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Computerworld.es · Aug 21, 2026

La carrera por los datos: por qué los gigantes quieren libros olvidados y las discusiones en Teams de una empresa fracasada

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Raquel C. Pico · Computerworld.es

En mayo de 2026, la aerolínea Spirit cesó operaciones. Había arrastrado ya problemas durante años, desde el inicio de la pandemia, pero su cese definitivo se leyó como una muestra de los efectos de la escalada de los precios del combustible en el contexto del cierre del estrecho de Ormuz. Al menos, así lo explicó la propia compañía en las declaraciones que hizo a medios. Ningún factor está conectado directamente con la tecnología y, sin embargo, meses después Spirit se ha convertido en un ejemplo concreto de uno de los problemas a los que se enfrentan las compañías tecnológicas en la carrera por la IA, la búsqueda del dato de valor.

Google va a comprar las bases de datos de Spirit. Los emails internos, las conversaciones en Teams, los datos de operativa, los calendarios compartidos o las bases de datos del equipo de marketing se convierten así en un activo, uno por el que Google está dispuesto a pagar 10 millones de dólares. Como apunta Reuters, la oferta de Google fue la más alta, pero no la única, Mercor pujó 7,5 millones de dólares por hacerse con el mismo lote.

Pero ¿qué interés pueden tener las cadenas de emails pasivo agresivas de un departamento, los Excels de salidas y llegadas de vuelos o la conversación en Teams sobre cualquier tema aleatorio? Ni Google ni Mercor esperan encontrarse secretos explosivos de negocio, sino que buscan algo cada vez más escaso y cada vez más valioso: datos de calidad que les ayuden a entrenar a sus inteligencias artificiales.

La información será anonimizada antes de cerrarse la venta y, según deja claro la agencia de noticias, no incluirá información de los consumidores ni nada que se pueda trazar de forma personal.

Con todo, la idea de que esos datos puedan ser comprados y vendidos ya ha despertado objeciones. Las ventas de activos en un proceso de quiebra deben ser aprobadas por quien gestione la quiebra (en este caso, un tribunal estadounidense). La vista para cerrar esta venta concreta ha sido aplazada a septiembre por una reclamación de la Association of Flight Attendants-CWA (AFA), representantes sindicales de la tripulación de cabina de la aerolínea, que tiene dudas sobre cómo esto respeta la privacidad del personal.

Proyecto Panamá y la ira de booktok

La historia de la subasta de los restos de una aerolínea parece algo a años luz de los temas que preocupan al universo booktok, las personas que hablan de libros en redes sociales. Y, sin embargo, están muy conectadas.

Hace unas semanas, se empezaron a hacer virales las historias de librerías de segunda mano europeas que recibían pedidos de cantidades ingentes de libros que debían enviar a una dirección de Estados Unidos. El quién estaba comprando tantos libros era un misterio, uno que pronto fue desentrañado. Detrás de las compras de masas estaban desarrolladores de IA y el destino de los libros era ser escaneados y luego destrozados. Estalló el escándalo.

De hecho, de las investigaciones detectivescas en social media, el tema saltó a los medios de comunicación tradicionales. Las librerías de segunda mano británicas e irlandesas están siendo uno de los targets de estas compras masivas, pero no están solas, como apunta The Guardian.

“Es una combinación de libros rara”, asegura Stuart Manley, uno de esos libreros, al periódico. En lugar de pedir libros sobre un tema, piden un extraño mix de títulos de su catálogo. Por ejemplo, en un pedido iban una traducción al estonio de un libro concreto de John le Carre, una edición específica de Agnes Grey, la novela de Anne Brontë, y los números de octubre de una revista. Tres compradores se gastaron en cientos de libros 4.000 libras esterlinas. Y, como les cuenta otro librero, “las nombres detrás de estas compras son muy opacos hasta para los libreros más experimentados”. Nadie sabe quién son esos compradores misteriosos.

Y ahí es donde se sospecha de la IA, especialmente porque ya la prensa de referencia confirmó que este es un método habitual de entramiento. El Proyecto Panamá, de Anthropic, es (y desde 2024) justamente eso: un movimiento “para escanear de forma destructiva todos los libros del mundo”, como apunta Euronews citando documentos judiciales. Los libros son destrozados en el proceso de pasar por las máquinas que los escanean. La información sirve para alimentar a los modelos de lenguaje y las páginas se convierten en pulpa de papel. Según datos que recoge el canal europeo de una fuente del mercado que sí trabajó con Anthropic, buscan ser capaces de pasar de los 500.000 libros escaneados a los dos millones en seis meses.

El Proyecto Panamá salió a la luz en el marco de una demanda de un grupo de escritores estadounidenses contra la compañía por usar libros pirateados para alimentar su IA, uno de los primeros en llegar ante los tribunales (aunque no será el único). La sentencia concluyó que usar libros pirateados sí infringía la ley, pero que comprarlos para que sus máquinas los leyesen era “uso justo”.

La ira de la comunidad lectora de este verano no viene únicamente de la percepción de que alimentando la IA rompiendo libros de papel, por mucho que se hayan pagado, sea malo por el destrozo, sino también por los muchos matices que esto tiene. Más allá del debate recurrente sobre si esto se aprovecha del trabajo creativo de las personas para luego canibalizar ese mercado, está también la cuestión de la memoria que se pierde. En ese mogollón de libros de segunda mano que compran y destruyen están también libros olvidados que salieron con pocos ejemplares, títulos que nunca podrán recuperarse porque los que circulan están siendo anonimizados en gigantescas bases de datos y convertidos en pulpa de papel.

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