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Brownstone España · Aug 17, 2026

Los riesgos islamofóbicos de explicar hoy el Quijote en institutos y universidades

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Aquí trato de los contenidos del Quijote que los progresores de literatura no acostumbran a ver o no se atreven a enseñar

¿Islamofobia en el Quijote?

En tiempos del Quijote, Cristiandad e islam estaban en guerra. Ni islamofobia ni leches, aquello era un pólemos morrocotudo, un asunto mucho más serio que las estupideces que enfadan al ofendidismo posmoderno.

«¿Y qué digo, entonces, en clase?», me suelta uno. Pues deberías decir lo que había: que la cristiandad estaba en guerra contra el islam y, de hecho, podrías añadir que siempre lo ha estado. Si quieres fobificar el asunto no estarás hablando de la política de entonces, sino del estiércol que atiborra tu cerebro. Allá tú.

La cristiandad se defendía del islam y viceversa, de modo que, cuando nuestra literatura tenía los pies en su siglo y trataba de aquella realidad (otra cosa es el idealismo literario de las novelas moriscas, por ejemplo), lo musulmán, lo moruno, lo árabe, lo berberisco, lo agareno, lo sarraceno, lo mahometano o lo turco (que son lo habituales nombres del enemigo) salía muy mal parado, como no podía ser de otro modo.

La batalla de Lepanto es, para Cervantes, «la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros», y esto es así porque, allí, la Santa Liga (compuesta por la Monarquía Hispánica, los Estados Pontificios y otros órdenes, repúblicas y ducados) debilitó la potencia militar del Imperio otomano y, en consecuencia, neutralizó su capacidad para batallar y expandirse por los territorios de la cristiandad. Esta realidad política y militar está muy presente en el Quijote y, si uno prescinde de ella, si el profesor, por cobardía, por nesciencia o por cinismo, trata de explicar el Quijote sin atender a estos contenidos, se verá obligado a trocear severamente la novela y a prescindir de algunas de sus ideas-fuerza más poderosas.

Avanzo la conclusión: si no analizas lo que el ofendidismo llamaría islamofobia del Quijote, el Quijote no se entiende.

Nota 1: soy consciente del anacronismo y la imprecisión que supone usar el término «islamofobia», pero me sirvo de él en un sentido irónico, para criticarlo, aunque esto no quita que, de paso, pueda ayudar a algún lector a entender las cuestiones que aquí planteo.

Nota 2: en ocasiones me sirvo del término «hermes». Con él me refiero a una idea de virtud, concretamente, a aquello que se considera bueno y conveniente para el gobierno de la casa y el gobierno del Estado (este es el sentido que Platón le da en el Protágoras).

Cuando tratamos de contradistinguirnos del islam, a menudo apelamos a las ideas de historia, religión, cultura europea, valores occidentales, tradiciones, costumbres propias y otras similares construcciones que me parecen mucho más imprecisas que la idea de hermes: la idea de virtud política (instruida, ahora sí, por el conjunto de la religión, la historia, la cultura, el derecho, etc.) que se observa en un determinado lugar, la idea que aquella nación tiene de lo que considera bueno para los suyos y que a menudo es incompatible con los contenidos del hermes de otras naciones.

Si te interesan estos asuntos, en La virtuosa Extraña explico la diferencia entre los hermes islámico, católico y protestante.

Nota 3: antes de insultarme o lanzarme los adjetivos-táser («facha», «islamófobo» o «loqueseafóbico»), haz el mínimo esfuerzo de leer hasta el final.

Enemigos naturales

En los siguientes pasajes Cervantes sostiene que los unos y los otros, cristianos y musulmanes, somos, nuclearmente, enemigos, que incluso podríamos decir que lo somos genéticamente:

  • «[Agi Morato a su hija Zoraida] –¡Oh infame moza y mal aconsejada muchacha! ¿Adónde vas, ciega y desatinada, en poder destos perros [españoles, cristianos], naturales enemigos nuestros?».

«…por ser [los árabes] tan nuestros enemigos…».

El «naturales enemigos nuestros» (ser enemigos por naturaleza o por lógica inexorable) y el «ser tan nuestros enemigos» ponen de manifiesto la relación de incompatibilidad que se daba entre islam y cristiandad. Al considerarla como natural, en el sentido de congénita, Cervantes recurre a la hipérbole para destacar que la incompatibilidad es incontrovertible.

Venga, profe, explícalo en clase. Cuéntaselo a tus alumnos. Diles que, para Cervantes, somos esencial o lógicamente incompatibles, que entre los musulmanes que tienes en el aula y el resto de alumnos se dan diferencias irreconciliables. ¿Te atreves?

En boca de todos

La realidad de la guerra estaba tan arraigada en la población que incluso llega a colarse y a fijarse en la fraseología, en las expresiones de la gente; en nuestro caso, en el habla de Sancho:

«¡Tarde piache! –respondió Sancho–. Así dejaré de irme como volverme turco. No son estas burlas para dos veces».

«Así dejaré de irme como volverme turco»: la fraseología se sirve de la incompatibilidad entre islam y cristiandad para expresar aquello que es imposible. ¿Por qué es imposible? Anda, explícalo…

Uso lúdico del temor que causan los moros

Piensa, lector, que incluso los duques, cuando montan su teatrillo para burlarse de don Quijote y Sancho, recurren a los «lelilíes morunos» o «lililíes agarenos», a los gritos que los moros profieren cuando entran en batalla, para provocar pavor:

«Luego se oyeron infinitos lelilíes, al uso de moros cuando entran en las batallas; sonaron trompetas y clarines, retumbaron tambores, resonaron pífaros, casi todos a un tiempo, tan contino y tan apriesa, que no tuviera sentido el que no quedara sin él al son confuso de tantos instrumentos. Pasmóse el duque, suspendióse la duquesa, admiróse don Quijote, tembló Sancho Panza […] porque allí sonaba el duro estruendo de espantosa artillería, acullá se disparaban infinitas escopetas, cerca casi sonaban las voces de los combatientes, lejos se reiteraban los lililíes agarenos».

