Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.
Hay historias que no caben en un titular, historias que duelen, pero que necesitamos contar.
En Historias que el mar susurra, Miguel Ángel Espada, autor y voz de Crónica en Negro, conversa con los fantasmas de la memoria.
A través de Gabriel Durán y Valeria Park Monpean, dos miradas que se cruzan frente al Mediterráneo, descubrimos que los crímenes reales no solo hablan de muerte, sino también de vida, de justicia y de empatía.
Un libro para quienes buscan comprender lo que se esconde bajo la superficie.
Historias que el mar susurra, de Miguel Ángel Espada. Ya disponible en Amazon.
Saludos, almas curiosas, que os atreváis a penetrar en los laberintos de la psique humana.
Juntos nos adentraremos en este viaje al corazón de la oscuridad, y os doy la más sincera bienvenida a Crónica en Negro.
Preparad vuestro espíritu porque en este espacio donde el tiempo se detiene, las luces se atenúan y las sombras del pasado, como ecosilentes, cobran vida para enseñarnos.
Acompañadme en este descenso, donde cada paso nos desvela los misterios más profundos de nuestra naturaleza.
Comienza, pues, este oscuro pasaje que habrá de inquietar tu descanso y poblar tus sueños de temibles pesadillas.
Esta es una historia real.
Por respeto a las víctimas, la historia se describe tal y como sucedió, basando la investigación en noticias y sentencias publicadas.
Las grabaciones sonoras que podréis escuchar durante el episodio son emisiones de cadenas públicas tratadas como citas a los eventos.
Estaba durmiendo, me suena el móvil, cojo un momento, no veo ni quién es, y me dicen que me llaman de la policía, de la Policía Nacional, que si anoche había estado en una cena de empresa, les dije que sí.
Y que, bueno, que si podía ir por allí porque había pasado algo. Pero les pedí que, por favor, me dijeran qué era, porque insistían que era algo grave.
Y en el momento me dijeron, Ana ha aparecido muerta en el portal.
En ese momento no me pensé. En plan, no me podía creer. Empecé a berrar, mataron a Ana, mataron a Ana. Y ya está.
Era en el día de mañana o así. Lo que me cuentan es que sí que muriera, pero no me cuentan de qué. Eso no me odio.
Pero me he encontrado que no me esperaba. Yo me esperaba que... Me esperaba lo que había podido pasar o quién había podido ser, pero me esperaba que en una discusión, en un golpe, se podía haber golpeado la cabeza.
Y veo que la habían acuchillado muchas veces.
A las 6.32 del sábado 17 de diciembre de 2016, se recibe una llamada en la sala operativa del 091 de un ciudadano que nos comunica que al regresar a su casa, que se encontró en el portal, justo al lado de los ascensores, una mujer joven en un charco enorme de sangre y que, según su apreciación, estaba fallecida.
Y efectivamente, al llegar allí, a las 6.35, comprueban que la llamada era verídica, que había una mujer joven en el suelo y que, en principio, a su entender, no estaba con vida.
En el suelo, alrededor de la víctima, en el charco de sangre, aparecían varios objetos y, entre ellos, la documentación con un DNI y se trataba de Ana María Jamio Jarrillo.
Muy fuerte, muy fuerte. No sé qué estamos haciendo que no está del todo bien.
Una chavala estupenda, trabajadora, con sus padres increíble, buenísima, trampaza. Y no merecía esto.
Y nada, ella empieza a ser consciente de lo que pasó y de lo que están buscando.
No lo supe ver antes, pero sí.

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