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BOGAVANTI · Aug 15, 2026

Apología del placer

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Natalia Mirapeix Bedia · BOGAVANTI

No se si es el proceso vírico que estoy pasando, el exceso de cafeína, el cansancio acumulado o que, de verdad, soy un genio porque… MI GENTE llevo unos días pensando que veo el futuro. Aunque en realidad… no ¿fue Paco Porras el que dijo que era vidente de lo evidente? ¿o se lo espetó alguien en la cara a él? Quiero decir que el futuro no se puede predecir pero se pueden tener una serie de intuiciones al respecto. La intuición es eso que sabes que no sabes que sabes. Y yo ya paso de hablar del gusto o del estado de vigilancia. Al menos de momento.

Veamos si acierto esta vez también. Si el eclipse me ha aportado poderes cósmicos extra. Ríos de tinta, toneladas de teclas y kilómetros de scroll se están escribiendo sobre lo cansadísima que está la gente de la cultura de la optimización. Creadores, marcas, periódicos y una caterva infumable de substackers (ya no hay quien nos aguante, la verdad) llevan tiempo con el rollo de ufff hay que desconectarse de internet, hay que vivir la vida, que si tal que si cual. Como bien apunta este artículo (al que volveré al final de estas líneas) se da una curiosa paradoja: hay un porrón de películas de ricos portándose mal, metiéndose drogas de las ¿chungas? y viviendo la vida cañón, mientras que -simultáneamente- el pesado de Bryan Johnson quiere vivir tropecientos años. El abuelito teenager dijo hace un tiempo que lo mismo se ha equivocado, que está malito. Oye, a ver, eres viejo, se llaman achaques, cositas, mierdas ¿qué esperábamos del paso del tiempo?

Pero no adelantemos acontecimientos. Del gusto parece que vamos a pasar a la conversación sobre el placer.

Manu Collado Zaragoza para La Vanguardia.

Lo primero y más importante ¿qué entiendo yo como cultura de la optimización? Porque cuando digo esto estoy elevando la optimización a la categoría de marco. La cultura de la optimización convierte cualquier vivencia en un procedimiento en el que hay un estado inicial, un estado deseado y la exigencia de aplicar un protocolo para corregir el desfase entre ambos estados. Ahora mismo esta cultura de la optimización se manifiesta en rutinas de ejercicio, protocolos de suplementacion, relojes inteligentes, calendarización de la vida, la validación del individuo a través del número de likes, etc. Es decir afecta a todos los ámbitos no solo al deporte, porque es fácil caer en esa trampa.

Para poder optimizar todo lo primero que hay que hacer es convertir ese todo en algo medible. Y aquí nos vamos a subir a las ideas de Henri Bergson. Para que algo sea contable tiene que poder reducirse a unidades idénticas: horas, kilos, likes, whatever. El utiliza una analogía con corderos bastante guay en este libro. El caso es que en el preciso momento que hacemos eso estamos sustituyendo la vida vivida por su registro. Volved a leer eso por favor. Tal vez no todo, no siempre, no en su totalidad. Desde luego siempre hay grados. Pero insisto en la idea de marco porque estoy hablando de cómo se rigen las cosas desde arriba y yo creo, desde luego que lo creo, que optimizar se ha vuelto un objetivo social masivo.

Algunos datos para ver la envergadura del asunto. En 2025 ya se tuvo que establecer una escala médica para poder atender un nuevo tipo de dolencia: la ortosomnia. Gente que no puede dormir porque medir el sueño les tiene ansiosos. Hablando de wearebles: el 26% de los europeos los usaba en 2022, frente al 17% en 2020. Nueve puntos en dos años. Y ojo que estamos en 2026. Comida: no se pone la comunidad científica de acuerdo en cuándo cuidar tu comida de manera férrea es algo sano o es que tienes una ortorexia de manual, dependiendo del estudio encontramos entre el 5,7% y el 65,6% de penetración de esta conducta. Lo que sí está medido es que el 22% de los niños y adolescentes del mundo presenta conductas alimentarias de riesgo, y entre las niñas sube al 30%. En enero de 2026 un metaanálisis cifró en 5’23% los menores de 24 años con un trastorno ya diagnosticable. Siguiendo con el hilo de la infancia dos investigadores de la Loyola analizaron 500 vídeos bajo el hashtag Sephora Kids: 10.000 publicaciones donde principalmente niñas se dan consejos de belleza. Con lo cual no os extrañará que os diga que uno de cada tres jóvenes españoles querría ser influencer. En parte parece una salida laboral lógica teniendo en cuenta el numero de horas que pasamos pegados al telefono pero ¿y si pensamos en el marco de optimización? Ahora mismo “ser alguien” depende de la validación via likes en redes. Necesita protocolizar esa validación. Medir tu valía via engagement. Engancho aquí con mi texto “Bustos parlantes”.