El resultado es tan aterrador que incluso los engañadores se asustan ante semejante escena: «pasmóse el duque, suspendióse la duquesa». Y ahora viene cuando debes explicar en clase el origen de este temor y de dónde surge la familiaridad de los cristianos con esos «lililíes agarenos». ¿Qué estaba pasando, entonces, para que esto fuese así? ¿Qué permanece de todo aquello? Venga, profe, ¡a tus labores!

«El temor con que cada año nos toca arma»

El siguiente pasaje es el que más claramente alude al miedo que la cristiandad le tiene a los ataques del turco:

«…dijo que se tenía por cierto que el Turco bajaba con una poderosa armada, y que no se sabía su designio ni adónde había de descargar tan gran nublado, y con este temor, con que casi cada año nos toca arma, estaba puesta en ella toda la cristiandad y Su Majestad había hecho proveer las costas de Nápoles y Sicilia y la isla de Malta».

El «estaba puesta en ella toda la cristiandad» alude a la escala de la guerra, a la dimensión de lo que está en juego. Y ahora vas tú y les cuentas lo de la «alianza de civilizaciones» y la «paz perpetua». Y, de paso, estaría muy bien que les refirieses a tus alumnos en qué momento de la Historia aquel temor se convirtió en una amable e integrada fraternidad intercultural. Venga, explícales en qué momento se armonizó lo insoluble. ¡Ánimo y que la peor retórica sea contigo!

Entiendo que, por la composición multidiversa del alumnado, un profesor de Secundaria ya no pueda referirse a estas cuestiones (sé, además, que algunos de ellos ni siquiera se han leído el Quijote) y que, entre burocracias y chachipedagogías, sus labores tienden más a la contención, el entretenimiento y la Trivialización de los conocimientos que a otra cosa. Aceptemos, pues, como hipótesis, que ya en la Secundaria no se pudiese hacer nada (no es así, pero repito que lo planteo como hipótesis); bien, pidámosles, entonces, el esfuerzo a los de la casta universitaria, a los invulnerables progresores de literatura y a la marabunta de catacráticos a la violeta que no saben qué hacer con el Quijote, a los intocables. O pidámoselo al Instituto Cervantes, invitémosle a honrar el apellido. Venga, que todos los que se llenan la boca con encomios grandilocuentes al Quijote se atrevan a explicar, en nuestras aulas de hoy, la génesis y el sentido de ese «temor» y de esa rutina («con que casi cada año nos toca arma») de intolerancia. No lo harán. No se atreven. Los conozco muy bien. Son unos frutos cobardes.

Las razias de los piratas de Argel

Este pasaje alude a una razia (incursión en territorio enemigo para destruir o saquear) de unos [supuestos] corsarios de Argel en las playas de Barcelona:

«Señal hace Monjuí de que hay bajel de remos en la costa por la banda del poniente.

Esto oído, saltó el general en la crujía y dijo:

¡Ea, hijos, no se nos vaya! Algún bergantín de cosarios de Argel debe de ser este que la atalaya nos señala».

Las palabras son inútiles cuando el otro quiere acabar contigo. Esta evidencia a todas luces y con balcones a la calle –«¡pleonasmo!», grita el lince– también está en el discurso de las Armas y las Letras. Allí, Cervantes sostiene que lo primero es lograr la paz y, lo segundo, la construcción de instituciones como el derecho. La paz, en el contexto en el que estamos (en la novela), pasa por defendernos del islam. ¿Y en el contexto en el que estamos, hoy, los lectores del Quijote? ¿Está nuestra paz actual amenazada de alguna manera por el islam? ¿Tiene alguna vigencia, el Quijote, en este sentido? Otras preguntas incómodas. ¿Te atreves con ellas?

Origen de la expresión: «No hay moros en la costa»

En el episodio del regreso de los cautivos de Argel a España, cuando estos pisan tierra ataviados como moros, vemos que generan un grandísimo temor:

«…vimos al pie de un alcornoque un pastor mozo que con grande reposo y descuido estaba labrando un palo con un cuchillo. Dimos voces, y él, alzando la cabeza, se puso ligeramente en pie, y, a lo que después supimos, los primeros que a la vista se le ofrecieron fueron el renegado y Zoraida, y como él los vio en hábito de moros, pensó que todos los de la Berbería estaban sobre él, y metiéndose con estraña ligereza por el bosque adelante, comenzó a dar los mayores gritos del mundo, diciendo:

–¡Moros, moros hay en la tierra! ¡Moros, moros! ¡Arma, arma!».

El pavor que el ataque del Turco y las razias de los piratas berberiscos provocan en la población aparece muy claramente expresado en el Quijote. Así se viven estas dos amenazas. «¡Arma, arma!», que no «¡diálogo, diálogo!», grita el pastor mozo.

Conociendo lo que sucedió y sabiendo que, nuclearmente, nada ha cambiado, el fraternalismo neoheidi de los tardokumbayás que vociferan por las calles el tenebroso «¡queremos acoger!» debe entenderse como el deseo de un perturbado o como la expresión de una ignominiosa rendición.

