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De vuelta a casa. Reflexiones con alma. · Jul 19, 2026

Lo que das de más, te cae encima

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Dar es maravilloso. Aprender a tomar, poner límites y no olvidarte de ti también.

¡Qué presente tengo esta frase!

“Lo que das de más, te cae encima”.

Recuerdo exactamente dónde estaba cuando Marta Ocampo me dijo esas palabras.

Y tenía más razón que un santo.

Sigo haciéndome eco de ellas más veces de las que me gustaría.

¡Ya sabes! Como humana, necesito darme varias veces con la misma piedra para despertar.

Pero no está todo perdido. Eso jamás.

Hace un montón de años, Josetxu asistió a un taller de coaching que facilité durante el verano en Laredo.

Por entonces yo tenía también sede en Bilbao, donde impartíamos nuestra certificación en coaching.

Y como Laredo se llena de bilbaínos en verano, hablé con el Ayuntamiento, que me cedió un espacio para hacer un taller gratuito con el que buscaba dar a conocer el curso que comenzaría en septiembre en Bilbao.

Allí acudió Josetxu, de quien yo no supe nada en aquel momento.

De hecho, no volví a saber de él hasta hace un par de años, cuando me escribió para hacerme unas preguntas relacionadas con una práctica de respiración que facilité en mi Círculo Mindfulness.

Y, de pronto, hace unos días asistió a una Cafetería de Crearte en la que Marta, sí, la de la famosa frase, y yo hablábamos sobre las lealtades invisibles.

Después me escribió para hacerme un comentario sobre un libro.

¿Adónde quiero llegar?, te preguntarás.

Al famoso principio del equilibrio entre el dar y el tomar.

Ese que te recuerda que lo que entregas también genera un movimiento en el otro.

Ese que puede llevarte de un taller gratuito celebrado hace más de diez años…

a unas judías verdes que Josetxu me regaló la semana pasada y que yo tomé encantada.

Sí, he dicho tomé.

Porque, desde una mirada sistémica, no es exactamente lo mismo recibir que tomar.

De hecho, el día de mí boda recibí un regalo que nunca tomé.

Pasó a decorar el trastero de mi casa para acabar desapareciendo años después.

Recibir tiene un sentido pasivo: alguien me da y yo dejo que eso llegue hasta mí.

Tomar supone un movimiento más consciente.

Es abrir las manos. Reconocer el valor de lo que llega. Hacerle un lugar.

Y, muchas veces, permitir que lo recibido nos transforme.

Aunque pueda parecer sencillo, no siempre sabemos hacerlo.

Hay personas que dan, dan y dan, pero cuando alguien trata de ofrecerles algo responden:

No hace falta, no te molestes, no necesito nada, ya me ocupo yo.

Incluso pueden sentirse culpables, en deuda o incómodas cuando alguien las cuida.

Y está mi madre, que cuando le hago un regalo me dice cosas del tipo: “Esta niña es tonta”, “¿A mí para qué me has comprado eso?”, “Eso te habrá costado mucho…”.

El nivel máster de quien ha vivido entregada a dar, a sacar adelante a los demás y a olvidarse de sí misma.

De quien no aprendió a hacerlo de otra manera y con esas palabras trata de cuidarme, de preocuparse por mí y hasta de quererme.

Hoy en día, sé recibir y, además, me encanta.

Sin embargo, durante mucho tiempo, una parte de mí sentía que, para poder recibir, antes tenía que haber dado algo.

Como si tomar gratuitamente el cariño, la atención, el reconocimiento o la ayuda de otra persona fuese demasiado. Como si tuviese que ganármelo.

Con el tiempo he comprendido que mi tema no estaba tanto en el dar.

Dar forma parte de mí.

Mi aprendizaje estaba, y a veces sigue estando, en los límites.

En distinguir entre lo que de verdad quiero ofrecer y lo que doy para sentirme necesaria.

Entre lo que me han pedido y lo que me adelanto a resolver.

Entre la generosidad y el sobreesfuerzo.