Dicho esto yo utilizo un Garmin y hago la broma con mi amada y admirada Mónica Gramunt de llamarlo el reloj TCA. Quiero decir, que estoy en todo el ajo. Pero es que el problema no es tanto medir… sino que eso se convierta en la unidad única de valor. Son cosas bien diferentes. Ejemplo: una comida solo será “buena” si tiene la cantidad exacta de nutrientes. Volvamos a Bergson. Está el tiempo del calendario y el reloj, el que se puede contar y está la dureé que es la experiencia subjetiva, interna, compleja, maravillosa y llena de capas y matices del tiempo. Básicamente estamos asistiendo a la muerte de la dureé. Estamos perdiendo la experiencia subjetiva, el matiz, la joie de vibre porque estamos siendo entrenados para producir no para vivir.

via Reddit

Decía Marcuse que el placer está fuera del tiempo. Más aún… que el placer milita contra el desmembramiento que intenta hacerse del tiempo. Siguiendo sus ideas: nuestro “tiempo libre” se ha visto reducido, en el mejor de los casos, a 4 horas al día. En esa manera de organizar el tiempo decía Herbert que había una clara intención de que olvidáramos la necesidad de una gratificación fuera del tiempo, un placer sin ningún tipo de utilidad. ¿Os sentís identificadas? ¿Cuántas de vosotras tenéis que meter las cenas con vuestros amigos en Google Calendar? Ya veo.

Pero vamos, que la cosa viene de atrás, que es un asunto sistémico, estructural, fundacional del mismísimo capitalismo. Hay un conjunto de textos menos conocido de nuestro querido Byung-Chul Han que se llama Capitalismo y pulsión de muerte en el que el surcoreano habla de cómo la jugada maestra ha sido replegar la lucha de clases hacia la interioridad. Concretamente esto nos interesa porque lo que pasa es que la precariedad (cualquier tipo de precariedad) se ha convertido en un fracaso personal y por eso tienes que establecer un protocolo para salir de ella. Y así con todo. Todo es culpa tuya, que te quede claro.

¿Cómo vas a encargarte del placer si tienes que encargarte de todos estos fracasos? El individuo es el único campo de batalla restante. Ya no se puede (dicen) influir en otra cosa: ni en la política, ni en la vivienda, ni en la ecología, ni en los alquileres, etc. Solo quedas tú, tu gran proyecto. Si tenemos eso de fondo pues es normal que te encuentras a Christian Angermayer, el ricachón alemán de la biotecnología diciendo por aquí que la optimización es la chispa de nuestra vida, que larga vida al humanmaxxing, que si consigues que la gente conciba su cuerpo/mente como una obra de perpetua mejora tienes un mercado tendente al 100%. No es una conspiración: somos a la vez el producto y el comprador. El individuo, expropiado de la posibilidad de un placer inútil, debe optimizarse porque es el único camino para un futuro mejor. Más sano, más rentable, más estable financieramente, más exitoso, etc.

Alcohol, tabaco, cocaína, lo que sea. Es más, os diría que aquí metería el consumo excesivo de cualquier cosa o sustancia. Judith Halberstam estudió en su día cómo las comunidades queer machacadas por el sida y con una vida sin horizonte, inventaron otras maneras de organizar su tiempo más allá de los nacimientos, las bodas, los hijos, las herencias, etc. Al final aquellas comunidades habitaban el riesgo y la precariedad más extrema. Halberstam señaló algo entonces que es útil recuperar aquí: siempre se ha patologizado todos los modos de vivir que salen de la norma. No estoy diciendo aquí que os droguéis, las sustancias tóxicas son tóxicas por algo. Cometer excesos, de cualquier tipo es eso: excederse. Pero lo que sí que es necesario decir es que cuando ciertos horizontes son negados: futuros mejores, estabilidad de cualquier tipo, la vida misma… Es más que comprensible que las vidas se organicen de otra manera. Se organicen y se desmiembren. No pueden armarse la vida del mismo modo. No solo se trata de compartir piso por obligación hasta los 45 sino de muchas más cosas, mucho más complejas. Solo una idea… Una generación sin acceso a la vivienda y a la que le venden cientos de protocolos de salud y ejercicio tiene todo el derecho a hacerse la pregunta impertinente ¿Optimizar para llegar a qué, exactamente?

Un artículo y un video me han acompañado mientras elaboraba y matizaba mis ideas. Ambas son piezas que considero maravillosas y de obligada absorción.

La idea principal del artículo de Michèle Mendelssohn y Charlie Tyson del que ya he hablado al inicio de este artículo, es que vivimos en una era de opulencia y excesos pero que hemos perdido el disfrute por el camino. Una analogía bonita que utilizan es comparar al brasas de Bryan Johnson midiendo sus latidos para alargar su vida y al romántico Walter Pater midiendo sus latidos para ver cuánto le había emocionado algo. Esa maravillosa diferencia en el exceso. Tenemos ahora un exceso con un triste objetivo funcional. Menús en restaurantes carísimos para gente con poco apetito. Te tienes que reír. Otro detalle: qué sintomático lo de las pelis de ricos desfasando y nosotros aplaudiendo ¿eh? Ahora se entiende todo mejor.

