Mi propio caso: he notado que si pido un Uber en la Ciudad de México con mi tarjeta Santander (local), el precio es X. Pero si cambio el método de pago a mi tarjeta de Canadá, el precio del mismo viaje es consistentemente menor.
Este fenómeno basado en muchos procesos de datos determina un precio distinto para casi todo lo que está a la venta, ya sea un insumo, bien o servicio. Y es demasiado injusto a mi parecer, (auqnue sea completamente legal en E.U. por ejemplo)
Los capitalistas se aprovechan, los dueños de los sitios de compras de retail, alimenticios, etc, te ponen un precio que ellos calculan estas dispuesto a pagar. Ahora, tu amigo o tu vecino que vive en otra zona pueda ser que haya comprado a un precio mas justo. O simplemente le alcance para algunas otras cosas mas que a ti. Quiza.
No es tu imaginación. Es una estrategia deliberada.
Bienvenidos al mundo de la discriminación algorítmica de precios. Es la práctica de mostrar precios diferentes a diferentes personas por el mismo producto o servicio, basándose en la enorme cantidad de datos que tienen sobre ti.
El precio que ves ya no es un precio fijo; es una estimación de lo que un algoritmo cree que estás dispuesto a pagar. Y aquí te explico cómo lo hacen.
El primer factor es simple: Precios Dinámicos por Ubicación.
Yo vivo en una colonia popular en la Ciudad de México, pero estoy peligrosamente cerca de zonas de muy alto poder adquisitivo como Santa Fe y el Club de Golf Bosques.
El algoritmo de Uber o Didi no sabe (ni le importa) que yo vivo en la colonia A. Solo ve que mi pin de GPS está a pocos metros de la zona B, una de las más caras del país. Automáticamente, asume que mi “disposición a pagar” es alta y me asigna una tarifa base más elevada. Es un “impuesto por ubicación” o, mejor dicho, un “impuesto por proximidad a la riqueza”.
Pero esto es solo el comienzo. Donde la estrategia se vuelve personal es en el perfilado.
Las empresas construyen un perfil detallado sobre ti para estimar con precisión cuánto pueden exprimirte. Usan estos datos:
Tu Dirección IP (Tu Código Postal Digital): Tu IP revela tu ubicación. Si navegas desde una zona con un código postal de ingresos altos, muchos sitios de e-commerce (especialmente de viajes) te mostrarán precios más altos que a alguien que navega desde una zona de ingresos medios.
Tu Historial de Navegación (Tu “CV” de Comprador): Las cookies y tu cuenta de usuario rastrean todo. ¿Miras el mismo vuelo todos los días? El precio subirá para crear urgencia. ¿Solo compras marcas de lujo? El algoritmo te ocultará los descuentos básicos. ¿Eres un cliente leal que siempre usa la misma app? Felicidades, acabas de ser marcado como “cautivo” y te mostrarán precios más altos porque saben que no compararás.
Tu Dispositivo (El “Impuesto Apple”): Es un clásico. Un famoso estudio reveló que la plataforma de viajes Orbitz mostraba habitaciones de hotel más caras a los usuarios que navegaban desde una Mac o un iPhone, asumiendo que tenían mayor poder adquisitivo que un usuario de PC o Android.
Aquí es donde mi ejemplo de Santander vs. RBC entra en juego. Esto se llama Discriminación Algorítmico por Perfil (y Tarjeta).
Cuando intento pagar un Uber, la app ve mis dos tarjetas y el algoritmo piensa así:
Tarjeta Santander (México): “Este es un cliente local. Conocemos sus rutas, su frecuencia, su banco. Es un cliente ‘cautivo’ que depende de nosotros para moverse. Ya lo tenemos. Cóbrenle la tarifa estándar alta.”
Tarjeta RBC (Quebec): “¡Alerta! Este es un método de pago extranjero. Podría ser un turista o un usuario nuevo. No tenemos un perfil de lealtad con esta tarjeta. Necesitamos ‘engancharlo’. Ofrécele una tarifa más competitiva para que nos prefiera sobre Didi o el taxi local.”
