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Cuento contigo · May 14, 2026

7x01 El gitano que hay en mi (III). Ted Simon

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Lee el podcast de 7x01 El gitano que hay en mi (III). Ted Simon

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Hola, ¿qué tal? ¿Cómo estáis? Bienvenidos. Prepararos una vez más para un viaje inolvidable en una nueva edición del podcast Cuento Contigo. Mi nombre es Josep y como siempre agradecer vuestra presencia y ayuda a este podcast de entretenimiento con vuestros comentarios y me gusta.

Agradecemos la colaboración de Interfolio Libros, Ricardo Fité, Sonia Barbosa, Ramón Parreño, La Mala Suerte Ediciones y Alicia Sornosa por su colaboración con este podcast. En este episodio también queremos agradecer a Sergio, que desde Grado, en Asturias, nos hizo llegar desinteresadamente un par de libros para colaborar con el podcast.

Muchísimas gracias, Sergio. ¡Comenzamos! Como ya habréis leído en el título del episodio, volvemos con Ted Simon y el gitano que hay en mí. En el capítulo anterior, Ted nos contaba cómo fue su adolescencia y juventud en una Europa cuanto menos convulsa, con su madre intentando que Ted estuviera lo más seguro posible, llevándolo del Reino Unido a Alemania y vuelta atrás. Ahora seguimos con los preparativos del viaje, pero dejemos que sea Ted quien nos lo cuente.

Capítulo tercero La pregunta que no me hice al comenzar fue aquella que la gente suele poner al principio de la lista al emprender un viaje. ¿Quién se viene conmigo? Casi nunca he viajado en compañía y siempre he pensado que cargar con alguien más era una supina tontería.

¿Por qué? Pues porque por muy compatibles, emprendedores, inteligentes y sabios que puedan ser tus compañeros de viaje, siempre hablarán tu idioma, compartirán algo de tu cultura y tendrán expectativas acerca de tu comportamiento. Siempre arrastrarás parte de tu entorno contigo. Hay quien le gusta viajar así.

Si pudieran, llevarían consigo cuanto poseen, incluido el fregadero y el agua suficiente para llenarlo dos veces al día. He visto autocaravanas rodeadas de césped artificial, vallitas de madera y gnomos de jardín, con unos letreros de calle monísimos plantadas en medio del desierto de Mojave.

O en una playa mexicana, con unos generadores ronroneando de emoción y los televisores parpadeando tras las ventanas. Y estaba claro que los propietarios estaban teniendo exactamente la experiencia que querían tener. Pero eso no es lo que yo quiero.

Mi idea del viaje es la de zamullirme en tierras y culturas extrañas con la cantidad mínima de pertrechos necesaria para sobrevivir. Llegar con una sola persona que hable mi propio idioma crea una barrera entre los extraños y yo. Siempre he asumido que las cosas son así, y creo que llegué a esta forma de viajar más bien por accidente. Así fue como en 1948 escapé por primera vez de la deprimente Inglaterra de posguerra.

Me monté con la bicicleta en un ferry que cruzaba el Canal de la Mancha y seguí hasta el Mediterráneo. Ahora, por primera vez me pregunto por qué fui solo. ¿Llegué a considerar la posibilidad de buscar un amigo que me acompañara? Creo que no. ¿No resulta eso algo inusual para alguien de 17 años? ¿Cómo pude ir tan despreocupado, con mi francés del colegio y casi sin dinero, a atravesar un país que había sido devastado por la guerra tan recientemente? En todo caso, el viaje fue un tremendo éxito. Hice noche en un campo lleno de serpientes, me contaron después, en la celda de una cárcel de visita, en un castillo en ruinas y en lo que había sido un cuartel de la Gestapo. Y cuando vi por primera vez el Mediterráneo y confirmé que efectivamente era azul.

El éxtasis me dejó sin respiración. Así que, salvo cuando he estado más interesado en el romance que en la aventura, siempre he viajado solo. Ahora, de repente, me preguntaba si el hábito de la soledad no sería solo una capa protectora en el muro que, según crecía, había ido levantando a mi alrededor. Quizás, si había un molde o un patrón que romper, ayudaría a que yo lo rompiera también con estos hábitos.

A mi novia Ginny le apetecía apuntarse y no se achantaba en absoluto con la idea. Ella era una caminante nata, así que no cabe duda de que la parte física no supondría ningún problema para ella. Con todas aquellas dudas,

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