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antonella en cdmx · Feb 17, 2025

A veces, para escribir mejor tienes que ver "Y tu mamá también"

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Antonella Parolini Arroyo · antonella en cdmx

Llevo unas cuantas semanas en lo que comúnmente se conoce como un bloqueo creativo. Aunque podríamos argumentar el uso de la palabra bloqueo, lo que yo sé es que cuando me siento a escribir, me invade un sentimiento de ansiedad que hace que mis dedos se paralicen. Empiezo a sobre pensar la calidad de lo que escribo, cómo lo leerán las personas que me tienen que dar feedback y termino por sacar un párrafo con la misma dificultad que cagar en vacaciones.

Ayer vi “Y tu mamá también” por primera vez. Como soy acuario, yo no veo las cosas cuando salen en el cine, sino cuando siento que llegan a mí por un razón más grande: esa es mi forma de justificar que soy una guionista mexicana que nunca había visto “Y tu mamá también”. La realidad es que crecí consumiendo contenido gringo. En mi casa no estaban permitidas las telenovelas y como estudié en una escuela bilingüe, se me incrustó la idea de nunca ver las películas dobladas para aprender el lenguaje. Esto resultó en un excelente manejo del inglés y una completa desconexión con la cultura popular mexicana.

Hemos popularizado el término “síndrome del impostor”, y aunque creo que es un fenómeno que nos sucede a muchxs, también creo que es demasiado simplista. El sentirse “impostor” no viene siempre por una falta de habilidad, a veces sucede por una falta de conocimiento, inspiración, o conexión con el contenido que estás creando. Mi síndrome del impostor nace de haber sido una morra que hablaba mejor inglés que español hasta los quince años, quien ahora decide escribir en español.

Creo que la mayoría de lxs guionistas en México venimos de un contexto privilegiado, lo que se refleja en la creación de personajes racializados que a menudo parecen caricaturas, en la escritura de problemáticas que no generan empatía y en la producción de contenido que parece pensado más para el propio gremio que para el público en general. Esta desconexión también podría explicar por qué muchos de los contenidos creados en los últimos años buscan replicar fórmulas establecidas por Hollywood.

La fórmula Hollywood consiste de arcos de personaje en extremo claros, aventuras heroicas, claras diferencias entre buenos y malos, y personajes que caen en arquetipos. El tema aquí es que funciona. Lo que hace Hollywood es construir contenidos que son en extremo digeribles. Funciona tan bien que Hollywood se convirtió en el referente mundial del cine, consolidando una industria multimillonaria que dicta las tendencias del mercado global. Esto, evidentemente, no es toda la verdad. Bollywood tiene un mercado interno que compite cómodamente con el de Estados Unidos, Europa tiene sus propios festivales que tienen incluso más prestigio que ganar un Oscar. No sé si es nuestro estado de fronterizidad (palabra que me acabo de inventar) o mi propia conexión con Estados Unidos que me hace siempre regresar a Hollywood como referente de forma inconsciente.

Ahora me voy a contradecir a mi misma. Mi propio proceso de escritura me ha llevado a entender que la formula Hollywood no funciona. Funciona en Estados Unidos, pero no aquí. Es demasiado obvio cuando una película o serie mexicana intenta imitar el ritmo de una película estadounidense. Se siente acartonada y falsa. Un contenido vacío de sutilezas no funciona en un contexto latinoamericano, ya que se siente como una puesta en escena.

Veinticinco años después, “Y tu mamá también” tiene cola que le pise. Hoy en día, escribir acerca de dos niños de diecisiete años que cogen con una mujer de veintiocho cuya única personalidad es estar triste por su esposo infiel o estar insaciablemente cachonda por dos morros sería algo fácil de descartar.

Aunque el personaje femenino definitivamente me hace ruido, no voy a juzgar un contenido con la moral que tenemos hoy en día, voy a detenerme a entender por qué fue tan importante en su momento. Podría hablar de la representación explícita del sexo, que obviamente fue un escándalo para una película nominada al Oscar, pero eso sería irse por lo fácil. Yo creo que lo increíble de esta película es que no siguió la fórmula. Se dejó ser chilanga sin remordimientos.

Los contenidos latinoamericanos que realmente se sienten auténticos no lo logran a través de referencias a la cultura popular, a diferencia de lo que piensan los contenidos chicanos en Netflix (mi abuelita, Día de Muertos, Selena!). Lo que los hace genuinos es su capacidad de plasmar en escena una forma de ser propia de Latinoamérica. Es una forma de actuar que no siempre tiene una razón de ser lógica o es defendible ante la moral. Los personajes no responden fácilmente a arquetipos o etiquetas, sino que se muestran a través de formas menos punzantes de actuar.

Después de ver esta película me preguntaba “¿Por qué los diálogos que escribo se pueden sentir tan forzados, como si estuviera haciendo un doblaje al español, cuando existen películas como esta que lo muestran con tanta naturalidad?” Evidentemente, la respuesta es que me falta ver más cine mexicano.

Yo he pecado de descartar el contenido hecho en México como pendejo, ñañaroso, frívolo, y todos los demás adjetivos usados para decir que algo es malo. Incluso cuando empecé a escribir guion, lo hice bajo una promesa de hacer el contenido que a mí me gustaba, considerando que no se estaba haciendo en México. Entre más contenido veo, más me trago mis palabras.

El tema no es que no haya contenido bueno, sino que quienes lo criticamos, tenemos que aprender a verlo. Siempre y cuando estemos buscando la fórmula Hollywood en cada película o serie que veamos, vamos a salir decepcionadxs. Hollywood te dice: Este te tiene que caer bien, este no, este es el final feliz, este es el problema. El contenido latinoamericano exige que te sientas cómodo con la incomodidad, porque no se va a tomar el tiempo de diseccionar en guión lo que tú puedes entender con pensamiento crítico. No te pendejea, te mete en situaciones moralmente dudosas con personajes difíciles para que tú decidas lo que piensas de elles. En las películas de LATAM, pocas veces hay final feliz, ni un problema heroico que deben superar los personajes. Es más una evidencia de vida, un testimonio de la existencia.

“Y tu mamá también” me sacó de mi bloqueo creativo porque me mostró que estaba intentando imitar la fórmula de Hollywood al escribir sobre una vivencia que nada tiene que ver con Estados Unidos. Me recordó la desconexión que aún siento con mi cultura, pero también me reconectó con ella cuando vi algo que refleja más mi realidad que cualquier película gringa. Me hizo darme cuenta de cómo lo gringo se me sigue metiendo por los poros.

Consumir contenido mexicano y aprender a entenderlo es una forma de resistencia ante el imperialismo. Porque el imperialismo no solo es económico o político, también es cultural. Si los gringos dictan lo que vemos, y por ende lo que escribimos, forman nuestra cultura popular. Usar como referencia nuestras vivencias, nuestro lenguaje, nuestra cultura, y nuestros contenidos, es la forma de preservar nuestra visión del mundo.

Y bueno, obviamente hay películas mexicanas malas. Sostengo que estas son en las que se intenta replicar una formula de algo ajeno a nuestra cultura. Y también, no todo el cine mexicano tiene que ser bueno para que lo consumamos. Ahí tienes a Adam Sandler haciendo cien películas sobre como una chichona de vientiún años se enamora de él y no por eso descartamos el cine gringo.

Para quienes lean esto y piensen “Obviamente Antonella, yo me había dado cuenta de esto hace mucho”, lxs felicito. No estoy por encima de reconocer mis deficiencias. Lo dejo aquí escrito para no hacerme la que siempre pensó así.

Read the original on antoparolini.substack.com

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