«¡Moros, moros» y «¡arma, arma!», leemos en el Quijote. Venga, profe, ¿te atreves a comentar esta relación de causa y efecto? ¿Te atreverías a explicar qué ha cambiado para que hoy, en una similar situación (moros, moros, y a miles y miles, en la costa y en las calles de Ceuta y Melilla), al saco de miserables que nos gobierna solo se le ocurra gritar: «¡abrazos, abrazos!, ¡recursos, recursos!»?

Irracionalismo de la fe musulmana

Fíjate en este pasaje:

«Paréceme, ¡oh Anselmo!, que tienes tú ahora el ingenio como el que siempre tienen los moros, a los cuales no se les puede dar a entender el error de su secta con las acotaciones de la Santa Escritura, ni con razones que consistan en especulación del entendimiento, ni que vayan fundadas en artículos de fe, sino que les han de traer ejemplos palpables, fáciles, inteligibles, demonstrativos, indubitables, con demostraciones matemáticas que no se pueden negar, como cuando dicen: «Si de dos partes iguales quitamos partes iguales, las que quedan también son iguales»; y cuando esto no entiendan de palabra, como en efeto no lo entienden, háseles de mostrar con las manos y ponérselo delante de los ojos, y aun con todo esto no basta nadie con ellos a persuadirles las verdades de nuestra sacra religión».

Aquí se está criticando el irracionalismo del islam.

Con la alusión a las «demostraciones matemáticas que no se pueden negar» Cervantes le está guiñando un ojo a Ramon Llull, que se dedicó a hacer, precisamente, lo que aquí Cervantes indica y que anticipa, de algún modo, la Ética demostrada según el orden geométrico, de Spinoza. Lo fundamental de este pasaje es que subraya la renuencia del islam a aproximarse al dogma mediante procedimientos y analogías lógicas, que es lo que la cristiandad llevó a cabo, durante siglos, con la Escolástica y que culminó con esa catedral de la fe pensada que es la Escuela de Salamanca y todo el discipulado de Santo Tomás de Aquino y la exégesis de su obra. Sabe, lector, que esto, el islam, ni quiere ni puede hacerlo.

Nota 4: Santo Tomás vierte el entendimiento agente (la razón, lo que rige nuestro proceder) al cristianismo, mientras que Averroes lo vierte al islam. La diferencia entre el uno y el otro está en que Santo Tomás considera que el entendimiento agente es individual y corpóreo, mientras que Averroes entiende que es supraindividual, que hay otros que piensan por ti. Esta diferencia es fundamental para entender los dos hermes.

Para el islam, la personalidad del individuo no cuenta porque ese individuo no es que esté des-personalizado (que le hayan arrebatado la condición de persona), sino que no se le reconoce como tal. El hombre islamizado se somete a la Umma, a la comunidad religiosa y a Alá. No tiene personalidad, sino identidad.

El musulmán es una cerilla.

La Umma es la caja de cerillas.

El islam es la industria cerillera: un todo distributivo.

Si el entendimiento agente es el mismo para todo el mundo, todos tenemos que pensar lo mismo, es decir, nada.

Explícaselo, profe, explícales que el hermes católico (defensa de la razón personal) te impele a pensar críticamente la realidad mientras que el hermes islámico (islam significa sumisión, precisamente, porque otros piensan por ti) proscribe el racionalismo crítico. Explícales la diferencia entre la crítica (krinein, la criba, el discernimiento de las ideas) y el dogmatismo acrítico, fanático, del islam. Sé que no te dejan, pero podrías atreverte.

Idea de persona y defensa de nuestro derecho

Unos capítulos más adelante, Cervantes insiste en denunciar la precariedad del islam, en esta ocasión, en lo que respecta al campo del derecho y, concretamente, al de la protección legal del individuo:

«…y veis aquí donde salen a ejecutar la sentencia, aun bien apenas no habiendo sido puesta en ejecución la culpa, porque entre moros no hay “traslado a la parte”, ni “a prueba y estése”, como entre nosotros».

Nosotros y ellos. Aquí, la personalidad jurídica del individuo; allí, las sentencias discrecionales.

La idea de persona es una creación occidental que nace en el teatro clásico griego, es, por tanto, en origen, un concepto de la Teoría de la Literatura y se refiere a las máscaras (prosopon) de los actores. Este concepto, en este mismo sentido (máscara), pasa al derecho privado romano. Sobre esta cuestión, Javier D’Ors nos recuerda que:

«La subrogación en la personalidad, propia de la sucesión hereditaria (successio), consiste, metafóricamente, en tomar para sí la “máscara” del difunto. De hecho, en los cortejos fúnebres de abolengo se hacían desfilar las imágenes de los antepasados como expresión de supervivencia en el sucesor» [en Derecho Privado Romano].

La personalidad del individuo dice su dimensión social, por eso el «no morir del todo» (non omnis moriar) de Horacio (el poeta sobrevive en sus obras) y la «supervivencia del individuo en el sucesor» (el difunto sobrevive en la máscara y, su voluntad, en las instituciones del derecho). Una cosa es el animal biológico y, otra, la condición de persona del individuo; una cosa es nuestra dimensión zoológica y, otra, el reconocimiento de nuestra personalidad jurídica por parte de las autoridades políticas del Estado en el que nacemos, de ahí la importancia capital que tiene para nosotros el derecho privado romano, pues es fuente directa de nuestro ordenamiento jurídico y, por tanto, de una idea de persona que se ha forjado en la tradición que aquí reivindico. Pero sigamos con este curso ejemplar…

La idea de persona adquiere su mayor y más poderosa dimensión en los concilios de Éfeso, Nicea y Constantinopla, cuando se fija el dogma de la Trinidad y, concretamente, el de la Doble naturaleza (divina y humana) del Hijo de Dios. El hecho de que la segunda persona de la Trinidad se una hipostáticamente a los hombres a través de Cristo es una reivindicación de la dimensión corpórea del individuo y, en definitiva, el fundamento de nuestra razón crítica y nuestra libertad. Hay un vínculo materialista —corporeísta— y racionalista entre el Anaxágoras que afirma que «el hombre piensa porque tiene manos» y el Dios encarnado, hecho hombre: la atención al cuerpo y la vinculación entre las capacidades intelectivas y el obrar. La defensa de la condición personal del ser humano y la salvación católica por las obras son dos de los fundamentos de nuestra libertad.

