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Cartas para curiosos 💌 · Mar 30, 2026

Escribo sobre Noelia sabiendo que cualquier cosa que diga será insuficiente

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Clara Cuevas · Cartas para curiosos 💌

Querido curioso,

Hace unos días, el caso de Noelia no existía para mí.

Ahora, Noelia ha dejado de existir en este mundo.

Escribo esto con una sensación amarga en la boca, con las manos temblando un poco, porque siento que cualquier cosa que diga será insuficiente. No sé si necesitamos una opinión más respecto a lo que sucedió el 26 de marzo del 2026. Pero sí sé que necesitamos llorar. Necesitamos dolernos. Necesitamos reconocer que algo está profundamente roto en todos nosotros.

Noelia Castillo tenía 25 años.

En 2022, después de sufrir una agresión sexual múltiple, se arrojó desde un quinto piso intentando terminar con un dolor que su alma ya no podía cargar. Sobrevivió. Quedó parapléjica. Y desde ese momento, emprendió una batalla legal de más de dos años para acceder a la eutanasia.

Su familia luchó. Su padre agotó todas las vías legales. Llegó hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. El día antes, el 25 de marzo, le suplicó a una jueza de Barcelona que su hija accediera a un tratamiento psiquiátrico antes de proceder. La magistrada denegó su petición.

El 26 de marzo, Noelia recibió la eutanasia. Fue la sexta paciente psiquiátrica de Cataluña en acceder a esto desde que se reguló en 2021.

En su única entrevista televisiva, días antes, dijo: “Me quedan cuatro días porque el 26 ya me hacen la eutanasia. Lo tuve claro desde el principio. Quiero dejar de sufrir y punto, quiero irme en paz.”

A su familia les dijo: “Ninguno de mi familia está a favor de la eutanasia, porque soy otro pilar de la familia. Yo me voy y vosotros os quedáis aquí con todo el dolor. ¿Y yo todo el dolor que he sufrido durante todos los años?”

Lean esas palabras despacio. Una mujer de 25 años preguntándole a su familia si alguien va a reconocer su dolor.

Necesito ser clara: Jamás estaría a favor de la eutanasia.

Llamarle “muerte digna” a esto me parece un horror cuando Noelia, en vida, nunca conoció lo que es la dignidad verdadera.

¿Dónde estaba su dignidad cuando fue violada por múltiples agresores?
¿Dónde estaba su dignidad cuando el sistema de salud mental falló en darle tratamiento adecuado?
¿Dónde estaba su dignidad cuando los protocolos legales permitieron que alguien con enfermedad mental grave tomara una decisión irreversible sin garantizar todas las alternativas de ayuda primero?

Como señaló Abogados Cristianos: “El caso de Noelia representa un vacío legal gravísimo. No existen protocolos obligatorios en personas con enfermedad mental antes de autorizar la eutanasia. Se ofrece el suicidio sin haber intentado curar.”

Se ofreció la muerte antes de garantizar la sanación. Déjame repetirlo porque me parece que no lo estamos entendiendo: Se ofreció la muerte antes de garantizar la sanación.

Noelia no existía para mí la semana pasada. No sabía su nombre, su historia, su dolor. Vivía mi vida mientras ella contaba los días para morir.

¿Cuántas Noelias hay alrededor de mí que no veo? ¿Cuántas personas están sufriendo en silencio mientras yo paso de largo?

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 280 millones de personas en el mundo sufren depresión. En 2019, aproximadamente 700,000 personas murieron por suicidio. Los trastornos mentales se han incrementado dramáticamente, especialmente después de la pandemia.

No es desconocido para nadie que nuestra época es de mayor conexión tecnológica y mayor soledad humana simultáneamente. Un estudio de 2023 del Cigna Group encontró que el 58% de adultos reportan sentirse solos frecuentemente.

¿Ven la conexión? Cuando las personas pierden el sentido de sus vidas, cuando están solas en su dolor, cuando nadie sale a su encuentro... el sufrimiento se vuelve insoportable. Sumado a diagnósticos clínicos que hacen que se vuelva todo complicado.

Viktor Frankl, sobreviviente del Holocausto y psiquiatra, lo dijo claramente: “El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.”

Noelia perdió su porqué. Y nadie logró ayudarla a encontrarlo de nuevo.

Esto me queda un poco más claro después de ver su última entrevista, la ira hacia su familia, la pésima interacción y comunicación con su madre, entre otros factores.

La historia de Noelia viene desde un abuso.

El pecado de alguien la dañó y la rompió completamente. Esos hombres que la violaron no solo destruyeron su cuerpo aquella noche. Destruyeron su capacidad de encontrar sentido, de confiar, de ver futuro.