El resultado es que la tarjeta extranjera me da un precio más bajo. Es un “impuesto a la lealtad” para mi tarjeta local.
Esto también ocurre de forma más sutil con el Número de Identificación Bancaria (BIN), los primeros 6-8 dígitos de tu tarjeta. Estos números le dicen al vendedor el país emisor, el banco, si es débito o crédito, y el “nivel” de la tarjeta (Clásica, Oro, Platino, etc.).
Aunque es menos común que te suban el precio base por tener una tarjeta Platino, es muy común que las tiendas te agreguen “tarifas de procesamiento” o “conversiones de moneda” dinámicas si detectan que tu tarjeta es de otro país, inflando el precio final al momento de pagar.
Aquí es donde todo se vuelve turbio.
En Estados Unidos: Generalmente, sí. La discriminación de precios para consumidores no es ilegal, siempre y cuando no se base en una clase protegida (raza, género, religión). Basar el precio en tu “disposición a pagar” (inferida de tus datos) es visto como una simple táctica de mercado.
En la Unión Europea: Es mucho más complicado para las empresas. El GDPR (Reglamento General de Protección de Datos) es muy estricto. Requiere que las empresas obtengan tu consentimiento explícito para usuar tus datos personales en “decisiones automatizadas”, lo cual incluye el perfilado para precios. Escondelo en los Términos y Condiciones no es suficiente.
En México y Latinoamérica: Seguimos en un área gris legal, más parecida al modelo de EE.UU. No hay regulaciones específicas fuertes que prohíban esta práctica de forma explícita, dejando al consumidor en desventaja.
Si el precio no es fijo, sino una negociación contra un algoritmo que te espía, entonces tienes que negociar de vuelta. Aquí tienes una lista de tips prácticos:
El Tip de Oro (Mi Caso): Usa Diferentes Métodos de Pago. Si tienes acceso a tarjetas de diferentes bancos o de diferentes países (como una tarjeta virtual de un banco de EE.UU. o, en mi caso, Canadá), pruébalas. Puedes descubrir, como yo, que una te da sistemáticamente mejores precios.
El Truco de “Caminar unas Cuadras” (Gestión de Ubicación). Este es clave en Uber/Didi. Nunca pidas el viaje desde la “zona caliente”. Mueve tu pin de partida unas cuantas cuadras hacia una avenida principal o fuera de la zona residencial cara (como Santa Fe). Un paseo de 5 minutos puede ahorrarte un 20% del costo del viaje.
Compara Todas las Plataformas. Este es el error del “cliente cautivo”. Antes de pedir un Uber, abre Didi y Cabify. Cotiza el mismo viaje. Es increíblemente común que una de las tres sea significativamente más barata. Elige al ganador y rompe tu perfil de lealtad.
Usa Billeteras Digitales (PayPal, Apple/Google Pay). Paga a través de un intermediario. Esto añade una capa de abstracción. En lugar de que la app vea tu BIN de Santander Platino, solo ve “PayPal”. Esto puede ayudar a “resetear” tu perfil de precios.
Activa una VPN. Si vas a comprar boletos de avión o reservar hoteles, una VPN (Red Privada Virtual) es tu mejor arma. Te permite “fingir” que estás navegando desde otro país. Es famoso el truco de comprar vuelos conectándote desde un servidor en un país con menor poder adquisitivo para obtener tarifas mucho más bajas.
Navega Siempre en Modo Incógnito. Para compras en línea, siempre abre una ventana de incógnito y borra tus cookies. Esto evita que los sitios web vean tu historial de navegación y te suban los precios basándose en tus visitas anteriores.
El precio ya no es lo que es; es lo que el algoritmo decide que tú puedes pagar. La próxima vez que veas un precio en línea, desconfía. Pregúntate: ¿es este el precio real, o es el precio que esta app cree que estoy dispuesto a pagar?
Y entonces, empieza a usar estos trucos. Feliz cacería.
¿Has notado este fenómeno? Deja un comentario con tus propias historias de discriminación de precios.
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