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Las Cartas de Charly · Aug 21, 2026

La Oveja es la Protagonista

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Charly Country · Las Cartas de Charly

Salir de Aracati no fue tan fácil después del majestuoso recibimiento que me hizo el grupo Os Cobras.

Desperté temprano, pero entre resolver varias cosas en el teléfono se me hizo casi mediodía.

El señor Junior me volvió a pasar buscando para ir a almorzar al comedor público, cargué la moto y allá fuimos.

Esta vez el comedor estaba más vacío que el día anterior, lo que me dejó pensando.

Parece que la gente vive muy bien, ya que no tiene necesidad de usar el comedor público, donde, por cierto, la comida estaba buenísima.

Básicamente es la misma de la marmita que compro casi todos los días por tres dólares.

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Aracati es un pueblo pequeño, sencillo pero bonito, bastante limpio y ordenado.

La calle principal mantiene las edificaciones coloniales en perfecto estado y de noche está muy bien alumbrado.

Es seguro; pude rodar y dejar la moto parada con todo el equipaje sin necesidad de preocuparme por que me robaran algo.

Las mujeres, tanto jóvenes como mayores, andan en moto con sencillez e incluso elegancia.

La mayoría de las personas andan en chancletas, es un ambiente playero.

Me impresionó ver a las mamás buscar a sus hijos al colegio en bicicleta; las mujeres pedalean a todas las edades, y los hombres también.

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En la noche nos reunimos en casa del líder, afuerita del garaje. Entre la acera y la calle, en sillas plásticas y relajados.

Las vecinas de enfrente también estaban ahí charlando, el señor de al lado acostado en una hamaca en la acera y, del otro lado, unos jóvenes con una mesa de ping-pong en el medio de la calle.

Nadie está ni medio preocupado por la inseguridad, porque no hay.

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Después de almorzar, pasé buscando al líder, quien me llevó a Canoa Quebrada a cambiar unos cuantos dólares que traía de reserva.

Él consiguió la ubicación de un bonito hotel donde la chica de la recepción me los cambió a una buena tasa: 5 reales por 1 dólar, lo mismo que conseguí en la frontera.

De regreso, paramos por el respectivo coco gelado, a mediondolar, y luego lo dejé en su casa.

Me despedí de Mexicano, me despedí del líder Antoniel, le di las gracias y agarré ruta.

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Ya era tarde, como a las dos.

La idea era llegar a un pequeño pueblo llamado Pureza a unas cinco horas, donde hay un río de agua cristalina, pero Google Maps se puso creativo y, sin darme cuenta, me mandó por unas rutas supuestamente más cerca, solo que estaban destruidas.

Unas con muchos huecos e incluso tramos sin asfalto; en lo que oscureció, apenas iba por la mitad.

Logré retomar la carretera principal, pero estaba muy oscura y el tráfico de gandolas era muy fuerte.

Me adelantaban largas gandolas, autobuses y carros.

Yo de noche bajo la velocidad a 70 km/h.

Así rodé como una hora, hasta que en una ligera curva a la izquierda venía un camión de frente, pero se salió de su canal, se metió al mío y venía directo hacia mí.

Le tiré unos cambios de luces y reaccionó: cruzó bruscamente y retomó su canal.

Yo creo que se había quedado dormido, y también dormido quedó mi corazón después del casi infarto que me dio.

Creo que me puse pálido.

Esa fue razón suficiente para decidir que debía parar.

En el siguiente pueblo paré a cargar gasolina y a limpiar el casco.

Mientras descansaba, me di cuenta de que ahí mismo había una posada, pregunté y costaba 20 dólares la habitación; ahí decidí quedarme.

En el mismo lugar había un pequeño restaurante, así que comí la respectiva marmita y dormí.

Al despertarme tenía mensajes del profesor, un personaje muy amigable que conocí en Aracati.

Me recomendaba mejor ir a Santa Cruz, un pequeño pueblo donde hay algo que debía ir a ver, un imperdible de esta ruta, así que le hice caso y allá me fui.

Estaba a unas tres horas, así que le di poco a poco.

El profesor había contactado a un colega motociclista que me estaría esperando. Llegué a eso de las cuatro de la tarde.

Ahí me recibió el señor Baiano, un viejo bastante pintoresco.

Vive solo, me ha mostrado su pequeña casa, tiene una habitación con baño y aire acondicionado, y me dijo que me puedo quedar todos los días que quiera.

Resulta que hoy es su cumpleaños, así que aproveché para darle la cruz que mi hermana Carla había comprado para regalarla, con un bonito mensaje:

“Não há ferida em sua vida que a cruz de Jesus não possa curar”.

“No hay herida en su vida que la cruz de Jesús no pueda curar”.

Le dije que era un regalo que Carla le enviaba.

La agarró muy agradecido, leyó el mensaje, se detuvo unos segundos y luego me volvió a agradecer.

Me comentó que cada jueves se reúnen los motoclubes en un pueblo distinto y me invitó sin pensarlo; era a unos 60 kilómetros, así que le dije que sí.

Mientras sacábamos las motos del garaje, había un banner impreso con fotos de una chica alimentando perritos.

Me comentó que es una de sus siete hijos, quien murió hace unos años de un ACV fulminante, y me contó que ella se dedicaba a rescatar animales de la calle.

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Tomamos ruta y aquí estamos, en un bar restaurante.

Hay un tipo cantando rock con pistas en una pequeña tarima, hay pasapalos, un poco de gente con chalecos identificados de motoclubes y varias motos de alta gama estacionadas de retroceso en la acera: hay Suzuki Boulevard, Honda Shadow, Yamaha Tenere, Honda CBR, BMW GS... y por supuesto, no puede faltar en el medio de todas la Gran Oveja Negra, quien hoy parece ser la protagonista de la concentración.

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Read the original on charlycountry.substack.com

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