Puedes escuchar este texto acá arriba a modo de podcast mientras lavas los platos, organizas tu ropa o juegas con tu gato.
🤹♂️Ensayando es una propuesta personal para ir a profundidad en temas que me interesan, soltando la mano para rantear sobre todo aquello que me maravilla o me perturba. Ensayo escribir ensayos, para poder comunicarles lo que siento y pienso. Porque de últimas, estamos en este mundo ensayando ser humanos.
Ayer vi The Substance para celebrar Halloween disfrazada de "tengo más de 5 días que no salgo de la casa y ando eternamente en pijama". Tenía planificado para el Ensayando de este mes hablar sobre mi género (a partir de la película Orlando de Paul B. Preciado), pero se me atravesó esta idea y como la tengo más fresca quiero desarrollarla. En realidad, el tema de hoy, la edad, tiene mucho que ver con la relación que tengo con mi género. No es casualidad que escriba esto apenas comenzando el mes de noviembre, mes de mi cumpleaños, justo cuando voy a entrar en la segunda recta de los 30: llego a los 35.
Dependiendo con quién me compare me siento anciana o bebé, siento que no debería quejarme ni alardear demasiado de que "soy una señora jajaja" porque este año me he dado cuenta que entrar a los 30 tampoco es taaaanto. Al principio me sentía grande y clara y segura de mí misma pero pasan los años y me vuelvo a sentir confundida, me cuestiono todo, vuelvo a sentir más dudas que certezas. Ojo: me parece que esto es necesario, pero ya no me siento como cuando recién cumplía los 30 y me creía un monje zen.
Por otra parte, tan joven no soy, ya desde hace rato empecé a sentir los síntomas del millennial que crece: no reconozco los nombres de las bandas de los festivales, no tengo energía para rumbear hasta la madrugada, no entiendo a veces el humor de gente más joven que yo y otras cosas más. Y sí, estoy tratando de superar la época de pensar que antes todo era mejor porque ahora los niños tienen tal cosa y no hacen tal y tal *fade out con un zoom del abuelo Simpson batiendo el puño contra el cielo*. Pero la verdad es que no soy el público objetivo de la moda actual: siempre que compro ropa me encuentro a señoras probándose lo mismo que yo y no a muchachas más jóvenes, pero eso es culpa también de mi gusto personal que es básicamente el de una profesora de yoga de vacaciones en la India. No me dio tiempo de ser "la joven promesa", aunque sí fui Joven y Sexy.
En mi adolescencia tuve una banda llamada Jóvenes y Sexys. Todo era un chiste, una ironía. De hecho, el origen del nombre es tan absurdo que ya cae en parodia; lo sacamos del tema de inicio de La Secundaria de Clones, como buenos fanáticos de Adult Swim que éramos. Me daba risa cuando la gente pensaba que el nombre era en serio, me imagino que se metieron en el video esperando ver a Christina Aguilera en Dirty y se encontraron con… migo, varios nos hacían saber que se llevaron una sorpresa. Sin embargo, con cada año que pasa, el nombre va mutando y se vuelve un recuerdo tierno pero también me recuerda que el mismo espíritu que hizo nacer el nombre, esa especie de rebeldía o ironía que significaba usar un nombre así, ya no existe ni en mi compañero ni en mí, porque ha pasado el tiempo y tenemos otras cosas en la cabeza (el adulting le llaman). Más allá de que si somos o no jóvenes y sexys en edad y apariencia, estamos en un mindset distinto. El punto es que ese nombre tiene para mí un peso; un peso interesante que quiero entender, quiero entender qué imaginaba Lorena de 17 años que sería la Lorena viendo hacia atrás después de tanto tiempo. Entonces ya de por sí tener una banda con ese nombre fue un evento canónico (ven, que aún soy joven) en mi vida, y eso es un tema que se presenta cada tanto y no puedo evitar pensarlo.
En estos días me pegó un arranque de cortarme el pelo (yo misma, como siempre), y combinado con mi elección de tinte la última vez, ese cobrizo del pasado que me caracterizaba, terminé viéndome igual que en esos años dorados de mi juventud, solo que con 17 años más. No sé si fue un impulso inconsciente justo con este tema de la edad, tratar de echar para atrás el tiempo y ser esa que fui, o si es solo una casualidad, pero algo en mí tiene tiempo llamando a esa yo más joven. No sé que hacer con esta información, pero al menos soy consciente de ella.
