Buen domingo,
Antes de arrancar, dos cosas:
1) No hubo cortito los últimos dos findes, sepa disculpar, a veces la vida se interpone en los planes. Cuando me pasa, me parece un buen recordatorio de que atrás de este correo hay un ser humano que crea y que a veces no llega.
2) Recordatorio para quienes tienen su negocio funcionando, el miércoles es el último día para sumarte a Negocios Exitosos. Si venís dándole vueltas a tu negocio, si querés avanzar más en 7 semanas de lo que harías en 3 años, aplicá ahora. Queda un puñado de becas disponibles, pero no por mucho. Esta es la última oportunidad de acceder y no vuelve hasta 2027. En tres días y se cierra la puerta hasta el año que viene. Hacé click acá para aplicar.
Ahora sí.
Vamos cortito y al pie.
Pensando: Por qué nos molesta tanto que a otros les vaya bien
Leyendo: Luke Burgis
Escuchando: Playlist dominguera.
Para mirar: Alain de Botton
Frase del día: Ralph Waldo Emerson
Hace tres semanas terminó Envidiosa en Netflix. Una serie Argentina con cuatro temporadas (de 2024 a 2026), creada por Carolina Aguirre y protagonizada por Griselda Siciliani. Se volvió fenómeno cultural y no por casualidad. La serie le puso nombre a algo que muchísima gente está viviendo y no se anima a decir en voz alta.
Vicky, la protagonista, tiene 40 y pico. La deja su pareja de diez años para casarse con alguien más joven. Sus amigas, mientras tanto, están todas en distintas versiones de “la vida que toca”: casamientos, hijos, parejas estables, casas propias. Y Vicky queda ahí. Mirando. Midiéndose. Comparándose.
La serie se llama “Envidiosa” pero podría llamarse “Sin referencia interna”. Porque eso es exactamente lo que le pasa a Vicky: no sabe lo que quiere. Sabe lo que tienen los demás. Y con eso le alcanza para sufrir todo el día.
Lo brillante de la serie es que no la juzga. Te la muestra (y de una forma muy graciosa también cómo encaran distintas situaciones). Te muestra cómo se levanta mirando Instagram, cómo elige novio mirando a las amigas, cómo arma su vida tratando de igualar un benchmark que ni siquiera eligió.
Y mientras la veía pensaba, la envidia está inversamente relacionada con el autoconocimiento. Cuanto menos sabés de vos mismo, más mirás a otros para calibrar tu valor. Es casi matemático.
Cuando uno no tiene claro lo que quiere ni por qué lo quiere, el exterior se convierte en la única referencia disponible. ¿Cómo sé si me está yendo bien? Comparando. ¿Cómo sé si estoy en el camino correcto? Mirando dónde están los otros. ¿Cómo sé cuánto valgo? Viendo cuánto vale el que tengo al lado.
Agotador.
Como le pasa a Vicky: siempre hay alguien adelante, siempre hay alguien con algo que vos no tenés, siempre aparece un nuevo referente que te rompe la paz.
En cambio, cuando sabés lo que querés y por qué lo querés, la comparación pierde fuerza. No sucede porque seas indiferente ni superior, ni porque te hayas vuelto zen o “hayas trascendido”. Sucede porque el punto de referencia ya está adentro y no necesita confirmación externa.
Saber que tu definición de buena vida incluye tiempo con los tuyos, ejercicio, lecturas, hace que el que vive en un yate te dé igual. Saber que querés un negocio de cierto tamaño, con cierta libertad, con ciertos clientes, hace que el éxito de otros con negocios distintos te resulte interesante, no amenazante.
La envidia se apaga sola cuando no tiene espejo en el que mirarse.
Por eso, cuando algo te genera envidia, no es momento de pelearte con la emoción ni de taparla con frases motivacionales. Es momento de preguntarte tres cosas:
¿Qué es exactamente lo que envidio? ¿Su libertad de agenda, su autoridad pública, su tranquilidad económica?
¿Lo quiero de verdad o lo quiero porque otros lo tienen?
Si lo quiero de verdad, ¿qué estoy haciendo hoy para construirlo?
Si la respuesta a la segunda es “lo quiero porque otros lo tienen”, soltalo. No es tuyo. Estás cargando un deseo prestado. Si la respuesta es “lo quiero de verdad”, la envidia se transforma en información. Una brújula que si le damos el tiempo de calibrarla y entenderla nos puede llevar a buen puerto.
El autoconocimiento es el único antídoto real. No el “no compares” ni el “cada uno tiene su tiempo”. Esas son curitas. La cura es saber tan claramente qué querés que el éxito ajeno deje de tener gravedad.
Porque el punto de referencia, está adentro.
Si conocés a alguien que le pueda sumar el cortito de hoy, enviale el link:
¡Lo Quiero! El Poder Del Deseo Mimético — Luke Burgis
Burgis toma la teoría del filósofo francés René Girard y la traduce al lenguaje de hoy. La idea central es: la mayoría de las cosas que querés, no las querés vos. Las querés porque otra persona las quiere. Nuestro deseo es prestado y ni siquiera lo sabemos.
Tres ideas:
No hay deseo original, solo hay deseo imitado. Pensás que querés ese trabajo, esa casa, esa pareja, ese estilo de vida. Mirá quién te mostró que eso era deseable. Ahí está el dueño real del deseo.
Los modelos cercanos son más peligrosos que los lejanos. No envidiás a Bezos. Envidiás al compañero de la facu al que le va un poco mejor que a vos. Cuanto más parecido es el modelo, más dolorosa la comparación.
El antídoto no es dejar de querer, es elegir mejor a quién imitar. Imitamos siempre. La pregunta es a quién. Elegir modelos conscientes en lugar de absorberlos sin filtro.
Si el Pensando te resonó, este libro lo amplía.
En vez de artista hoy te dejo una playlist, es mi playlist por excelencia de los domingos con energía de domingo.
Mis preferidas son:
Suddenly I See - KT Tunstall (si te gusta el Diablo Viste a la Moda, está en el soundtrack de la primera peli).
Let’s Stay Together - All Green (para tomar unos matecitos a la mañana y bailar en la cocina).
Dreams - Fleetwood Mac (esta canción se volvió a hacer conocida en 2020 gracias a este video y gracias a esa viralidad la marca de jugos explotó en ventas)
“A kinder, gentler philosophy of success” — Alain de Botton (TED, 2009)
Es una de mis charlas TED favorita de todos los tiempos, 16 minutos de Alain de Botton, autor de Status Anxiety, el libro definitivo sobre la ansiedad de comparación moderna. Su tesis: la mayoría de la envidia que sentimos no es por personsi as que admiramos de lejos, sino por personas que se parecen demasiado a nosotros.
“La envidia es ignoracia, la imitación es suicidio.”
Ralph Waldo Emerson — de “Self-Reliance” (1841).
¿Resonó con vos algo del cortito de hoy? contame en los comentarios, leo todo y respondo antes del próximo envío. Lo rico de este espacio en interactuar en comunidad.

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