Buen domingo,
Hoy vamos directo, que el tema lo pide. Pero antes, gracias a vos que me mandaste tus pensamientos e ideas para los próximos cortitos. Ya lo estoy implementando.
Vamos cortito y al pie.
HOY CORTITO Y AL PIE:
Pensando: el antídoto contra el miedo
Leyendo: un extracto de Eduardo Galeano
Escuchando: Drexler
Para mirar: cómo usar el miedo a tu favor
Frase del día: Antonio Porchia
El cursor parpadea sobre el botón de “enviar”.
Es un mail. Uno solo. Lo escribiste hace veinte minutos y lo releíste seis veces. Está bien. Lo sabés. Y aun así, el dedo no baja. Y en la cabeza, mientras tanto, ya pasaron tres días donde te armaste una película entera con final incluido, sin haber apretado nada todavía.. “Me va a contestar cualquier cosa.” “Va a pensar que soy un atrevido.” “Mejor lo dejo para mañana.”
Es raro, si lo pensás. El mail tiene dos líneas. Tu cabeza le hizo una temporada completa.
Séneca le escribió a un amigo hace casi dos mil años algo que podría haber mandado hoy: sufrimos más en la imaginación que en la realidad. No es que el peligro no exista. Es que casi siempre es más chico de lo que lo agrandamos antes de llegar.
A ese miedo no se le gana pensando.
Lo intentás. Te sentás a analizarlo, a buscarle la vuelta, a esperar el día en que vas a estar seguro. Y el día no llega. Porque la seguridad no está antes. Está después. El miedo se desarma con una sola cosa: apretar enviar. En el segundo en que el mail se va, la película se corta. Entra la realidad. Y la realidad, casi siempre, es un mensaje que se contesta, una reunión que sigue, un lunes cualquiera. El monstruo que imaginaste no aparece. Ojo, a veces sí sale mal, claro. Pero ahí descubrís lo otro, que lo resolvés. Que del otro lado no había un abismo. Había un problema. Y los problemas se trabajan.
Por eso la confianza no viene a buscarte para que arranques. Viene después, cuando ya arrancaste, a traerte la prueba de que se podía. Primero el paso. Después la confianza. Nunca al revés.
El miedo no se va a ir. Va a estar cada vez que algo te importe de verdad. La cuestión no es dejar de sentirlo. Es aprender a apretar enviar con el miedo puesto.
Esta semana no es un libro entero. Es media página. “La función del arte / 1”, de Eduardo Galeano, en El libro de los abrazos. Es la historia de Diego, un nene que nunca había visto el mar.
Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
—¡Ayúdame a mirar!
La releo cuando me doy cuenta de que estoy mirando sin ver. Galeano hace eso…en seis líneas te devuelve los ojos.
Si conocés a alguien que le pueda sumar el cortito de hoy enviale el link
Bien de domingo. Dato de color si no sabías, Drexler es médico. Tenía la vida resuelta y previsible. Un día agarró la guitarra, se fue a España y apostó todo a la música. Años después fue el primer uruguayo en ganar un Óscar.
Apuntar a la perfección con cada cosa que hacemos, nos mantiene estancados y nos impide avanzar. Porque, tanto en la vida como en los negocios, los fracasos nos ayudan a aprender y mejorar para alcanzar lo que queremos. En este video te cuento cómo.
“Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.”

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