Una tarde de diciembre, mientras paseaba por el bosque que rodeaba a su pueblo, Anita escuchó un ruido extraño. Era como un crujido, seguido de un suave quejido. Se agachó tras unos arbustos y descubrió algo que la dejó sin aliento.

Un pequeño camello, joven y asustado, con una patita atrapada entre unas ramas.

—¡Ay, pobrecito! —susurró. Se acercó con cuidado, hablándole en voz baja para no asustarlo. Llevaba siempre una bufanda roja que su abuela le había tejido. Se la quitó y la puso como cuerda para aflojar las ramas. El camello se quejó un poco, pero pronto quedó libre. Cojeaba ligeramente.

—¿Dónde está tu dueño? —preguntó Anita. El animal llevaba un pequeño cascabel dorado colgando del cuello, y su piel olía a canela. —Tú no eres de por aquí —pensó Anita.

Decidió llevarlo a su casa. Su madre se sorprendió, pero viéndolo decidida que estaba Anita, le ayudó a preparar un pequeño refugio en el cobertizo.

Esa noche la niña no durmió. Estaba convencida de que el camello debía pertenecer a los reyes magos, pero… ¿cómo devolverlo? A la mañana siguiente, mientras alimentaba al animal con zanahorias, escuchó un golpe suave en la puerta trasera. Al abrirla, se encontró con dos figuras encapuchadas. Uno era un hombre alto, con barba negra como la noche. El otro era más bajo, con manos arrugadas y ojos brillantes. —¿Tú eres Anita? —preguntó el más alto.

Ella asintió sin apartar la vista. —Venimos por nuestro amigo —dijo el otro.

Se llama Rayo. —¿Sois…? —preguntó ella.

—No podemos decir nuestros nombres, pero… trabajamos muy cerca de tres personas que tú admiras mucho —respondió el alto con una sonrisa.

Anita no dudó. Los llevó al cobertizo. Rayo relinchó feliz al verlos.

—Lo cuidaste bien —dijo el de la barba. Muy pocos niños habrían hecho lo que tú hiciste. —Yo solo…

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