En la entrevista de youtube Ian Bogost (del que ya hablamos en BOGAVANTI hace tiempo por aquí al pie) se habla de lo que perdemos cuando optimizamos tantísimo la vida. Muchas ideas interesantes en el video. La desmaterialización es importante: la sociedad ha buscado tanto la reducción de la fricción que todo ha perdido el roce, el contacto, etc. Los grifos que no tocas, el teletrabajo y, esta la añado yo, ver arte a través de Internet, de un dispositivo.

No quiero convertir mis textos en mero revisionismo. En referenciar y teorizar infinitamente. Eso, de alguna manera, también es renunciar al placer. Substack y todos los entornos creativos se están convirtiendo en un enorme refrito de refrito (leeros esta maravilla de Viktor Wendt por cierto). Creo que hace falta un poco más de arrojo. Ser más cara duras. Aquí van cosas que propongo yo para romper este status quo de la optimización. Porque romper el status quo es la única manera que entiendo de hacer creatividad y ser creativa y pasarmelo chachi piruli Juan Pelotilla.

Uno, el arte. El Guardian habla de fundar una Nueva Decadencia. Buenas noticias: ya existe. Siempre, siempre, siempre en las escenas contemporáneas más underground hay gente siendo grotesca y maravillosa. Cuerpos que sobran, materiales nuevos, fotografías esperpénticas, música de otros planetas, cosas que no caben en tu moodboard de Pinterest. Al menos de momento. Siempre ha habido gente rompiendo tabúes, luchando contra la inercia, jugándose la cara y el cuerpo. No necesita que un periódico pida nada, necesita gente que la mire, que atienda, que vaya a sus espacios y financie sus creaciones. Compra fanzines de 2€, ve a festivales de barrio, compra obras a tus amigas, ve a la exposición de ese amigo de una amiga, si te lo puedes permitir, hazte socia del Cine Embajadores. Yo lo voy a hacer en septiembre.

Dos, las marcas. Me pongo el gorrito de currela, que es lo que soy. Si quieres vender cacahuetes en este erial de optimización no te va a bastar con ser creativo en el sentido más normativo de la palabra. Va a haber que ser abrumadora, descarada y extremadamente creativo y, creo, libidinal. En un marco de optimización, desmaterialziación y dictadura de los resultados la gente necesita deseo de verdad, espacios donde derramarse, donde practicar esa inutilidad vitalista, etc.

Tres, las personitas. Quiero lanzar un reto estúpido: que nos hagamos una pregunta. ¿Dónde está nuestro placer? ¿Qué cosa nos hace disfrutar que no sirve para absolutamente nada? ¿Qué será lo siguiente que hagamos que no busca ningún fin ni responde a ningún plan o consecución de objetivos? Pensemos. Y un aviso. Cuidado con convertir todo esto en una nueva suerte de pachamama-maxxing. No respondáis a la optimización con más optimización. Si la cosa va a ser que ahora te vas a proponer ir 2 veces a la semana al parque a leer vamos mal. Yo solo te digo que pienses en tu placer y que a ver, si con suerte, consigues mandarle un fax :)

Creo que es obligatorio de alguna manera haga aquí una suerte de recomendaciones que apunten a lo que yo entiendo por esa Nueva Decadencia. Quienes son los creadores, espacios y por qué no, marcas que están en el lado correcto de la movida.

🦞 Marina Herlop - Jaque > La barcelonesa sacará disco nuevo en octubre pero de momento ya nos ha dejado dos sencillos. Me viene bien hasta el nombre de este. Jaque. Jaque a todo lo convencional. A los sonidos convencionales. A las artistas femeninas convencionales. Larga vida a lo que tiene capas. A lo experimental. Larga vida a Marina.

🦞 Autsaider Comics > Gente maravillosa publicando artefactos que “sean extraordinarios, únicos, cafres o sofisticados, que inviten a pensar diferente y que, precisamente por eso, nadie más quiera publicar”. Son míticos e imprescindibles si te gustan los tebeos.

al freeman

🦞 al freeman > Las esculturas rechonchas a caballo entre la colchoneta y la atracción de feria. O yo que se, también son un poco como peluche gigante de tómbola. Excesivas y divertidas.

🦞Isobel Farmiloe > La Global Head of Stratety de Dazed media publica un texto por aquí reflexionando acerca de como parece regresar una pulsión de reconexión con la naturaleza, las Balenciaga Zero, las Vibram de cinco dedos, el auge de oler a ti mismo, el anti-fashion, etc. Creo que leer ese texto y el mío de manera solapada puede arrojar una luz interesante. La búsqueda de una salida, de un descanso se logra a través de ¡sorpresa! más optimización.

Michaela Stark

🦞 Michaela Stark > Corsetería preciosa y elaborada para hacer lo contrario que se esperaba de ella: empujar la carne hacia afuera. Te queremos Michaela, viva la lorza.

¡Me voy! Que se pasa esto de largo. Muak. ¡Esparcid la palabra!

Read the original on bogavanti.substack.com

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