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Alce Negro hace Surf · May 10, 2026

Cómo dejar de ser un paranoico

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Como habrás comprobado la realidad puede extenderse de maneras muy diferentes.

Como habrás comprobado la realidad puede extenderse de maneras muy diferentes.

En la panadería de tu barrio puedes encontrarte a un paisano que interpreta el mundo como un incendio y a otro que asegura que nunca estuvo tan a salvo, a pesar del desmadre actual.

Probablemente, los datos objetivos le darían la razón a este último. El mundo está mejor que hace 100 años.

Hay quien aborda cada problema como un reto creativo y hay quien lleva en la espalda un remolque de gran tonelaje.

Hay quien vive con un machete entre los dientes y hay quien descansa en una hamaca creyendo que el mundo conspira a su favor (a esto los griegos le llamaban pronoia).

Desde luego, obedece a algo más profundo que mirarse en el espejo del baño cada mañana y repetirse que a partir del mediodía uno va a vivir como un youtuber. Nadie creo que prefiera la vida del ratón de jaula.

Así que la manera en que nos afecta la realidad excede nuestra voluntad.

Tu manera de habitar el mundo está influida mayormente por los logros y las heridas de tus padres y antepasados. Por ejemplo, por la economía de tu sistema familiar que decidió en gran parte todo lo demás.

Aunque cueste creerlo, la mayoría de las personas vivirán y nacerán bajo las mismas creencias y circunstancias que heredaron.

Únicamente los que han sido empujados al abismo por una gran enfermedad, un viaje a los confines, o un descalabro, es probable, que salten a una conciencia o una manera de vivir diferente a lo que construyeron en su psique sus espacios de pertenencia.

Esto, sorprendentemente también puede ocurrir con la ingesta de un psicodélico como la psilocibina o incluso por el alcance de un rayo divino mientras bañas al perro (también he visto quien cambia su destino de manera radical como el que entra en un bar y pide una tónica).

De cualquier modo, la travesía del común de los mortales que viajan a otra conciencia no es fácil. El precio de convertirse en la oveja negra del clan es muy alto.

A esto lo llamo Cruzar el Abismo.

Un salto que algunos autores llaman de la Fase 1 a la Fase 2 (Schelfield) , del Universo 1 al Universo 2 (Stutz) , del primer Bucle al Segundo Bucle (Graves), del Movimiento Arcaico al Movimiento del Espíritu (Hellinger), de la Intención Interna a la Intención Externa (Zeland). Y que a mí me gusta decirle, de la Zona de Resistencia a la Zona de Autoridad.

En mi caso, sufrí una depresión temprana que me convirtió en un buscador insaciable. Un día escapé a una cultura antigua y me refugié en una cabaña en un bosque y me desplacé metafísicamente con la ayuda de unos hongos a un lugar que había vivido cuando era un niño feliz. Sin saberlo, los dioses me dieron un pasaporte al otro lado del precipicio.

Desde este otro lado o frecuencia, o como quieras llamarlo, ciertamente, se desvanece la sensación de que te acecha un tigre detrás de un matorral, y uno venera cada noche el altar sagrado de lo esencial: un café de hoya al amanecer, una conversación frente a un colibrí o un paseo por unos riscos a la caída del sol.

Esto, que dicho así puede parecer una simplificación, tiene realmente sentido cuando has soportado una gran dosis de dolor y has dormido en diferentes estaciones que podrías llamar arquetipos o lugares comunes de la humanidad.

En cada estación puedes sentir en tus entrañas la capacidad de ser una guerrera o la soberbia de ser una víctima. Puedes ejercer de rey o de tirano, de mago o manipulador. En definitiva, experimentar en tu piel las distintas texturas del calado humano y llegar a comprender que ocupas un lugar único en la gran telaraña de la vida.

Puede que sepas de lo que te hablo, o que lo intuyas, o que por el contrario, nada de esto te resulte familiar.

Puede que lo que hagas cada día te aleje o te acerque de una manera salvaje a ese lugar que te corresponde. Sin lugar a dudas, es muy diferente vivir afinado con una fuente vital que te empuja hacia la orilla, que luchar contra una corriente de resaca que te arrastra mar adentro.

En definitiva, para dejar de vivir en una paranoia puedes empezar arrancándote de la silla y caminar tres pasos hacia la barrera de tres milímetros de dolor que te separa de lo que realmente resuena en tu corazón.

Un paso y luego otro y luego otro.

Recuerda que la Fuerza A llega a medio camino de la montaña.

Si no puedes levantarte, porque estás absolutamente debilitado, respira profundamente y siente en cada poro la parálisis de estar en el dique seco.

Si llegas a comprender que algo más grande te exige un movimiento de grandeza, elegirás descansar, y cuando tengas la fuerza suficiente, tirar a tientas hacia el centro de tus miedos.

A partir de aquí dejo a los suscriptores de pago un plus de estas comprensiones.

5 principios y 5 ejercicios para sostenerse en la Zona de Autoridad.

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Read on carlosmoriano.substack.com

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