Breve recordartorio de qué es Experimentando: textos que, por separado, se sostienen por sí mismos pero que, en conjunto y a vista de pájaro, oscilan sobre la evolución de la IDENTIDAD y buscan el PENSAMIENTO CRÍTICO. Lo de que hable tanto de la IA es la consecuencia natural de preguntarme quiénes somos cuando la máquina piensa por nosotros.Esta semana celebramos que podemos trabajar desde la calle con un mensaje de WhatsApp. Pero si la máquina ya no nos necesita frente a la pantalla, ¿cuánto falta para que prescinda de nosotros por completo?
Si has merodeado por internet esta semana seguro que has sentido el temblor… Cuidado, que la revolución es invisible y cabe en una notificación de WhatsApp.
Se llama Moltbot.
O al menos desde el pasado martes, cuando su creador, el austriaco Peter Steinberger, tuvo que renombrar a toda prisa su proyecto original (Clawdbot) tras una sugerencia de los abogados de Anthropic. El nombre es perfecto, porque molt significa mudar (como la piel de una langosta). Y eso es exactamente lo que estamos haciendo esta semana, mudar nuestra piel de operarios digitales.
Este nuevo bicho es un agente autónomo local que vive en tu ordenador, tiene permisos de administrador y “manos” para tocar tu teclado y ratón virtuales. No te voy a explicar cómo instalarlo porque ya hay decenas de vídeos explicándolo, ni de la (in)seguridad que conlleva (pero que es cuestión de tiempo que se solvente).
Quédate con que, una vez está configurado, tú le escribes por Telegram, Whatsapp o Discord como si fuera un amigo (o un empleado) y él ejecuta.
Ejemplos:
Un desarrollador paseando al perro le envía un audio: “Revisa el repositorio, encuentra por qué falló el pago de anoche y despliega el fix”. Y Moltbot lo hace.
Una administrativa tomando un café mientras escribe: “Búscame todas las facturas en PDF de esta semana, pásalas al Excel de gastos y súbelo a la nube”. Hecho.
La tecnología por fin ha eliminado la fricción de la silla y la pantalla.
Pero,
cuando un discurso es demasiado dulce es porque suele ocultar un regusto amargo.
Aquí es donde entra el vértigo. La celebración actual se basa en una premisa peligrosa:
“Ya no necesito estar ahí para que el trabajo se haga”
Hasta ahora, la IA generativa (ChatGPT, Claude, Copilot, Gemini, Grok…) era un copiloto. Tú conducías, la máquina sugería. Pero Moltbot inaugura a nivel masivo la era de la IA Ejecutiva, una inteligencia que toma el volante. Al celebrar que podemos trabajar sin ordenador, con un lenguaje natural e incluso con comandos vagos, estamos admitiendo implícitamente que la ejecución técnica ya es irrelevante para nosotros.
Si Moltbot puede “ver” la pantalla, mover el cursor y razonar sobre errores complejos sin nuestra supervisión visual, el siguiente paso lógico es que deje de preguntarnos. Entonces, ¿qué pasará cuando este agente (o el próximo bicho que esté por venir) detecte el error, lo arregle y optimice el sistema por sí solo? “Ya lo he solucionado. No hace falta que revises nada”.
Es ahí cuando la línea entre delegar y ser reemplazado se vuelve invisible. Si tu valor añadido era operar la máquina, y la máquina se opera sola, tu rol se reduce al de un supervisor. Y la historia de la automatización nos enseña que el supervisor es, a menudo, el siguiente coste a eliminar.
Peter Steinberger no ha inventado la rueda, pero sí ha eliminado la fricción entre la rueda y el asfalto. En sólo una semana, un proyecto individual que ha conectado los LLMs con la capacidad de acción real en nuestros escritorios se ha hecho masivo. Y ahora, la comunidad open source está creando “skills” (habilidades) para este agente a una velocidad que ninguna corporación puede igualar.
Si esto es lo que tenemos en enero, ¿qué nos depara octubre?
No obstante, la cuestión es qué tipo de automatización queremos y cómo distribuimos sus beneficios en la sociedad. Sin un marco institucional y de políticas que acompañe el despliegue de tecnologías como la IA, la automatización tiende a concentrar ventajas en sectores específicos y puede exacerbar desigualdades en lugar de liberar a los trabajadores. Por tanto, el optimismo de trabajar desde cualquier lugar a través de un simple chat oculta una pregunta social más profunda, ¿quién gana y quién pierde realmente cuando las máquinas hacen más y nosotros menos?
Que Moltbot ejecute no implica que decida bien, confundir ejecución con criterio es un error clásico. La ejecución técnica siempre ha sido la parte más fácil de automatizar, pero el valor humano reside en saber qué problema merece ser resuelto. Moltbot puede arreglar un bug, pero no decidir si ese despliegue era prudente un viernes por la tarde o si ese cliente merecía una excepción.
La autonomía total es una ilusión técnica (y legal). En la primera parte del texto asumo que la proactividad total es el siguiente paso lógico; pero entre detectar, ejecutar y autorizar hay una frontera jurídica y organizativa. Un agente que compra vuelos, despliega código o toca finanzas sin validación humana puede ser un problema legal en potencia. ¿Quién responde ante un error? ¿Quién firma? ¿Quién asume el coste? Hablar de la IA como un empleado activo facilita la comprensión, pero induce a pensar en iniciativa o voluntad donde sólo hay diseño y objetivos delegados. Por eso, históricamente, la automatización no elimina al supervisor sino que lo vuelve obligatorio por una cuestión de trazabilidad y responsabilidad. En definitiva, las empresas necesitan culpables claros. Y la IA, de momento, no puede serlo.
Al principio, sugiero que todo empleo digital puede reducirse a enviar órdenes en lenguaje natural y eso es cierto para tareas bien definidas y repetitivas. Pero la gran parte del trabajo real es precisamente todo lo contrario, ambiguo, incompleto e incluso político. Porque muchos trabajos no fallan por mala ejecución, sino por un mal encaje humano. Es normal que haya conflictos entre departamentos por unas expectativas mal alineadas, que se tomen decisiones contradictorias o, incluso en una organización con cierta paz horizontal, que haya cambios de rumbo constantes desde dirección. Ese caos no se resuelve con agentes autónomos porque no es un problema técnico. Y en ese sentido, Moltbot no amenaza a todos por igual. Lo hace sobre todo a los trabajos que ya estaban demasiado bien definidos. Aunque esos ya llevaban tiempo en la cuerda floja.
P.D. No soy muy dada a exponer mi imagen y mi voz en abierto, pero a veces hago excepciones. En este podcast sigo hablando sobre sesgos, el futuro del trabajo y el desafío de seguir siendo auténtico:
Ajay Agrawal et al., Do we want less automation? Science 381,155-158(2023).
DOI: 10.1126/science.adh9429
Entre la divulgación y la desfachatez, aunque por el pensamiento crítico. Me interesa la condición humana y su cotidianidad.
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