Durante años dije que quería estar tranquila, que quería ser querida, que merecía amor.
Casi como una reivindicación. Algo que, a pesar de que cada vez parezca más difícil, crees que puedes conseguir. Como quien pide un piso con luz natural, sanidad pública, un salario decente, o una vida que no duela demasiado.
Quería amor. Quería que alguien se quedara. Quería que me quisieran sin tener que convencer a nadie de que yo también merecía ser querida.
Pero ahora que algunas de esas cosas aparecen, no sé qué hacer con ellas. Busco una trampa, busco ese secreto, esa mentira que me acabará matando. Esta vez sí.
Digo que quiero que me vean, pero cuando alguien mira demasiado cerca, me escondo. ¿Por qué alguien se quedaría cuando no tengo nada ingenioso que decir, cuando estoy cansada, cuando estoy insoportable, cuando no sé explicar lo que me pasa? Y, aun así, no quiero que te vayas.
Y sé que no debería tener que enseñarle a nadie cómo quererme. Sé que no debería traducirme entera, hacer un mapa de todas las cosas que me asustan para que nadie se pierda intentando acercarse, porque quizás la X no marca un tesoro, quizás solo estás cavando tu propia tumba.
No debería deberle a nadie el trabajo de enseñarle a quererme. Porque quererme no tendría que sentirse como un manual de instrucciones escrito desde la herida. No tendría que ser mi responsabilidad convertir mis traumas en algo cómodo de sostener para otra persona.
Pero nadie me debe ese conocimiento tampoco. Nadie nace sabiendo dónde tocarme sin hacer daño. Quiero que alguien se quede, pero me enfada tener que explicarle cómo. Quiero que sepan qué hacer conmigo, aunque yo misma a veces no lo sepa.
Y quizá eso también sea injusto. Esperar que alguien llegue y cure una herida cuyo idioma no conoce.
Quizás es mentira, quizás no quiero estar tranquila. Quizás no quiero ser querida, quizás no merezca amor.
Quizás no quería que me vieran. Quizás quería que alguien imaginara una versión de mí y se enamorara de ella. Esa versión más fácil, más dulce, menos contradictoria. Esa versión que sabe pedir y recibir. Esa versión que carece de inseguridad alguna.
Pero me controlo. Controlo todo, lo intento. Si estoy esperando la desgracia, si la imagino antes de tiempo, si la ensayo en mi cabeza, quizá cuando llegue no me encuentre desprevenida. Quizás duela menos. Quizás pueda decir que ya lo sabía. Aunque sé que, aunque lo supiese, me quedaría.
Quizás la calma me incomoda porque no sé quién soy cuando no estoy intentando sobrevivir. Porque cuando ya no estoy ocupada intentando que me quieran, no hay excusa, no hay versión que fingir. ¿Y si me quieren y aun así no sé dejarme querer?
Qué pasaría si no buscase respuestas a todo, si pudiese respirar hondo y saber dónde están mis límites. Qué pasaría si me creyese que me merezco que alguien sepa amarme. Sin instrucciones.
Durante años dije que quería estar tranquila, ser querida, ser feliz. Pero me mantengo siempre un poco fuera, un poco en guardia, un poco preparada para recoger los restos de algo que todavía ni siquiera se ha roto.
Thanks for reading Archivo Digital Femenino! Subscribe for free to receive new posts and support my work.

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.