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Claudia Cuevas · Jul 27, 2026

Después de todo

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Claudia Cuevas · Claudia Cuevas

Después de haber perseguido la mayoría de las cosas como si fueran fantasmas, y después de haberme asustado de casi todas las cosas como si fueran fantasmas, incluyéndolo a él, a las mujeres que podían aparecer después de mí, a las que habían aparecido antes, a la casa donde nunca viviríamos, al dinero, a la falta de dinero, al trabajo, a quedarme sin trabajo, a mi madre llamando a las tres de la mañana, a mi padre sin llamar nunca, a los domingos, a los lunes, a las bodas, a los entierros, a las cenas donde todo el mundo parecía saber algo que yo no sabía, y también al tiempo, sobre todo al tiempo, me di cuenta de que llevaba años corriendo detrás de cosas que ya estaban quietas.

Después de haber pensado que el tiempo era un ladrón que venía a quitarme cosas, la cara de niña, la paciencia, las oportunidades, la gente, las ganas de empezar otra vez, la posibilidad de sorprenderme, la voz de mis abuelos, el olor de ciertas casas, la versión de mí que todavía podía dormir sin despertarse a las cuatro, y también el futuro, sobre todo el futuro, me di cuenta de que el tiempo no venía hacia mí ni huía de mí, que probablemente ni siquiera sabía que yo estaba allí, y que esa indiferencia iba a ser todo el consuelo con el que iba a tener que quedarme.

Después de haber intentado entender por qué algunas personas se van, por qué otras se quedan demasiado, por qué uno recuerda justo lo que quería olvidar, por qué olvida lo que juró que no olvidaría nunca, por qué una casa puede parecer enorme cuando estás solo y diminuta cuando quieres escaparte, por qué el domingo por la tarde tiene una tristeza distinta de la del martes por la mañana, por qué hay canciones que saben cosas de nosotros que nosotros todavía no sabemos, y también por qué el pasado cambia cada vez que volvemos a mirarlo, me di cuenta de que entender la vida quizá no era encontrar una respuesta, sino acostumbrarse a que la pregunta cambiara de sitio todo el rato.

Después de haber querido ser muchas personas, la que llegaba temprano, la que no necesitaba a nadie, la que sabía irse, la que sabía quedarse, la que no miraba el teléfono, la que no se comparaba, la que llamaba a su madre, la que perdonaba siempre, la que podía entrar en una habitación sin preguntarse qué pensaban los demás, la que tenía un plan, la que no necesitaba ningún plan, y también la que por fin se parecía a sí misma, me di cuenta de que tal vez no había una sola persona esperando debajo de todas las demás, sino una multitud haciendo turnos.

Read the original on claudiacuevas.substack.com

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