Tu cuerpo (vida y salud) y tu obrar (tu hacer, tu utilidad) tienen valor y se consideran tanto política como jurídicamente. Esta es nuestra tradición. A partir de aquí, la idea de persona recorre toda la Escolástica, llega a la Escuela de Salamanca, se codifica como principio político —formal o material, no vamos a discutirlo ahora— en la Constitución de Cádiz y, como principio supremo y, en extremo, idealista, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Lo importante, aquí, es que nuestra tradición fija los fundamentos y el desarrollo de la idea de personalidad jurídica y nos ofrece un corpus legislativo de una grandísima riqueza, un hermes, en definitiva, que, frente a los hermes islámico y protestante, se ordena, claramente, a nuestro bien.

Cervantes nos dice que en el islam se pasa a ejecutar al condenado sin ninguna garantía de nada, que las penas son discrecionales. Y aunque no quieras aceptarlo, tú, profesor, cuando te enfrentas a este pasaje, debes explicar la idea de personalidad jurídica y debes comparar los distintos cursos y cuerpos de saberes que esta figura tiene tanto en la cristiandad (hermes protestante y católico) como en el islam, y si no lo haces estarás engañando a tu alumnado.

Los Derechos Humanos en el Islam

Haz, lector, este simple ejercicio: consulta la DUDH y, a continuación, échale un vistazo a la Declaración de los Derechos Humanos en el Islam, de 1990. Aquí la tienes:

https://filosofia.org/cod/c1990dhi.htm

El primero de sus artículos reza que:

«La vida es un don de Alá. La vida de todo ser humano está garantizada. Los individuos, las sociedades y los estados protegerán este derecho contra toda agresión. No es posible suprimir una vida si no es a exigencias de la sharía [la ley islámica]».

Es decir, que no se puede matar a nadie, pero que, si lo exige la sharía, se puede matar a quien sea necesario.

El vigésimo cuarto, que:

«Todos los derechos y los deberes estipulados en esta declaración están sujetos a los preceptos de la sharía islámica».

Y, el vigésimo quinto, que:

«La sharía islámica es la única fuente de referencia para la aclaración o interpretación de cualquiera de los artículos del presente documento».

A la luz de estos dos últimos, entendemos que todo lo que han estipulado previamente los otros artículos no es más que una retórica para hacerse compatibles con las otras retóricas de la paz mundial y la fraternidad entre los hombres, pero que ellos seguirán con lo suyo, con los suyos y luchando por lo suyo y los suyos, que es lo que prescribe la sharía y lo único a lo que ellos atienden.

El mundo de la DUDH está en el idealismo, no se puede aplicar, es una ensoñación bienintencionada, una retórica anémica patrocinada por el miedo (tras la IIGM).

La Declaración del islam está en el fanatismo, se puede aplicar, solo tienen que ser más fuertes que nosotros; de hecho, cuando lo son, la aplican. Ahí están, como ejemplo, tantos barrios de las principales capitales de Europa que los propios musulmanes rotulan con un inequívoco: Sharia Controlled Zones.

No nos convienen ni los unos ni los otros, pero nos lo callamos por miedo a que nos disparen el adjetivo-táser, quedar expuestos ignominiosamente y acabar perdiendo un puesto de trabajo, un buen número de clientes o un puñado de supuestos amigos.

Para explicar que «entre moros no hay “traslado a la parte”, ni “a prueba y estése” [es decir, los contenidos de derecho que instruyen nuestro hermes] como entre nosotros», tienes que conocer su hermes, su idea de bien. Si no se conocen estas diferencias, se pierde mucho y, por el contrario, si conocen, uno está en mejores condiciones de entender los contenidos del Quijote que aquí estamos revisando y, a partir de ellos, entender mucho mejor nuestra realidad.

Tolerancia, intolerancia, cristiandad e islam

Reproduzco aquí la analogía que Gustavo Bueno establece entre las operaciones matemáticas de multiplicar signos positivos y negativos y los resultados que obtenemos al cruzar la tolerancia y la intolerancia con lo tolerado y lo intolerado. Así como tenemos que:

(-) * (+) = (-), (+) * (+) = (+), (+) * (-) = (-), (-) * (-) = (+)

también tenemos que:

  1. Nuestra intolerancia (-) de la supuesta tolerancia (+) del islam, que diría una intolerancia (-), no sería algo que cupiese considerar desde el punto de vista político, sino desde una aproximación psiquiátrica (como delirio) o literaria (como contenido de una obra de ficción).

  2. Nuestra tolerancia (+) de la supuesta tolerancia (+) del islam sería tolerancia (+), pero en realidad es un grandísimo engaño porque el islam es una de las expresiones más radicales de la intolerancia de lo ajeno; en otras palabras, que no puede darse esta posibilidad.

  3. Nuestra tolerancia (+) de la intolerancia (-) del islam es intolerancia (-) de nuestra tradición, de nuestro hermes y de nuestra libertad, porque el mundo islámico acabará con ellas en cuanto pueda. Este punto expresa la Paradoja de la tolerancia que formuló Karl Popper:

    «Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes […] el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto con ellos, de la tolerancia».

