RSS Amplifier

Claudia Cuevas · Aug 21, 2026

Nos mentiremos en verano

0
Sign in to vote or save

Claudia Cuevas · Claudia Cuevas

LOS VERANOS TODO EL MUNDO PARECE TENER UNA VIDA MEJOR, pero no tienes que creerte todo lo que ves. La gente se fotografía junto al mar porque nadie quiere salir en una foto esperando el autobús para ir a trabajar.

Cuando llega el calor las carreteras se atascan porque todo el mundo quiere estar lejos de su casa, al menos durante algunos días. Los niños creen que tres meses son para siempre y los adultos pagan una semana junto a una piscina para soñar que eso sigue siendo posible.

Las parejas se quieren mejor en las terrazas y se odian igual en los apartamentos sin aire acondicionado. Los que están solos dicen que están disfrutando de sí mismos, pero en realidad no lo están disfrutando tanto y los que están acompañados salen un momento al balcón para quedarse solos.

Los bares ya no dan dos por una y cerca del mar tienes que ganar bastante para poder emborracharte. Los camareros trabajan el doble mientras los demás dicen que necesitan desconectar y ya no sonríen porque se han dado cuenta de que la sonrisa no entra en el sueldo. Los que no tienen miedo juegan con los dados trucados y los que tienen dinero nos están viendo a todos las cartas.

Todo el mundo hace lo que puede con lo que le ha tocado. Los que tienen barco siempre parecen saber adónde van, aunque casi siempre estén dando vueltas y gasten mucho dinero para estar donde no hay nada.

Los hombres se ponen camisas blancas y hablan en voz alta de las mujeres como hablan de coches, de fútbol o de sitios en los que nunca han estado. Con mucha seguridad. Sobre todo cuando no entienden nada de ellas. Las chicas se ponen vestidos cortos y hacen como que no los escuchan y a veces están contentas y otras no. Casi todas están intentando pasarlo bien con alguna cosa rota dentro. Las que son muy bonitas están más tristes porque saben que siempre hay más tipos dispuestos a hacerles daño. Las que no son tan bonitas se dejan llevar y bailan toda la noche solas, o unas con otras, y eso las salva de muchas cosas.

EN LAS PLAYAS NADIE SABE MUY BIEN DÓNDE MIRAR. Hay niños llorando, ancianos dormidos, vendedores de cerveza y barrigas que no suelen verse en redes sociales. La gente en general enseña más el cuerpo y esconde mejor casi todo lo demás. Las cicatrices se ven, las mentiras no.

Las madres ponen crema solar a niños que se escapan corriendo porque ya saben que casi todas las cosas que intentan protegerte resultan bastante molestas. Los niños corren muchísimo en verano, más que el resto del año. Corren como si septiembre no existiera. Eso está bien. Se tiran al agua desde sitios demasiado altos, se hacen heridas en las rodillas y pierden chanclas. Las madres gritan desde lejos y los padres dicen que no pasa nada hasta que pasa algo. Entonces corren todos.

EN LOS PUEBLOS EL VERANO DURA MÁS porque todo el mundo sabe quién eres y nadie tiene demasiada prisa por dejarte ir. Las persianas están bajadas hasta las seis, los viejos sacan las sillas a la puerta y por la noche aparecen chicos que durante el invierno viven en Madrid, Londres o cualquier otro sitio que suene mejor cuando lo dices deprisa. Vuelven más morenos, con trabajos que nadie entiende y novias que no siempre volverán el verano siguiente.

Las abuelas reconocen a todo el mundo aunque a veces necesitan que les digas de quién eres. Luego se acuerdan de cosas tuyas que tú habías olvidado. Las madres compran comida como si fueran a pasar hambre, los padres preguntan cuánto te ha costado el coche y por la noche aparecen las chicas que antes te gustaban empujando un carrito o agarradas de la mano de un tío que no estaba en ninguno de tus planes. En la plaza siguen los mismos bancos y alguno de los viejos también, aunque cada verano falta uno y nadie habla mucho sobre eso.

A las tres de la mañana todo el mundo vuelve a tener veinte años menos. Te llaman por un nombre que casi habías conseguido olvidar, alguien recuerda una hostia que te dieron en las fiestas hace más de diez años y de pronto Londres, Madrid o donde coño hayas estado todo el invierno queda bastante lejos. En los pueblos pasa eso. Puedes pasarte once meses convirtiéndote en otra persona y en agosto tardan diez minutos en devolverte a la anterior. Eso debe fastidiar bastante si llevas mucho tiempo intentando escaparte de ti mismo.

En verano todo el mundo cree que todavía está a tiempo de hacer algo. Cambiar de ciudad. Enamorarse. Dejar a alguien. Volver con alguien. Aprender a nadar. Comprar un billete.

Las cosas parecen más fáciles cuando anochece a las diez y puedes pasar medio día en bañador sin que nadie espere gran cosa de ti.

Luego llegará septiembre y casi todo seguirá exactamente donde lo habías dejado, pero para entonces ya nadie hablará de esto. Habrá que trabajar. Haremos menos fotos y volveremos a esperar un poco más. Las carreteras volverán a estar atascadas aunque dentro de los coches iremos todos un poco más tristes. El autobús seguirá pasando a la misma hora.

No te fíes demasiado de las historias de verano. Todo parece posible cuando casi nada dura lo suficiente. No hay nadie que no dispare en verano, ni hay quien esquive todos los disparos. Sé que no puedo esperar que estés siempre sola. Lo único que te pido es que no te lo creas todo. No te fíes de esas noches tan largas, ni de las terrazas junto al mar, ni de los tipos que dicen que en septiembre van a cambiar su vida.

Todos parecemos mejores en verano.

Read the original on claudiacuevas.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.