Hace tiempo hice las paces con mi cuerpo por un buen rato, después de engordar súbitamente al principio de mis 20s y después adelgazar súbitamente solo para inevitablemente volver a engordar y por milagros de la vida conseguir la comunidad body positive y quitarme (o dejarme) un peso de encima. Después fui más allá y conseguí el body neutrality, que ni siquiera es si soy bella como soy o no, sino que simplemente soy y ya. Así me mantuve algunos años, pero de un tiempo para acá me he estado sintiendo insatisfecha, y no logro poner el dedo en dónde me sale esa insatisfacción. Culpo a lo que consumo, culpo al machismo, culpo a la sociedad, culpo a alguien que siempre me quiere recordar que estoy gorda, culpo a las tallas de las tiendas de ropa, culpo a mis medicamentos, culpo a mi metabolismo, culpo a los años de trauma acumulados en la época que estuve más gorda, culpo a Instagram, al Papa, a la iglesia católica, a los años 90, a Led Zeppelin, a la era industrial, a la Unión Soviética, a la selección de fútbol de Nicaragua, a todos los reptiles, a la mafia italiana, a Jon Snow, a los autobuses escolares, al rocío que baña a las rosas de los Alpes Suizos cada mañana. Culpo a todos menos a mí misma porque no quiero admitir que me vuelvo a sentir insegura y siento que debería hacer algo al respecto, comer mejor, hacer ejercicio, todas esas cosas. Porque ya entro en una edad donde mi cuerpo no es resistente a todo y no puede desayunar un vaso de refresco y un cigarro, porque me agacho y me mareo, porque me empiezan a pasar cosas en mi cuerpo por primera vez en la vida, como una segunda adolescencia pero versión… no tan adolescente. Me pasan cosas que no me pasaban antes y eso me hace entender que ya no soy la de antes, así como cuando te crecen las tetas y sabes que definitivamente no eres la de antes, solo que con la intolerancia a la lactosa.
Me angustia sentir una cuenta regresiva en cuanto a mi(s) carrera(s) artística(s), que a veces me hace pensar que la estoy soñando y debería estar pensando en algo más realista: trabajar más, tener hijos, etc. Olvidarme del sueño de la artista y tener otro tipo de vida. La cosa es que si dejo de crear siento menos emoción por existir, aunque me cueste sentarme a trabajar, escribir, producir, hacer fotos, por lo menos la idea de que es una actividad potencial a la que puedo dedicar mi tiempo me da sosiego. Y a veces me parece que ya es tarde para cumplir una ilusión muy nebulosa que tengo sobre lo que quisiera que fuera mi carrera artística, pero sé que no lo es, incluso sé que eso ni siquiera importa desde que empecé a ubicar la ilusión en las ganas y el momento de hacer en vez de lo que viene posterior a eso. Sin embargo estos pensamientos van y vienen tratando de contaminar mi cabeza con angustias imaginarias.
Hago música y fotografía desde los 13 años, ya son 22 años en esto, no estoy para ser artista emergente o joven promesa; tengo experiencia, y ahí es donde siento que debería estar, en el lugar de una artista experimentada (y para ese caso, también experimental). Tratar de hacerme la joven y cool o intentar no demostrar mi incomprensión a esa demografía ya no me toca, no quiero ser el señor Burns con el gorrito o Steve Buscemi en la secundaria, sería ser lo que no soy. 22 años he pasado tratando de inventar un lenguaje propio y respetarlo es respetarme.
Total que tengo que aceptar el paso del tiempo y adaptarme a él, no existe la sustancia, otra versión más joven, más flaca, más atractiva, más emocionante para el público; existo yo con mis 35 años de existencia y con los kilos que peso y con todo lo que tengo en la cabeza. Está bien. Escribo para convencerme de que está bien, porque sé que está bien. Y sé que el tiempo me dará más respuestas y más preguntas, también que me quitará complejos, que me hará ver el mundo de otra forma; eso me emociona, no me da miedo. Desde que descubrí el punk a los 13 años me di cuenta que siempre sería alguien que va a desencajar, así que no me duele desencajar en una sociedad que espera que detenga el tiempo, encajaré donde el tiempo y la experiencia sí existan, así como lo hacía en los toques de punk donde todos éramos uno.
🔮También soy tarotista; hago lecturas, tengo un curso pre-grabado para aprender tarot (a muy buen precio), siempre estoy regalando cositas como un ebook que es una Guía para los Arcanos Mayores del Tarot que rediseñé hace poco y me encantó como quedó. También me inventé un oráculo virtual que te retrotraerá a la época de los diarios íntimos (¡levanten la mano todas las que tuvieron sus Pascualinas!) con sus brillitos y calcomanías, solo que acompañado por la sabiduría del Tarot: El Cuaderno del Momento, cuando no sepas si es momento o no de hacer determinada cosa, consúltalo. Si les interesan las cuestiones brujísticas pueden seguirme en Instagram.
📸Y aparte, también soy fotógrafa, en esta otra cuenta de Instagram estaré publicando todo mi portafolio y cosas nuevas en las que he estado trabajando pero aún no ven la luz.

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