  4. Nuestra intolerancia (-) de la intolerancia (-) del islam sería tolerancia (+) de nuestro bien, de nuestro hermes, pero no podemos aceptarlo. Aunque el resultado sea positivo (ser tolerantes), el ejercicio de la intolerancia nos resulta insoportable: tal es la potencia de los ideologemas que formatean nuestro criterio. Aquí se acaba todo. Este es el punto en el que los cerebros destruidos de los neoalbigenses de hoy acaban de perder sus últimas entendederas y se licuefacen. Hablan de tolerancia cero porque la sola expresión del término intolerancia les horripila, no pueden ni pronunciarlo.

Nuestros gobernantes están incapacitados para ser intolerantes con la intolerancia, lo cual pone de manifiesto que no son políticos de verdad, pues ignoran que una de sus principales funciones es defender el hermes (la idea de virtud política, de lo que es bueno para la polis) que ha de civilizar a los ciudadanos de la nación y que esta defensa pasa por ser intolerantes frente a cualquier idea-fuerza que resulte contraria a este propósito.

Sobre la intolerancia de la Monarquía Hispánica en el Quijote

El caso del morisco Ricote expresa claramente la intolerancia de la Monarquía Hispánica ante el islam. Fíjate en estos pasajes:

«[Ricote le explica a Sancho lo siguiente] …bien vi, y vieron todos nuestros ancianos, que aquellos pregones no eran solo amenazas, como algunos decían, sino verdaderas leyes, que se habían de poner en ejecución a su determinado tiempo; y forzábame a creer esta verdad saber yo los ruines y disparatados intentos que los nuestros tenían, y tales, que me parece que fue inspiración divina la que movió a Su Majestad a poner en efecto tan gallarda resolución».

Aquellos pregones son los que difundían el decreto de expulsión de los moriscos. Cervantes utiliza este escenario para poner en boca de Ricote la conveniencia de aquella norma. Aquí es cuando Cervantes hace que Ricote reconozca «saber yo los ruines y disparatados intentos que los nuestros tenían»: esos intentos son los de actuar como quintacolumnistas del Turco o de Berbería:

«…algunos había cristianos firmes y verdaderos, pero eran tan pocos, que no se podían oponer a los que no lo eran, y no era bien criar la sierpe en el seno, teniendo los enemigos dentro de casa».

Nota 5: en La virtuosa Extraña reproduzco un pasaje del discurso pronunciado por Houari Boumediene, expresidente de Argelia, en 1974, en la sede de las Naciones Unidas, concretamente, el trozo en el que aquel hombre se atrevió a revelar este escondido secreto:

«Un día, millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque irrumpirán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria [en Philippe de Villiers, Les Cloches sonneront-elles encore demain?]».

En Los últimos españoles. El suicidio demográfico de una nación, Alejandro Macarrón Larumbe y Miguel Platón Carnicero ofrecen los datos demográficos que demuestran la realidad de la sustitución demográfica que sufrimos en España de forma calladísima y tolerantísima. Lo de Houari Boumediene ya es.

Nos perdemos por imbéciles (por nuestras políticas sin báculo, sin un fundamento conveniente para nosotros), por cobardes (por no atrevernos a enfrentar los problemas) o por cínicos (porque, sabiendo el mal, nos importa un carajo), o por las tres cosas a la vez. El logos que nos parió no nos reconocería.

Había verdaderos conversos, pero eran pocos. Aunque pagasen justos por pecadores, había que expulsarlos a todos. Fíjate que aquí se está practicando abiertamente la intolerancia («no era bien criar la sierpe en el seno, teniendo los enemigos dentro de casa»). Aquí se entiende que semejante amenaza no se puede soportar (tolerar). Cervantes alude en este pasaje a un perfecto ejercicio de intolerancia y advierte, lector, que lo muestra como «justa razón», es decir, como un proceder virtuoso:

«Finalmente, con justa razón fuimos castigados con la pena del destierro, blanda y suave al parecer de algunos, pero al nuestro la más terrible que se nos podía dar».

En conclusión, que el mundo islámico era, en aquel siglo, el enemigo interno más destacado de la Monarquía Hispánica y que esta no lo toleraba porque no podía tolerarlo, porque no podía exponerse a tanto peligro, y que la intolerancia de lo perjudicial para la nación se entendía, entonces, como justa razón.

Cervantes entiende que la intolerancia hacia el islam es la única vía para preservar la libertad de que en aquel momento se dispone en la cristiandad y esto es clave para entender el Quijote y, cómo no, para entender, también, nuestro pasado y nuestro presente. En aquel siglo se tenía muy claro que la tolerancia de lo perjudicial para la nación no era una virtud sino un vicio.

Y ahora, a partir de este pasaje, piensa en Ceuta, pero también en Lavapiés, Salt, El Ejido, Barcelona, Vitoria, o en los eurodevastados barrios de Molenbeek (Bélgica), Rosengård (Suecia), Tingberg y Norrebo (Copenhague), Newham, Tower Hamlets o Redbridge (Londres) o piensa en la putrefacta y rendida Rotherham (South Yorkshire, Inglaterra) y sus 1.400 menores sexualmente esclavizadas por bandas de pakistaníes desde 1997 hasta 2013. Venga, profe, explica en clase que aquella intolerancia de la Monarquía Hispánica era un vicio y la tolerancia de esto de ahora –con Salt (sustitución demográfica), Ceuta (invasión), Conflans-Sainte-Honorine (el profesor Samuel Paty degollado por invitar a sus alumnos a pensar críticamente la realidad) y Rotherham (el anticipo de lo que se les viene a nuestras mujeres) a la cabeza– es el enriquecedor resultado de una acción política virtuosa.