Y aquí necesito decir algo que puede abrir debate: El pecado nunca es solo personal.

Benedicto XVI explicaba en sus enseñanzas que cuando yo peco, cuando tomo decisiones desordenadas, cuando actúo contra el bien... eso no solo me afecta a mí. A esto le llamamos “estructuras de pecado” que perpetúan el mal más allá de mi acción individual.

Los violadores de Noelia probablemente consumieron pornografía que cosificó a las mujeres. Esa pornografía fue producida por una industria que lucra del abuso. Esa industria existe porque millones la consumen. Y todos esos millones crean una cultura donde las mujeres son objetos.

Mi indiferencia ante el sufrimiento del otro crea una sociedad donde la soledad mata. Mi individualismo genera comunidades frágiles donde nadie sostiene a nadie. Mi silencio ante las injusticias construye sistemas que ofrecen muerte en lugar de sanación.

Mis decisiones personales construyen o destruyen el tejido comunitario. Y cuando ese tejido se rompe lo suficiente, personas como Noelia caen por las grietas.

Cuando miro a Noelia, solo puedo sentir una compasión abrumadora. Pero también tengo que mirarme a mí. ¿Qué he hecho yo para que alguien como ella se sienta tan sola que prefiera morir?

Lo que me resulta especialmente doloroso es que el sistema que permitió la muerte de Noelia cree que actuó con compasión.

No se puede hablar de una decisión plenamente libre, sino de un sistema que permite una muerte sin haber garantizado previamente todas las alternativas de ayuda, lo que puede suponer un peligroso precedente.

Una mujer con enfermedad mental grave, traumatizada, sin haber recibido todos los tratamientos posibles, tomó una decisión irreversible. Y el Estado dijo “sí, te ayudamos.”

¿Eso es compasión? ¿O es discursito?

Me pregunto si en veinte años miraremos hacia atrás y nos horrorizaremos de esto, como ahora nos horrorizamos de los manicomios del siglo pasado. Si diremos “¿cómo pudimos ofrecerle la muerte a personas que solo necesitaban tratamiento, comunidad, sentido?”

No puedo traer a Noelia de regreso. Ninguno de nosotros puede.

Pero puedo decidir que su muerte signifique algo. Que me obligue a cambiar.

¿Puedo dejar de pasar de largo junto al sufrimiento? Ese vecino que no sale de casa. Esa compañera de trabajo que siempre está triste. Salir a su encuentro.

¿Puedo exigir sistemas de salud mental que realmente sanen? Protocolos serios. Tratamientos completos. Alternativas garantizadas antes de cualquier conversación sobre eutanasia.

¿Puedo construir comunidades donde el sufrimiento tenga sentido? Donde las personas sepan que son amadas exactamente en su quebranto. Donde nadie esté tan solo que prefiera morir.

¿Puedo recuperar en mi propia vida el valor sagrado de cada vida humana? Incluso las vidas rotas. Incluso las vidas que parecen “sin calidad.” Porque la dignidad no depende de nuestras capacidades, sino de ser imagen de Dios.

“La belleza salvará al mundo.” dijo Dostoevsky

Pero solo si nosotros somos los primeros en ver belleza en las vidas que el mundo descarta.

Dios mío, recibe a Noelia con la misericordia infinita que nosotros no supimos darle.

Perdónanos por las veces que pasamos de largo. Por las Noelias que no vimos. Por los sistemas que construimos que ofrecen muerte en lugar de sanación.

Danos ojos para ver. Corazones para amar. Valentía para salir al encuentro del que sufre.

Este caso probablemente pasará desapercibido en unos años. Los medios hablarán de otra cosa. Las redes sociales seguirán con lo siguiente. La vida continúa.

Pero ojalá nos incomode lo suficiente hoy. Ojalá nos duela lo necesario para ser un poco menos egoístas, un poco menos islas, un poco más compasivos y humanos.

Porque si seguimos igual después de esto, su vida habrá sido desperdiciada dos veces.

Gracias por leerme,
Clara

P.D: Si tú estás sufriendo, si el dolor se siente insoportable, si piensas que nadie te ve... Por favor, no te vayas. Alguien te necesita aquí. Tu vida tiene valor infinito. Y hay ayuda real disponible. No estás tan sola como crees.

“El Señor está cerca de los que tienen el corazón quebrantado y salva a los de espíritu abatido.” (Salmo 34,18)

Líneas de ayuda:

  • Teléfono de la Esperanza (España): 717 003 717

  • Línea de Prevención del Suicidio (Internacional): Busca “prevención suicidio” + tu país

  • México: 800 911 2000 (Línea de la Vida para salud mental y adicciones, 24/7)

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Read the original on claracuevas.substack.com

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