El fin de semana tuve la oportunidad de ver gente, saliendo un poco del ermitañismo que se estaba apoderando de mí en los últimos meses (sembrado por el miedo y la paranoia 🇻🇪). Y me quedé pensando en todos los que nos quedamos aquí en Venezuela. ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué deberíamos estar haciendo? ¿Qué podemos hacer? Yo en particular me siento completamente desprendida, directamente ya no vivo aquí; vivo en Lorenalandia, mi espacio, mi universo de manteles de colores, espejos, mazos de tarot, velas, inciensos, flores, lentes, instrumentos musicales, pantallas, películas, humo, puro humo. Pero al salir, al ver actividad, gente haciendo cosas, llevando ideas a cabo en el plano material, me da una sensación de que mientras no nos perdamos a nosotros mismos no todo está perdido. En todo este tiempo he pensado mucho en preservar mi propia vida, pero ahora también pienso en preservar la vida en general; lo que está vivo, pues, lo que se mantiene en movimiento, la alegría de encontrarse a alguien, de escuchar la música, de echarse unas risas, de existir.
Y hablando de existir, he tratado de mantener una práctica constante de meditación (énfasis en he tratado). Cuando lo hago y estoy consciente de las ideas que van apareciendo en mi cabeza, me doy cuenta de patrones de mi pensamiento. Cosas en las que no puedo profundizar en el momento de la meditación porque la idea es soltar y solo estar, pero posteriormente sí voy tomando nota de cuáles son las cosas en las que más pienso y una de ellas es en escribir. Recuerdo a principios de año cuando manifesté públicamente, con todas mis fuerzas, que mi mayor deseo era desarrollar mi escritura. Viendo para atrás me cuesta sentir que realmente lo he hecho, siempre, siempre, siempre (y con todo en mi vida) pude haber hecho más. Pero prefiero darme una palmada en la espalda, pensar que no estuvo tan mal, que no es tarde para volver a ese deseo y seguir practicándolo, quizás con un poco más de empeño.
Desde que me deprimí dejé de publicar en redes y también en mi cuenta de tarot, y he sentido esa angustia de que el algoritmo con su látigo inclemente me va a castigar. Me preocupa principalmente mi cuenta del tarot porque es una de las cosas que me da de comer, pero al mismo tiempo pienso ¿cómo me voy a dejar dominar por un algoritmo que nadie realmente entiende cómo funciona? Es una entidad mágica omnipotente, como una especie de Dios de las redes sociales que decide si te va a ir bien o no pero al mismo tiempo es súper temperamental y cambia a cada rato. No sé, siento que mi trabajo no es ese, el de complacer a ese ente, incluso siendo fundamental para sostenerme (aunque tratar complacerlo no me ha traído clientes), creo que puedo hacerlo de otras formas que no impliquen estar generando contenido constantemente. Ya hice las paces con las redes, sí, entiendo su utilidad y ya no voy a luchar contra ese concepto, pero ese jefe mayor sí que me molesta. Puedo estar ahí, pero tampoco me quiero hacer esclava de ese sitio, entraré en modo hippie y simplemente lo dejaré fluir. Por otro lado, hice la típica de Lorena y archivé todo mi instagram personal porque me está dando la picazón de empezar de nuevo (siempre me da por estas épocas y ahora que lo pienso capaz está relacionado con mi estado de ánimo), pero al mismo tiempo también le quité el candadito, entonces ya no está la cuenta privada pero tampoco hay nada que ver, por ahora. También cambié mi nombre de usuario y aunque parezca una tontería para mí es importante este cambio, porque por primera vez estoy integrando mi segundo nombre, heredado de mi abuela, a mi identidad digital. Cuando decidí usar mi nombre propio y despojarme de pseudónimos me llevé la sorpresa de que increíblemente, y agárrense para esta noticia, no soy la única Lorena Orlando en el planeta tierra. Ah, pero la única Lorena María Orlando sí. Así que bienvenida María a mi vida, por primera vez.
Aprovechando que me voy a relajar con el tarot en instagram, usaré este espacio para contarles un poco de lo que hago en esa área, para tod@s l@s brujit@s o curios@s que me leen por acá. No se las haré muy larga: soy tarotista desde hace más de 15 años y me inventé el concepto del Esoterismo Pragmático, donde la idea con las lecturas y todo lo que hago sea llevar al consultante a la acción y a la toma de decisiones, más allá de decirles “sí, claro que vas a conseguir trabajo, tú quédate inmóvil que en cualquier momento pasará”. El último proyecto en el que trabajé fue en El Cuaderno del Momento, que es un oráculo virtual que te dice algo a considerar sobre esa cuestión que te inquieta mediante una señal: es momento de…
Cuando tengan una duda, una inquietud, cuando no sepan muy bien qué hacer, vayan a consultar el cuaderno, les puede dar claridades. Todo fue diseñado por mí tanto en diseño gráfico y web, fue un trabajo que me alegró el alma porque retrotraerme a la época de los cuadernitos con calcomanías, los bolígrafos de colores, y todo ese imaginario de diario íntimo, era algo que necesitaba para darle un poquito de luz a mi vida. Ojalá lo disfruten tanto como yo disfruté hacerlo.