Sé muy bien que esto no cabe en tus clases y que, por este motivo, tampoco cabe en ellas el Quijote. Y tú también lo sabes. Pero también podríamos, en ocasiones, empezar a darle más valor a lo necesario que a lo prohibido.

La desatinada cólera de don Quijote

En la aventura del retablo de maese Pedro, don Quijote interrumpe la función porque la titerera morismapersigue a don Gaiferos y a Melisendra:

«Viendo y oyendo, pues, tanta morisma y tanto estruendo don Quijote, parecióle ser bien dar ayuda a los que huían, y levantándose en pie, en voz alta dijo:

–No consentiré yo que en mis días y en mi presencia se le haga superchería a tan famoso caballero y a tan atrevido enamorado como don Gaiferos. ¡Deteneos, mal nacida canalla, no le sigáis ni persigáis; si no, conmigo sois en la batalla!

Y, diciendo y haciendo, desenvainó la espada y de un brinco se puso junto al retablo, y con acelerada y nunca vista furia comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a unos, descabezando a otros, estropeando a este, destrozando a aquel, y, entre otros muchos, tiró un altibajo tal, que si maese Pedro no se abaja, se encoge y agazapa, le cercenara la cabeza con más facilidad que si fuera hecha de masa de mazapán. Daba voces maese Pedro, diciendo:

–Deténgase vuesa merced, señor don Quijote, y advierta que estos que derriba, destroza y mata no son verdaderos moros, sino unas figurillas de pasta. Mire, ¡pecador de mí!, que me destruye y echa a perder toda mi hacienda.

Mas no por esto dejaba de menudear don Quijote cuchilladas, mandobles, tajos y reveses como llovidos. Finalmente, en menos de dos credos, dio con todo el retablo en el suelo, hechas pedazos y desmenuzadas todas sus jarcias y figuras, el rey Marsilio malherido, y el emperador Carlomagno, partida la corona y la cabeza en dos partes. Alborotóse el senado de los oyentes, huyóse el mono por los tejados de la venta, temió el primo, acobardóse el paje, y hasta el mesmo Sancho Panza tuvo pavor grandísimo, porque, como él juró después de pasada la borrasca, jamás había visto a su señor con tan desatinada cólera».

He escrito en diversas ocasiones que Cervantes no permite que don Quijote luche contra el Turco o contra los piratas de Berbería porque estos asuntos no son una materia que pueda dejarse en manos de un idealista. Y ahí, en esa desaparición, está el contenido crítico de Cervantes contra el idealismo. Cuando en la novela se alude a la guerra y a los conflictos de verdad, Cervantes hace desaparecer a don Quijote, pero, para no negarle del todo esa posibilidad de combatir al islam, el autor le regala a su personaje una batalla titerera y la cierra no tanto con la victoria –intrascendente– de don Quijote sino con su impresionante y desatinada cólera. Porque la victoria no puede tener ninguna importancia, lo importante aquí es la cólera –muy atinada, por cierto (nadie se fie del transductor-narrador)– que despierta tan nuestro enemigo.

Presencia y sentido del oxímoron «historiador arábigo»

Cervantes explota en todo momento la credibilidad (historiador) y la incredibilidad (arábigo) de la crónica de Cide Hamete Benengeli que el transductor-narrador del Quijote nos refiere. Estos son algunos de los pasajes que se traen y se llevan a Cide Hamete de la verdad a la mentira y de la mentira a la verdad:

«….volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador [verdad] arábigo [mentira]».

«Si a esta se le puede poner alguna objeción cerca de su verdad, no podrá ser otra sino haber sido su autor arábigo, siendo muy propio de los de aquella nación ser mentirosos [mentira]».

«En este punto dio fin a la tercera el sabio y atentado [circunspecto, reservado] historiador Cide Hamete Benengeli [verdad]».

«No te fíes de ningún moro, porque todos son marfuces [falaces, engañosos] [mentira]».

«…y cuando fuese verdad que la tal historia hubiese, siendo de caballero andante, por fuerza había de ser grandílocua, alta, insigne, magnífica y verdadera [verdad]. Con esto se consoló algún tanto, pero desconsolóle pensar que su autor era moro, según aquel nombre de Cide, y de los moros no se podía esperar verdad alguna, porque todos son embelecadores, falsarios y quimeristas [mentira]».

«Desa manera, ¿verdad es que hay historia mía y que fue moro y sabio el que la compuso? [verdad]».

«“¡Bendito sea el poderoso Alá!”, dice Hamete Benengeli al comienzo deste octavo capítulo. “¡Bendito sea Alá!”, repite tres veces… [grandísima mentira]».

«Finalmente, aunque con este miedo y recelo, las escribió de la misma manera que él las hizo, sin añadir ni quitar a la historia un átomo de la verdad [verdad]».

«Entra Cide Hamete, coronista desta grande historia, con estas palabras en este capítulo: “Juro como católico cristiano...” [grandísima verdad]».

«Aquí hace Cide Hamete un paréntesis y dice que por Mahoma [grandísima mentira] que diera por ver ir a los dos así asidos y trabados desde la puerta al lecho la mejor almalafa de dos que tenía».

«Dice Cide Hamete, puntualísimo escudriñador de los átomos desta verdadera historia… [verdad]».

«Esto dice Cide Hamete, filósofo mahomético… [grandísima mentira]».

«Y el prudentísimo [verdad] Cide Hamete dijo a su pluma: “Aquí quedarás colgada desta espetera…”».

