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La intimidad compartida · Mar 26, 2026

Me quedo un rato mirando sus ojos negros

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Casa Índigo · La intimidad compartida

Tumbada en la cama, subrayo un párrafo del libro Ya nadie escribe cartas, de la escritora coreana Jang Eun-jin. En realidad hago un corchete que contiene el párrafo y al lado dibujo un corazón, que es la forma que tengo de subrayar algo que me conmueve. El párrafo dice así:

«Tomo su rostro entre las palmas de esas mismas manos que lo dejaron ir. Me quedo un rato mirando sus ojos negros que no pueden ver. Más allá de ellos debe haber una oscuridad impenetrable que no alcanzo a comprender. Un universo en el que no hay luna o estrellas a pesar de su oscuridad. Ahora que lo pienso, nunca he reflexionado sobre la oscuridad ni he hecho un esfuerzo por entenderla desde su perspectiva. Pero con esos ojos negros, altermativamente mira los míos como si fuera un perro vidente. Sus ojos que no pueden ver, pero sí hablar. Aunque no puedan ver, claramente estoy vivo y respirando frente a esos ojos. Él me ve y conoce su universo. Estoy seguro de que la luna y las estrellas se ponen en ese universo.»

Una comunidad para ti ♡

Wajo es el perro que acompaña a Jihun en lo que él llama su «viaje epistolar», un viaje de ciudad en ciudad, de motel en motel, en el que se dedica a escribir y enviar cartas a aquellas personas que se va encontrando en el camino. Jihun se promete a sí mismo que, hasta que no reciba una respuesta a alguna de sus cartas, no regresará a casa. No voy a contar lo que ocurre, no solo porque no voy a estropearles la lectura a aquellas que estén interesadas en este diario de viaje-novela-epistolar, sino porque no es la trama lo que me interesa ahora.

Wajo era el perro guía del abuelo del narrador. Cuando el abuelo muere el narrador adopta a Wajo y empieza su viaje con él. A lo largo de la historia este perro de ojos negros es un personaje tan silencioso como imprescindible, tanto que la última carta que escribe tiene como remitente a Wajo. Su presencia me recuerda la importancia de los seres no humanos para algunas artistas: el perrito Percy en los poemas Mary Oliver, los caballos en el documental El silencio es un cuerpo que cae, de Agustina Comedi, la gata Berenice en los cantos de Olga Orozco, las águilas en la obra de Joy Harjo.

Venimos de una tradición literaria —que deviene a su vez de un sistema capitalista de dominación— para la que los animales han sido más objetos que sujetos en sí mismos, por eso me siempre me emociona encontrarme relaciones literarias profundas de seres humanos con seres no humanos.

Una de las escritoras que más nos ha acercado a esta concepción vincular en Isabel Zapata, autora de Una ballena es un país, un poemario que es, de otra manera, un viaje. En este caso por algunos universos animales que sorprenden por la mirada de una voz poética que se piensa en el mundo en relación de intimidad y profundidad con estos universos.

Hace algunos años tuvimos una conversación con ella al respecto. Fue parte de nuestro podcast Diálogos íntimos y te la compartimos aquí para que sigamos pensando juntas la profundidad de nuestras relaciones.

Y tú, ¿le has escrito alguna carta de amor a algún animal? Si lo hicieras, ¿ya sabes a cuál?

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Casa Índigo es una escuela virtual de escritoras con más de 1.300 alumnas hispanohablantes alrededor del mundo. Nos especializamos en la literatura intimista, testimonial y autobiográfica con perspectiva de género.
Hemos creado El viaje de la escritora, un programa formativo profundo que acompaña el proceso creativo desde la idea al libro.

Read the original on casaindigo.substack.com

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