No por falta de tema, sino por exceso de ruido.
Después de una noche así, el ánimo público no está para leer con calma. Está para reclamar, bromear, justificar, celebrar o simplemente procesar lo vivido.
México volvió a regalarnos algo que varias generaciones esperaron durante más de 40 años: avanzar en una fase eliminatoria mundialista.
Hoy no toca analizarlo todo.
Toca agradecerle a la Selección Nacional por competir, emocionar y dejarnos una alegría que se queda en la memoria colectiva.
Una reflexión publicada en medio de este ruido corre el riesgo de convertirse en parte del ruido.
Prefiero no forzarla.
¡Hasta la próxima!

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