La mujer nos avisó desde el primer día que llegamos a la casa.
“En verano viene una familia de vacaciones. Tenéis que dejarla libre”.
La necesidad te hace aceptar ciertas cosas que en otras circunstancias no aguantarías.
He bebido agua caliente en el desierto. Si me la sirvieran en un bar como té, con una bolsita de manzanilla, la hubiera devuelto porque quemaba.
Tras las aventuras hace dos años en el Camping de Navarra del que tuvimos que salir por patas, nos encontramos sin un lugar en el que vivir.
Los campings en invierno suelen cerrar, en el norte de España, y si no quieres vivir en el sur, encontrar una casa de alquiler es como bien sabes bastante difícil. Más aún si tu alma nómada no cabe en un pisito.
Es así que llegamos a recalar en esta casa hace dos años y llegamos a aceptar lo de irnos en verano.
El pasado año metimos todas nuestras pertenencias en la autocaravana y en un pequeño C3, y ahora, estamos en la misma tesitura.

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