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Bienvenido. Los lugares del miedo es la tercera parte de una trilogía formada por los podcast número 13, Backrooms, todos los caminos llevan a Hollywood, 14 leyendas urbanas en internet y finalmente los lugares del miedo. Puedes oírlos independientemente, pero la visión global del conjunto te permitirá una comprensión mucho más amplia de un tema complejo del que el fenómeno Backrooms representa un ejemplo notable. Espero que te guste el episodio de hoy y si es así, no te olvides de darle al like y déjanos saber de ti en los comentarios. que te cuente un relato salido de finales del XVIII, poco después de la Revolución Francesa. En un apartamento bien iluminado del pabellón de Le Chiquier me encontré sentado una noche con unas 60 o 70 personas. A las 7, un hombre pálido y delgado entró en la habitación donde estábamos sentados y, tras apagar las velas, dijo, Ciudadanos y caballeros, no soy uno de esos aventureros y estafadores insolentes que prometen más de lo que pueden cumplir.
He asegurado al público en el Jornal de París que puedo dar vida a los muertos. Y así lo haré. El 3 de enero de 1799, Roberson inauguraba su instalación permanente de fantasmagorías en el antiguo convento de los Capuchinos cerca de la Plaza Vendôme de París. Para asistir a su espectáculo llegabas al antiguo convento y no entrabas directamente en la sala. sino que primero recorrías un acceso deliberadamente preparado para predisponerte. atravesabas corredores oscuros decorados con imágenes inquietantes en el recorrido te encontrabas con tumbas lápidas y elementos funerarios sobre todo porque tenías que atravesar lo que era propiamente el cementerio entre las tumbas de los antiguos capuchinos el edificio que atravesabas además era un antiguo convento el de los capuchinos asociado en la memoria reciente a la Revolución Francesa.
Allí hubo una masacre, hubo toda una serie de cosas catastróficas que los parisinos conocían muy bien y que habían pasado escasamente cinco años del llamado Período del Terror, el más sangriento y macabro de toda la Revolución Francesa. Al entrar en la sala principal, Apenas había luz. La iluminación procedía prácticamente de una única lámpara funeraria. El público tomaba asiento mientras contemplaba una estancia que parecía una cripta más que un teatro. Y entonces aparecía Roberson. Antes de proyectar nada, hablaba al público. Robertson era un grandísimo orador, tenía una voz profunda e impresionante, según cuentan las crónicas de la época, y además tenía un gran background.
Le decía al público que iba a invocar a los muertos y comenzaba un discurso sobre fantasmas, magia, demonios, supersticiones y apariciones, todo combinado con citas bíblicas. Cuando terminaba la introducción, apagaba la luz. La sala se quedaba entonces completamente a oscuras y en ese momento empezaban a oírse una serie de sonidos inesperados. Se oía viento, lluvia, truenos, campanas y un montón de efectos auditivos que hacían imposible orientarse visualmente. el público permanecía varios instantes sin ver nada de nada y sólo después comenzaban las supuestas apariciones sobre pantallas ocultas por el humo que cubría la sala

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