Entre acompañar a alguien y cargar con lo que le corresponde.

Porque a veces damos para que nos quieran, para evitar un conflicto, no decepcionar, que nadie se enfade o para sentir que somos valiosos.

O porque nos cuesta sostener que el otro tenga una dificultad y queremos solucionársela cuanto antes para quitarnos la incomodidad de encima. ¡La nuestra!

Esto último ha sido muy mío.

Y ahí es cuando lo que damos de más acaba cayéndonos encima.

En forma de cansancio, de resentimiento, de esa frase que suena de fondo: “Con todo lo que hago por los demás…”.

Nos cae encima cuando sentimos que el otro no valora suficientemente lo que hicimos, cuando esperamos una reciprocidad que no hemos expresado.

O cuando convertimos nuestra disponibilidad en una obligación para nosotras y para quienes nos rodean.

El equilibrio entre el dar y el tomar no consiste en llevar una cuenta exacta.

No es: “Yo te he dado tres, ahora tú tienes que darme otros tres”.

Las relaciones no son una hoja excel.

El equilibrio tiene más que ver con que ambas personas puedan dar y tomar conservando su dignidad, su responsabilidad y su lugar.

A veces una persona da más porque la otra está atravesando un momento difícil.

Mañana quizá sea al revés.

El problema aparece cuando el desequilibrio se instala, se normaliza y termina convirtiéndose en la única manera posible de relacionarnos.

Una persona da, sostiene, organiza, escucha, cuida y resuelve.

La otra se acostumbra a recibir.

Y, paradójicamente, quien da demasiado puede terminar debilitando al otro, porque no le deja experimentar su propia capacidad para responsabilizarse, responder o devolver.

Dar de más no siempre ayuda más. A veces ayuda menos.


Y hay otro ingrediente que para mí es esencial:

No das lo que no te das.

A veces ofrecemos nuestro tiempo mientras vivimos sin tiempo para nosotras.

Cuidamos de los demás mientras nos desatendemos.

Escuchamos con paciencia los problemas de otros y nos tratamos con dureza cuando metemos la pata.

Animamos a otros a perseguir sus sueños mientras posponemos los nuestros.

Pero llega un momento en el que ese dar empieza a tocarnos las narices.

Como esa botella que va vaciándose de agua y cuando llega tu turno no queda nada.

Porque solo puedes ofrecer de una manera verdaderamente libre aquello que también te das a ti.


Por eso te dejo algunas preguntas de reflexión para esta semana que empieza:

¿Qué estás dando que nadie te ha pedido?

¿Dónde estás asumiendo una responsabilidad que corresponde a otra persona?

¿Qué esperas recibir a cambio, aunque nunca lo hayas dicho?

¿Qué te cuesta tomar cuando alguien te lo ofrece?

¿Qué necesitas empezar a darte para poder ofrecerlo sin agotarte?

Y una última pregunta que a mí me sirve mucho:

Si no necesitases ganarte el amor, la aprobación o el reconocimiento de nadie, ¿seguirías dando esto de la misma manera?

No se trata de dejar de ser generosos. Ni de llevar la cuenta de lo que das y lo que tomas.

Se trata de que tu sí sea un sí auténtico. De que cuando des, des porque de verdad quieres.

Y de que cuando algo llegue a ti, sepas abrir las manos, agradecerlo y tomarlo.

Como yo hice la semana pasada con las judías verdes.

Algo que quiero darte… y ojalá tú decidas tomar

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Y al escribir esto he pensado que también esta propuesta forma parte del equilibrio entre el dar y el tomar.

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Yo te hago esta propuesta.

Tú decides si quieres tomarla.

Y tanto si lo haces como si no, gracias por seguir aquí, por leerme, por responder, por compartir y por formar parte de este espacio.

Porque esta newsletter tampoco existiría sin el hermoso movimiento que se produce entre lo que yo doy…

y todo lo que recibo de vuelta.

Un abrazo consciente,

Beatriz

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