Este newsletter aborda suicidio, autolesión, homicidio y enfermedad mental severa en el posparto. Si vos o alguien que conocés está atravesando una crisis, no estás sola: podés llamar a la Línea 135 (gratuita, las 24 horas, desde CABA y GBA) o al 0800-345-1435 desde cualquier punto de Argentina.
Anteayer Ana envió a la tribu Comadre donde debatimos cuidados, actualidad y coyuntura este mensaje:
Yo no había escuchado del caso hasta ese momento porque a veces la actualidad del Cono Sur me devora, así que pedí que me pongan en tema. Más allá de resaltar la calidad de debate, análisis y amorosidad con la que se habla de todo en la tribu, quedé pasmada del horror. Estoy muy atravesada así que trataré de ser clara sin entrar en los detalles morbosos del tema (el juicio está sucediendo mientras escribo estas líneas), pero si resaltar que este caso nos interpela a todas la que lo escuchamos porque algo, aunque sea pequeño de su historia, nos lleva de regreso a nuestros puerperios y a la soledad y aislamiento que potencialmente se abren.
Por si no saben nada del tema, lxs adentro:
Lindsay Clancy era enfermera de trabajo de parto. En enero de 2023 mató a sus tres hijos —Cora, de cinco; Dawson, de tres; Callan, de ocho meses— y después se tiró por la ventana de un segundo piso. Sobrevivió y quedó parapléjica. Hoy la juzgan en Plymouth, Massachusetts, y el juicio está siendo televisado. Sobre lo que pasó esa tarde circulan tres relatos.
El de la fiscalía que sostiene que ella planeó todo y el intento de suicidio fue una puesta en escena. Es la historia del monstruo, con una lógica muy individualista porque carga todo el conflicto sobre la “maldad” de una persona.
El de la defensa: psicosis puerperal y sobremedicación. Su abogado sostiene que ella admite el hecho pero no debe ser considerada penalmente responsable. Es una mirada que permite abrir múltiples preguntas sobre salud perinatal, carga mental, soledad en la crianza, paternidad semi ausente, sistema de salud roto, falta de sostén estatal, y todo lo que sabemos que ocurre y colabora a que estemos frente a una caída de la natalidad mundial y estrepitosa.
El tercero vive en TikTok, en cadenas de WhatsApp, en hilos de Twitter y reels de Instagram. Es la historia del marido y un complot para cargarse a toda la familia, ganar fortunas en resarcimiento económico y rehacer su vida sin “consecuencias”. No tiene ninguna evidencia firme detrás, por más que me encantaría que hubiera, sólo especulaciones porque ya sabemos como se divide la carga de la crianza y como muchas mujeres batallan solas contra su mente cuando crian niñeces sobre todo pequeñas. Lo que abre, y por eso creo que pega, es la posibilidad de devolvernos un mundo donde las madres no hacen eso.
Lamentablemente Clancy afirma haber asesinado a sus hijxs, lo que está tratando de probarse es que lo hizo a pesar de ella misma. Lo único definitivo es que terminará privada de su libertad, paralítica, sola y sin sus hijos para siempre.
Todo nos atraviesa, y no estamos exentas de la conspiración o el deseo de que ninguna madre haga semejante cosa. Pero aunque no todo lo malo pasa por algo, y no siempre hay que sacar algo positivo del espanto, realmente creo que este caso nos da la posibilidad de problematizar cosas que parecen veladas.
Entre los conceptos que queremos reforzar, aparecen estos tres, y no deja de alucinarme como tantas mujeres ya convertidas en madres aseguran jamás haber escuchado hablar de algunos.
El baby blues es un cuadro transitorio, leve y autolimitado, que suele comenzar entre las 48 y 72 horas1 posteriores al parto y no dura más de una semana. Se va solo, sin tratamiento, en una o dos semanas. Se siente como llanto fácil, irritabilidad, cansancio, un humor que sube y baja sin razón aparente. Le pasa a la enorme mayoría de las puérperas y es parte de lo que el cuerpo hace después de parir.
La depresión posparto2 se presenta en aproximadamente el 15% de las madres. Aparece de forma más gradual —puede instalarse en cualquier momento del primer año, no solo en los primeros días— y no se va sola: dura más de dos semanas, interfiere con la capacidad de cuidar al bebé y de cuidarse a una misma, y afecta a una proporción considerable de las madres. Se siente como tristeza persistente, desesperanza, pérdida de interés en cosas que antes importaban, culpa que no cede. La clave para distinguirla del baby blues es la duración y la intensidad: si pasan dos semanas y no mejora, es necesario consultar a un especialista.
