Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.
Saludos de Carlos Díez y bienvenidos a la subsidiaria de Blue Syndicate Flash Blues. Hoy sacamos del armario una joya de 1960, el álbum Harlem Street Singer, del legendario Brian Gary Davis, editado por el sello Prestig Bluesbill con la referencia 1015. Este disco es pura dinamita espiritual capturada en vinilo. La grabación fue un auténtico atraco. Se despachó en una única sesión de tres horas el 24 de agosto en los míticos estudios de Rudy Van Gelder, esos estudios que últimamente visitamos mucho, en Inglewood Clitch, Nueva Jersey.
Davis grabó 20 temas, casi todos a primera toma, de los cuales 12 llegaron al álbum final. Aquí no hay bandas de acompañamiento, señores. Solo tenemos a Gary, con su voz de predicador curtido y su maestría a la guitarra con solo dos dedos, el pulgar y el índice. Era capaz de hacer que su Jitson SJ200 a la que llamaba Miss Jitson sonara como si hubiera tres personas tocando a la vez. Este tipo era un fuera de serie. Ciego desde muy joven, se convirtió en ministro ordenado en 1933, aunque antes ya era un maestro del estilo fingerpicking de Piedmont.
Antes de que el renacimiento del folk lo pusiera en el mapa, te lo podías encontrar en las calles de Harlem, predicando y tocando gratis. Una anécdota gamberra cuenta que en una ocasión en Yale, un oficial del festival intentó seguirle. El ritmo bebiendo de una botella y el reverendo lo dejó bajo la mesa. El viejo Davis aguantaba el alcohol mejor que los universitarios. Además, cuando alguien intentaba interrumpir su sermón musical para pedir una canción, soltaba guarda tu pistola hasta que termine con mi escopeta.
Antes de pasar a la pista del día, recordaros que en el blog de Blue Syndicate podéis encontrar la escucha de su disco Live in Concert. La entrada viene como reverendo Gary Davis, subida el 28 de abril del 2004. Y ahora sí, la pista del día es Death Don't Have No Mercy. Es el centro emocional del disco. Es una meditación sobre la mortalidad que te hiela la sangre. Elijo este tema porque Davis utiliza aquí un ritmo pausado y una voz angustiada que te arrastra a un espacio de reflexión profunda. Es la esencia pura del blues sagrado, tan crudo y real hoy como hace seis décadas. Subid el volumen y dejad que el espíritu os alcance. ¡Gracias!

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