Todo lo que está marcado como musulmán, moro, árabe, berberisco, agareno, sarraceno, mahometano o turco se relaciona con la mentira,

«…historia sabida de los niños, no ignorada de los mozos, celebrada y aun creída de los viejos, y, con todo esto, no más verdadera que los milagros de Mahoma».

«…su padre no se la quiere entregar al rey pagano, si no deja primero la ley de su falso profeta Mahoma y se vuelve a la suya»,

mientras que lo que tiene que ver con lo historiográfico, lo cristiano y lo católico se asocia a la verdad.

Si en la universidad, por explicar estos contenidos, te acusan de islamofobia, ¿qué no te harán en la multimulticulturalizada secundaria, en unas aulas donde los musulmanes, en algunas ocasiones, ya son mayoría?

¿Solución? No se enseña el Quijote (se censura) y se castiga a quien se atreve a hacerlo o, simplemente, se wikipediatiza con toda la jeta.

Aquí tienes el pasaje que ningún progresor de literatura te va a explicar

Puede que el pasaje que reproduzco a continuación sea el más ilustrativo de esta polaridad irresoluble entre cristiandad e islam en el Quijote. Fíjate en la explicación que el renegado le da a Agi Morato, el padre de Zoraida, de por qué su hija abandona el islam y se pasa a la zona del enemigo:

«No te canses, señor, en preguntar a Zoraida tu hija tantas cosas, porque con una que yo te responda te satisfaré a todas: y, así, quiero que sepas que ella es cristiana y es la que ha sido la lima de nuestras cadenas y la libertad de nuestro cautiverio; ella va aquí de su voluntad, tan contenta, a lo que yo imagino, de verse en este estado como el que sale de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida y de la pena a la gloria».

Ella es cristiana, ha sido la lima de nuestras cadenas, ha sido la libertad de nuestro cautiverio, ella va aquí de su voluntad, va contenta y, sobre todo, va como el que sale las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida y de la pena a la gloria. No cabe mayor contraste.

Aquí la cristiandad, allá el islam. El catolicismo no es solo una fe, es una parte del hermes de la nación y este hermes es incompatible con el hermes islámico. Así lo sentencia el Quijote y cualquiera con dos dedos de frente. Atrévete, profe, a explicarlo en clase. Atrévete a darles a tus alumnos razones —ya no digo las tuyas, sino las de Cervantes— para entender semejante contraste: la luz, la vida y la gloria contra las tinieblas, la muerte y la pena.

Este pasaje es pura kriptonita para el progresor de literatura, pues, si este no hace trampas, se verá obligado a explicar la diferencia entre los hermes católico e islámico. Ante esta disyuntiva, el progresor de literatura siempre opta por el fraude; de otro modo, dejaría de progresar.

La nada de Sílvia Orriols y de nuestro progresorado de literatura

Cuando Sílvia Orriols —la líder de Aliança Catalana—reconoce nuestra incompatibilidad con el islam y denuncia el error en el que incurren cuantos de forma condescendiente o contemporizadora niegan la realidad en la que viven, se revela como una mujer radicalmente valiente y responsable, una mujer del todo admirable. Sin embargo, Sílvia Orriols se equivoca de forma ostensible cuando pretende oponerse a lo que ella llama «contracomunidades», es decir, al hermes islámico, apelando a «los valores judeocristianos de Occidente». En este punto es cuando veo que la lucha de Orriols está abocada al fracaso, porque las razones que pretende blandir contra el hermes islámico no son ni claras ni distintas y así no se va a ninguna parte.

Una cosa es lo judeo y, otra, lo cristiano y, dentro del cristianismo, una cosa es lo católico y, otra, lo protestante: los valores no son los mismos. Lo que le sucede a Sílvia Orriols es que, como no puede referirse en positivo a España, se ve obligada a renunciar a la tradición greco-latino-hispano-católica que dice el núcleo, el cuerpo y el curso de los valores que ella quiere defender y oponer al islam. Sílvia Orriols recurre a la idea de un cristianismo que desapareció como bloque con la Reforma protestante y el Concilio de Trento y con ello se conduce al anacronismo y condena su proyecto político a la inanidad.

Yo entiendo que Orriols admite lo griego (la filosofía) y lo romano (el derecho) –y digo que lo entiendoporque nunca la he escuchado hablar de estas materias, aunque supongo que ella las considerará parte de esos valores occidentales a los que siempre se refiere– y se queda en lo cristiano (s. XVI) para no verse obligada a admitir los siguientes estadios de este curso, los que lo conducen a lo hispano (Segunda escolástica) y lo católico (contra los hermes protestante e islámico). Antes que salvarse por el logos que culmina en lo hispano-católico, Orriols prefiere perder Cataluña, es decir, regalársela a la plutocracia globalista (hermes protestante) o al islam (hermes islámico) que tanto combate. El rótulo «valores judeocristianos de Occidente» no significa nada y, no obstante, Orriols pretende oponer esa nada al hermes islámico. Un verdadero disparate. Excepcionalmente valiente y severamente disparatada, responsable y nihilista, azote de estropicios y, al mismo tiempo, estropiciera al por mayor, así veo a esta mujer (a la que he dedicado unas Lecciones del Quijote para Sílvia Orriols).

A nuestro progresorado de literatura le sucede lo mismo: como cualquier alusión a España (la simple mención del nombre, no digo ya su defensa) se entiende como una exaltación del franquismo (este eufemisterio de la impronunciabilidad del término «España» tiene mucha miga), y España, que no el franquismo, se construyó contra el islam, cualquier crítica al islam se entiende –por obra de este arte trilero– como una reivindicación de España, es decir, del franquismo y, en conclusión, resulta que el islam no se toca. Para entender la inmunidad actual del islam en España también hay que atender a otros poderosos argumentos que, por una cuestión de espacio, no puedo tratar.