Si quieren saber más sobre mi historia con el tarot, en este post echo el cuento:
La vida sin libros
He vivido toda mi vida en las afueras de la capital, en un lugar bastante parecido a lo que podríamos llamar un pueblo. Pero este pueblo tiene una característica muy graciosa para disimular que no lo es: muchos, muchos, muchísimos centros comerciales, uno al lado del otro por kilómetros. Uno en particular, el más grande de la zona que tenía gran variedad de tiendas, tuvo durante gran parte de su existencia por lo menos cuatro librerías distintas. Recuerdo nostálgicamente pasear en ellas, hojear libros, comprarlos, llegar feliz a mi casa a leerlos. De ahí saqué mi libro de Magritte, mi pintor favorito, que tengo a mi lado, el cual me sirve de mousepad interactivo. De repente lo abro, veo alguna pintura, leo un poco, lo cierro, y continúa como mousepad. Libro de donde salió mi primer tatuaje y muchas ideas para hacer arte. Un libro que a pesar de idas y venidas no se ha separado de mí, sobrevivió incluso a mi época Marie Kondo.
También compré ahí La Via del Tarot, que no solo me cambió la vida sino que me dio de comer, junto a muchos libros más, algunos aún conmigo, otros no. Más adelante en mi vida compraría un Kindle y me olvidaría por un buen rato de los libros en físico; pero esa es otra historia.
Poco a poco fui viendo cómo cada una de esas luces se apagaban en el centro comercial. Una por una, mutaban en tiendas de zapatos, primero se fue la mejor, después la segunda mejor y las que sobrevivían ya eran más papelerías que otra cosa, y sin embargo ¡también se convirtieron en tiendas de zapatos! Lo primero lo puedo entender, sí, capaz a la gente no le interesan tanto los libros y lo que necesitan son ¿zapatos? ¿muchos, miles, millones de zapatos?, pero lo segundo, ¿nadie usa bolígrafos ni resmas de papel ni foami en toda esta zona? Una de las experiencias más exasperantes desde que esto pasó ha sido comprar un bolígrafo ¿tú me estás diciendo que en un centro comercial de cientos de locales no puedo encontrar NI UNO donde pueda escoger entre varios modelos de un bolígrafo?, pues sí. ¿Ya nadie escribe en papel? no sé. Obviamente tengo más preguntas que respuestas sobre todo este fenómeno.
El luto de cada una de esas librerías fue rudo, incluso con Kindle en mano. Pero ahora que lo pienso, quizás ese Kindle en mi mano colaboró aunque sea UN POQUITO para que esas librerías cerraran. Un libro en el Kindle equivale a un libro menos vendido, y como yo, habrá gente que capaz no tiene un Kindle pero si un celular, o capaz se hicieron adultos como yo y no tienen tiempo de leer, quizás se fueron del país o capaz murieron (es posible que por lo menos una persona que haya comprado un libro ahí muriera). Puede también que los tiempos cambiaron y a la gente no le guste leer, lo cual seguramente es cierto y pobre de mí, que apenas me animo a escribir en serio. Seguramente podemos culpar a la tecnología, hagámoslo para tacharlo de la lista y continuemos.
Luego la cosa fue empeorando, porque al buscar otras librerías cerca, veía el fenómeno repetirse en cada centro comercial a la redonda: iban cayendo una tras otra. Menos una que está allí desde antes que yo naciera, donde sus dueños ancianos trataban mal a todas y cada una de las personas que entraban en ella. Me sirvió para completa la lectura de unas páginas mal impresas en mi copia del Código Da Vinci por allá en el 2003.
¿Qué onda con todo esto? No sé, o sea sí, pero no exactamente. Salgamos rápido de lo evidente: el país no sale de una crisis, un montón de gente (incluyendo los dueños de algunas de esas librerías) se fue del país, no hay, plata, moni, guita, reales para lujos como un libro, los chamos tienen otras prioridades, los viejos apenas ganan una pobre pensión.
Tener acceso a esas librerías me cambió la vida literalmente (pun intended), a pesar de yo haberme adaptado desde muy temprano al internet y al acceso libre a la información, a pesar de mi Kindle y a pesar de cualquier otro factor en el ambiente que me hiciera no comprar libros. Todo lo que puede hacer un libro, te lleva a otro sitio, te hace entablar una conversación que disfrutas, te cambia la perspectiva (para bien o para mal), te revela una cosa que años después le da un giro a tu vida, es una caja de bombones; no sabes qué resultado va a tener en el sistema digestivo de tu existencia comértelo. En la desaparición de estos locales desaparecieron miles de posibilidades. No quisiera ser yo a los 14 años en este momento, bueno, nunca quiero serlo.
Ahora me vienen las ganas de tener libros en mis manos como una embarazada antojada. Quizás es verdad que una no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Encontrar esos tesoros escondidos en la arena de la ciudad, que quizás valen más ahora (literal y metafóricamente) por su escasez. He suprimido tanto mi fantasear con libros que si me pongo a pensar en alguno que quisiera tener en este momento no se me ocurre ninguno, no puedo proyectarme en un futuro donde esté comprando un libro (un poco exagerada, pero es verdad). Esto es deprimente.
👀Ahora cuéntame tú
¿Cuál fue el último libro que compraste en físico?

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.