¡Hola, caminante! ¿De verdad vives por fe? Hoy recordé lo que Pablo escribió sobre esto…
Porque andamos por fe, no por vista.
- 2 Corintios 5:7
Fuera de contexto, alguien podría incluso pensar que “lo importante es creer que todo saldrá bien, aunque aún no lo veas”. Vivimos en una cultura que valora mucho la actitud mental, con frases hechas como:
“Sé positivo. Piensa mejor. Visualiza el éxito. Cree”.
Y quizás esto te sorprenda: hay algo de cierto en ello. Nuestra forma de pensar moldea nuestra vida. Una persona constantemente negativa se sabotea a sí misma. Una persona con esperanza innata ya tiene una ventaja. Pero...
…la fe que Jesús nos presenta es más profunda que eso.
El pensamiento positivo comienza en la mente, en nuestro interior.
La fe comprende y confía en que Dios es quien inicia todo. Lo seguimos.
El pensamiento positivo busca crear una realidad mejor.
La fe aprende a vivir la realidad con Dios.
Así que pregunto de nuevo: ¿vives por fe o por pensamiento positivo?
Y la fe no tiene nada que ver con fingir que todo está bien. Jesús nunca enseñó a sus discípulos a fingir que no existe el sufrimiento.
Habló de persecución.
Habló de pérdidas.
Habló de la cruz.
Y aun así, dijo:
“No tengan miedo”.
“Tengan ánimo”.
No porque las olas de la tormenta no fueran reales.
Sino porque él estaba presente.
La fe no es decir “todo estará bien”.
Es decir, “Dios está aquí”.
Hay una enorme diferencia.
El pensamiento positivo puede generar energía momentánea.
Pero la fe cristiana genera perseverancia.
La fe no ignora el dolor.
La fe atraviesa el dolor con esperanza en el Dios que nos ama.
La fe no es un estado emocional. Ni es meramente mental y psicológica.
La fe se vive con todo el cuerpo. Es una práctica. Es acción.
Es elegir confiar cuando surge el miedo.
Es seguir obedeciendo cuando el resultado no es inmediato.
Es permanecer en el amor cuando sería más fácil endurecerse.
Esto no sucede automáticamente.
Esto es formación.
Y nos forma aquello en lo que confiamos.
Si confiamos solo en nuestra capacidad mental para mantener una actitud positiva, nuestra fe fluctuará según nuestro estado de ánimo. Si confiamos en el Dios que resucita a los muertos, nuestra esperanza se arraiga más profundamente.
Por eso debemos cultivar la fe.
En la Palabra.
En la oración.
En comunidad.
Si la fe fuera solo pensamiento positivo, la disciplina mental bastaría. Pero seguir a Jesús es diferente.
Es aprender a confiar cuando no hay salida visible.
Es seguir obedeciendo cuando no hay garantías.
Es amar cuando parece inútil.
Es servir cuando nadie te ve.
Es permanecer cuando sería más fácil rendirse.
Eso es discipulado. Eso es dejarse formar por Jesús.
La fe no es solo individual. Se cultiva en comunidad. Cuando uno de nosotros flaquea, otro recuerda las promesas. Cuando alguien está cansado, otro lo sostiene.
El contexto del pasaje de 2 Corintios 5:7 que vimos al principio es que esperamos ser revestidos de gloria. Una realidad que aún no vemos, pero que creemos que es real para nosotros.
Juntos nos convertimos en un pequeño modelo, una “muestra” de la nueva creación, del reino perfecto de Jesús en medio de un mundo caído. Vivimos la realidad del cielo, aquí y ahora, incluso cuando aún no vemos el panorama completo.
Juntos, somos un pueblo que no vive negando la realidad, sino con una esperanza mayor que la realidad actual.
Cuando surja algo difícil esta semana, intenta algo diferente para practicar tu fe.
Identifica la realidad
No la espiritualices ni la minimices. Dile a Dios exactamente lo que te resulta difícil.
Declara quién es Dios
No repitas frases motivacionales. Declara promesas bíblicas.
“Tú eres fiel.”
“Tú sustentas.”
“Tú eres Señor sobre esto.”
Camina con alguien
Comparte tu lucha con alguien de la comunidad. La fe crece cuando la vivimos juntos.
La fe no se trata de controlar el futuro.
Se trata de confiar en aquel que camina contigo ahora.
¿Desde qué país del mundo lees esto y caminas con nosotros? Queremos saber hasta dónde se está extendiendo nuestra comunidad.
Seguimos aprendiendo a vivir una fe que va más allá del pensamiento positivo, una fe que nos moldea a la imagen de Jesús.
Seguimos juntos. Paso a paso.
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