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Cuenca5sentidos · Aug 26, 2025

¿Un puente en medio de la nada?

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Cuenca5sentidos · Cuenca5sentidos

En ocasiones, lo más extraordinario no se alza sobre grandes avenidas ni aparece en guías turísticas.

Así ocurre con el Puente de Los Chorros, una estructura modesta en tamaño, pero monumental en historia. Situado en el término municipal de Huélamo (Cuenca), este viaducto de piedra caliza y sillería, sin barandillas, alza su arco sobre el río Almagrero, en lo que hoy parece un rincón olvidado… pero no lo fue siempre.

Allí donde ahora escuchas el agua y el viento, antes sonaban las herraduras, el crujir de los carros cargados de hierro, el balido de miles de ovejas y las órdenes de gancheros preparando las maderadas.


Este puente de apenas siete metros de altura fue, durante siglos, un paso estratégico que comunicaba Castilla con Aragón, por donde circulaban rutas comerciales, vías pecuarias, caminos militares y hasta acuerdos entre órdenes religiosas y señores feudales.

Construido en la Edad Media, probablemente bajo el dominio de la Encomienda Santiaguista de Huélamo, fue parte de una red logística que sostenía a toda la región.

Aquí no se cruzaba gratis: quien pasaba, pagaba. En monedas, o en especie. El portazgo era ley.


Además, desde este punto comenzaban las famosas «maderadas» por el río Júcar, una proeza de ingeniería fluvial y esfuerzo humano que llevaba los troncos desde los pinares de la sierra hasta tierras del interior peninsular. Y lo más increíble: aún puedes ver las marcas del pasado en sus piedras.

  1. No tiene barandillas: Su anchura de 4,3 metros al vacío lo hacía peligroso, pero funcional. Ideal para el paso de carros y ganado... si sabías mantener el equilibrio y la calma. ¡Ojo si vas con niños!

  2. Un puente con peaje: Aquí se cobraban los antiguos impuestos de portazgo (a personas y mercancías) y asadura (por el paso de rebaños).

  3. Testigo del hierro: El mineral de Sierra Menera se trabajaba en forjas cercanas. El puente era clave en la ruta del hierro hacia el interior de Castilla.

  4. Inicio de las maderadas: Desde este punto continuaban los viajes fluviales de los troncos por el Júcar hacia el Levante.

  5. Vestigios gancheros: Las «Cuevas de los Gancheros» cercanas servían de refugio a quienes guiaban las maderadas, una tradición recogida en la literatura española, como la extraordinaria novela de José Luis Sampedro El río que nos lleva.

  6. Marcas del pasado: Todavía se pueden ver garras de hierro incrustadas en la piedra, utilizadas para manipular o asegurar los troncos durante las maderadas.

  7. Punto de encuentro de Cañadas Reales: Aquí convergían rutas pecuarias como la de Albarracín o la de Rodrigo Ordaz, claves para la Mesta.

  8. Construcción híbrida: El arco es de dovelas de sillería (piedras talladas), mientras que el resto es de mampostería caliza. Un equilibrio perfecto entre técnica y economía de materiales.

    9. Parte de una vía histórica: Comunicaba Cuenca con Molina y el Señorío de Albarracín, formando parte de un antiguo camino de tierra apisonada al norte y empedrado al sur.

    10. Emplazamiento defensivo: Elegido no sólo por su accesibilidad, sino por ser un punto defendible ante posibles ataques o conflictos territoriales.

Como ves, cualquier piedra nos habla de su pasado, aunque algunos omiten esa narración y no le dan la importancia que tienen. Así va el patrimonio…

Si te quedas con ganas de más, una opción para conocer la zona y que hará que te explayes en parajes prémium de la Serranía de Cuenca es realizar el Tramo 2 o el 3, o los dos juntos, del Camino Natural del Júcar.

Read the original on cuenca5sentidos.substack.com

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