Quede clara, eso sí, la idea de que, si un día gobernase, Sílvia Orriols no tendría nada que oponerle al islam y que nuestro progresorado de literatura adolece de esa misma incapacidad y por el mismo motivo: ni la una ni los otros pueden aceptar la conveniencia del hermes católico (el resultado de la tradición greco-latino-hispano-católica) porque no pueden reconocerse en esos dos últimos estadios, que ellos entienden como la expresión de dos fascismos extremaderechos y requeteultras. Esta indigencia intelectual les siega las raíces y los deja suspendidos en un gililimbo de estupideces romanticogermanas, en aquella entelequia que Benedict Anderson denominó «the nation of the imagination» y que don Quijote llama «Imperio de Trapisonda» y que, como decía, no es nada más que una empecinada voluntad de inmundarse en las delicuescencias del maldito idealismo.

Lo que el tiempo nos ha enseñado es que todos los que se muestran reacios a admitir lo hispano y lo católico de nuestro hermes tarde o temprano se acaban convirtiendo en los cipayos más ingenuos de los hermes islámico y protestante.

Si leyesen el Quijote, podría ser que esta recua de incautos se empezasen a relacionar de forma más agradecida y orgullosa con los contenidos hispano-católicos que instruyen el hermes que más y mejor protege sus vidas, su salud y su utilidad. Pero allí están, los progresores de baba y de Babia, luchando contra ectoplasmas del NO-DO, ajenos a la realidad y a la riqueza que encierran las grandes obras de nuestra historiografía literaria y jodiéndoles la vida a sus alumnos.

Venga, valientes blindados, ¿por qué no explicáis esto en clase?

Lo repito: el catolicismo no es solo una fe, es una parte importantísima de nuestro hermes (conjugación de la historia con el derecho, las costumbres, etc.) y este hermes es incompatible con el hermes islámico. Así lo sentencian el Quijote y la realidad.

Y, ahora, que los valientes blindados de las Facultades de Letras, el Instituto Cervantes, el Ministerio de Cultura, la Real Academia de las Letras y los Premios Cervantes les expliquen a sus auditorios este último pasaje («ella va aquí de su voluntad, tan contenta, a lo que yo imagino, de verse en este estado como el que sale de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida y de la pena a la gloria») y los otros que aquí consigno y los otros muchos que, por una cuestión de espacio, aquí no puedo reproducir (los tienes, lector, en Entender el Quijote y disfrutarlo). Y, si no se atreven a esto, que se atrevan, al menos, a reconocer que no se atreven, que denuncien que se jugarían demasiado con semejante atrevimiento, que reconozcan su prudencia y su miedo, y que se sepa que en la España de hoy no se puede enseñar lo que verdaderamente hay en el Quijote sin sufrir severas represalias, que se sepa que, si el Quijote no está, es por la nesciencia, el cinismo y la cobardía de los más.

Pero no todo es decrepitud, hay brotes inteligentes y valientes empeñados en frenar y revertir este curso crepuscular. Jesús G. Maestro saca en noviembre su edición de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Cervantes está más vivo en la intemperie que en las instituciones académicas.

PS: La actualidad ceutí y melillense es que los enemigos (pues nos invaden) violan niñas y mujeres de forma impune. En el Quijote leemos que, con las armas:

«Se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios, y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura y tiene licencia de usar de sus previlegios y de sus fuerzas».

La inhibición de nuestros gobernantes ante semejante acto de guerra dice el nivel de abyección de estos irresponsables. Cervantes escribe que, cuando se da la guerra:

La nación está sujeta «al rigor y a la confusión que trae consigo el tiempo que dura». Y este rigor y esta confusión son los que se viven hoy en Ceuta y Melilla.

Y también escribe que:

«[La guerra] tiene licencia de usar de sus previlegios y de sus fuerzas».

La «licencia de usar de sus privilegios» significa que la guerra se sustrae a la ley, de ahí que la mayor parte de las atrocidades que se cometen en ese contexto queden impunes.

La «licencia de usar de sus fuerzas» significa que, mientras dura la guerra, la fuerza es el único argumento. Y aquí sucede lo de siempre: se matan los hombres, se viola a las mujeres.

Y, ahora, para cerrar este post scriptum desde nuestro ámbito (que no es el de la Polemología, la ciencia de la guerra, sino el de la literatura y su enseñanza), concluyo que:

  1. Lleva razón el Quijote cuando señala que las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades y los caminos de mar y tierra se defienden con las armas y que, cuando no las tienes o no las usas, los enemigos te pasan por encima.

  2. Que nuestras progresoras femiwokes de literatura todavía no han considerado necesario pronunciarse sobre estas violaciones de mujeres y niñas.

  3. Que el hermes islámico quiere nuestra derrota y no lo ocultan y cada día avanzan su paso a paso.

  4. Que nuestra literatura del Siglo de Oro tiene muy claro que esto es así.

  5. Y que, por este último motivo, el progresorado de literatura es incapaz de explicarla sin hacer trampas.

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Sobre el autor

Ramón de Rubinat Parellada es Doctor en Teoría de la Literatura por la Universidad de Lérida. Es autor, entre otras obras, de Lecciones del Quijote para Sílvia Orriols (2025), Razones fuertes contra un puñado de tópicos (2025), La virtuosa Extraña (2025) y Entender el Quijote y disfrutarlo (2024).

Read on brownstoneesp.substack.com

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