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Alce Negro hace Surf · Mar 26, 2026

A contrapelo

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Carlos Moriano · Alce Negro hace Surf

En la representación nativa de las cuatro direcciones, suele atribuirse a la dirección del Este la cualidad de empezar, es decir, el nacimiento, la mañana, la primavera, la infancia y la luna cuarto creciente.

Le sigue el Sur que representa la madurez, el mediodía, el verano, los padres y la luna llena.

Después está el Oeste con la vejez, el atardecer, el otoño, los abuelos y la luna cuarto menguante.

Finalmente, llegamos al Norte, que representa el alma, la noche, el invierno, los ancestros y la luna nueva.

De esta manera, vemos que siempre estamos inmersos en un gran viaje que completa un círculo.

Tanto si crees en estos arquetipos de los nativos como si no, es posible que tengas la certeza del lugar que ocupas en estos momentos en el ciclo que transitas en tu trabajo, como madre o padre, como hijo, con tu pareja, en tu economía, en tu plenitud, en tu salud…

Suele ocurrir que ante un viaje que resulta doloroso uno se precipita para acabarlo cuanto antes y deja las cosas a medias o genera un final traumático.

En otras ocasiones, uno se aferra a algo que ya ha acabado y sigue postergando abrirse a un nuevo ciclo, que siempre resulta incierto.

Lo peor de todo, es que en ambos movimientos estás a contrapelo del ritmo natural del ciclo. Entonces es como si no pudieras pasar de pantalla, volviendo una y otra vez al punto de partida, repitiendo las mismas situaciones bajo los mismos patrones, en un bucle infinito que agota tu metabolismo.

En una ocasión, participando en el comité de coordinación del Festival de Hongos de mi pueblo, San Mateo Río Hondo, ante el desacuerdo en algunos procesos, me retiré para evitar un conflicto mayor.

Al año siguiente, participando de nuevo en otro comité comunitario, volví a estar huyendo de las mismas emociones y limitaciones.

Es evidente que el círculo del que te hablo tiene un ritmo que va más allá de tu voluntad y expectativa y te pone a prueba como a un conejo de laboratorio.

Así que hay algo que aprendí.

Me refiero a acompasarte a este ciclo que opera regido por algo más grande, entendiendo que hay un momento preciso para cada transición.

Por ejemplo, podría ser honrar la edad que tienes, o mirar hacia el final de tu relación con tu madre ante su vejez o aceptar el lugar que te toca como padre ante un hijo que quiere emanciparse o agradecer la fricción en un equipo conflictivo.

En definitiva, poder asumir el dolor y los logros de caminar bajo la primavera en una mañana soleada y en la tormenta de invierno en el camino del norte.

De esta manera, sería comprender aquello del poema de Kavafis:

Cuando emprendas tu viaje a Itaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

Pide que el camino sea largo.

Que muchas sean las mañanas de verano

en que llegues -¡con qué placer y alegría!-

a puertos nunca vistos antes.

Read the original on carlosmoriano.substack.com

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