La psicosis puerperal3 tiene una incidencia de 1 a 2 casos cada 1.000 partos. Aparece rápido y de golpe —generalmente en las primeras 48 a 72 horas, casi siempre dentro de las primeras dos semanas— y el cambio es tan brusco que quien lo atraviesa puede notarlo ella misma, o puede no notarlo en absoluto, que es parte de lo que la vuelve tan peligrosa. Ahí está la diferencia central con la depresión: en la depresión posparto se mantiene el contacto con la realidad, aunque cueste. En la psicosis, no. Puede haber desconfianza sin motivo hacia personas cercanas, ideas que no encajan con lo que está pasando alrededor, la sensación de que algo malo va a ocurrir, alucinaciones. Es infrecuente —uno o dos casos cada mil partos— pero cuando aparece una vez, la posibilidad de que vuelva a aparecer en un parto siguiente es de más del 50%. Clancy tuvo tres partos. Por eso es tan importante no aislarse y criar con gente cerca. Son nuestros seres queridos los que pueden notar que algo no anda bien y orientarnos para pedir ayuda.
Ninguna de estas cifras es de fuente argentina — son estándares de la literatura clínica internacional. No se encontró estadística pública argentina sobre prevalencia de estos cuadros.
Si algo de esto te resuena, por favor no dejes de consultar a un especialista o poner en palabras con gente cercana que pueda ayudarte.
Volviendo a Clancy, ella pidió ayuda a su marido, a su madre, a múltiples especialistas en salud, psicólogos y médicos. Tomó 13 medicaciones psiquiátricas en 4 meses. No naturalizó lo que le pasaba. Me crucé con varias frases de su diario, y el tema la tomaba por completo.
"Estoy completamente desbordada."
"Me estoy ahogando todos los días."
"Me siento culpable."
"Me preocupa muchísimo volver al trabajo."
Eso es lo que más angustia del caso, ver a una madre sola, luchando contra un sistema que no la acoge, un marido que no comprende (?) y una batería de médicos que no cruza datos y la tratan separadamente como si la enfermedad no necesitara una mirada interdisciplinaria.
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Se habla mucho de que las mujeres no está teniendo hijos (rara vez se analiza o piensa en qué pasa con los varones). Y casi siempre en la misma línea: preocupación demográfica, alarma económica, y una acusación sobre las mujeres que deciden otra cosa.
El informe Deseos reproductivos en la encrucijada de UNFPA dice que el 57% de las personas de 18 a 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos/as que desearía tener si no mediaran limitaciones de ningún tipo. O sea que no es que no quieran si no que no pueden.
¿Por qué no pueden? El 62% de los motivos que las personas dan para tener menos hijos de los que desean son barreras económicas: limitaciones financieras, inseguridad laboral, falta de acceso a la vivienda. Además, cuando se desagrega por género, entre las mujeres pesan más los obstáculos de conciliación: dificultad para compatibilizar crianza y trabajo remunerado, falta de tiempo y energía, distribución desigual de las tareas de cuidado. El bajo involucramiento de la pareja en el cuidado de los hijos es mencionado como motivo para tener menos hijos de los deseados por el 18% de las mujeres. Entre los varones, en cambio, el temor diferencial es otro: que la llegada de un hijo afecte la relación de pareja.
Los cuidados están organizados como si fueran un asunto privado, doméstico y femenino. Todo lo demás —la economía, el trabajo, la política pública— está construido encima de esa suposición androcéntrica y no la nombra nunca. Es la infraestructura invisible del mundo, y funciona porque nosotras estamos abajo sosteniéndola.
Siempre tomamos los dos mismos caminos con las mujeres: culparlas por no tener hijos, o destruirlas por lo que pasó cuando los tuvieron. Clancy duele porque es el peor desenlace del segundo camino.
En los próximos días, doce personas en Plymouth van a decidir si Lindsay Clancy es o no es penalmente responsable. Sea cual sea el veredicto, ninguna de las dos opciones pondrá en tela de juicio al sistema, el principal culpable.
HARTA MADRE llega a Buenos Aires 🔥
Un encuentro con formato 10x10: diez mujeres, diez minutos cada una, para hablar de todo lo que atraviesa la maternidad y casi nunca se dice en voz alta — crianza, vínculos, duelos, placer, dinero.
📅 Sábado 22 de agosto, 14 hs
📍 Chacarerean Teatre, Nicaragua 5565, PalermoEntradas casi agotadas 👉 https://www.plateanet.com/obra/35003?obra=HARTA-MADRE---EDICION-BUENOS-AIRES&paso=inicio
SUBRAYADAS — CLUB DE LECTURA
No me gusta mi cuello, de Nora Ephron. Encuentro el 17 de septiembre por Google Meet (18hs ARG), con dossier previo (”La mesa de noche”) y comunidad de WhatsApp. Si sos de La Tribu, tenés 40% off.
LA TRIBU
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Gracias por estar del otro lado,
Vicky.
Ocronos, “Psicosis puerperal: una emergencia en salud mental perinatal” (2023).
Psicología y Mente, “Psicosis puerperal o posparto: causas, síntomas y qué hacer” (2017)
Wikipedia (artículo “Psicosis posparto”); Ocronos (2023); y Elsevier, “Psicosis puerperal. Panorama general sobre su diagnóstico, etiología e interpretación”, Perinatología y Reproducción Humana (2015)
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